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Domingo 7 de mayo de 2006
“Nosotras, presas políticas”: coraje contra el horror
Un libro recopila cartas, dibujos y textos recientes de 112 presas políticas en la última dictadura. La estrategia de unión y resistencia en lo cotidiano.

Rosana Rins
Agencia Neuquén

Corría el año 1974, la Argentina comenzaba a palpitar la decadencia del gobierno de María Estela Martínez de Perón y se avizoraba un hecho que abrió una de las épocas más negras y dolorosas de la historia del país: el golpe militar de 1976. Las cárceles argentinas comenzaban a colmarse de presos políticos, hombres y mujeres militantes políticos o religiosos, estudiantes secundarios y universitarios, profesionales, artistas, campesinas, docentes, amas de casa...
A las cárceles llegaban encapuchados y sin saber cual sería su destino final. La prisión de Villa Devoto de Buenos Aires recibió en aquel entonces alrededor de 1.200 mujeres detenidas, provenientes de Capital Federal, provincias del interior y de países limítrofes. Sus edades iban desde los 14 hasta los 70 años y, en promedio, permanecieron detenidas siete años.
Esas 1.200 mujeres que coincidieron en Villa Devoto, tenían historias, vidas y pensamientos diferentes, pero que sobre todo coincidieron en algo fundamental: la resistencia a ese régimen de opresión que las sometía a condiciones infrahumanas, que les arrebató la libertad, pero no la fuerza y capacidad para ser libres. Muchas de ellas murieron en manos de sus opresores, otras continúan hoy desaparecidas y algunas lograron salir en “libertad” para reencontrarse con una vida que, después de tanto tiempo, había dejado de ser la propia y urgía recuperar.
Treinta años después, 112 mujeres de aquellas presas políticas de Villa Devoto se reencontraron, se reconocieron y encararon un proyecto en común para mantener viva la memoria, para rescatar un pasado de “orgulloso dolor”, que les enseñó a ser fuertes, a resistir, a sobrevivir. Publicaron el libro “Nosotras: presas políticas”, 481 páginas de cartas, dibujos de la época y textos recientes
Irene Bucco, Elida Cifuentes, Gladis Sepúlveda, Susana Aragón, Alicia Luna y Nora Maggi, son algunas de las mujeres que forman parte del “nosotras” y dialogaron con “Río Negro” sobre la experiencia de “volver a la cárcel” para no olvidar. Ellas nacieron entre 1945 y 1955 y el golpe militar las reunió en la cárcel.
Allí se conocieron, se miraron a los ojos y se dijeron “de acá salimos todas o ninguna” y a partir de esas palabras encararon una férrea resistencia contra el sistema, crearon formas de organización para sobrevivir y mantuvieron firmemente sus convicciones políticas.
“Teníamos una posición política y hacíamos una lectura política de lo que estaba sucediendo. Analizábamos que había una política de aniquilamiento por parte de los militares a la cual debíamos oponer resistencia. A partir de eso se fueron generando distintas acciones aun en los momentos más duros, donde estaba absolutamente todo prohibido”, comentó Nora Maggi. Y esa resistencia tenía que ver con pequeñas y grandes cosas. Pequeñas cosas como lamerse las palmas de la mano para recuperar las sales perdidas cuando el agua se les negaba, hasta el universo de lo colectivo.
“Si peleábamos, soñábamos y estábamos dispuestas a ofrecer nuestra vida por un país para todos aun en condiciones muy terribles, era la posibilidad de alcanzar una construcción colectiva que tuvo que ver con una vida de contención, afecto y cuidado entre nosotras”, agregó Susana Aragón.
Las mujeres de Devoto, como todas las presas políticas alojadas en el resto de los penales del país, entraron sin saber que suerte correrían o si seguirían vivas al día siguiente. Frente a esa política de anulación del sujeto como personas mediante todo tipo de prohibiciones, estas mujeres buscaron hasta en el mínimo acto mantener la reafirmación de la individualidad.
Fueron implementando acciones de oposición a lo que estaba prohibido, “porque sabíamos que cada vez que resistíamos nos fortalecíamos y todo estaba pensado en función de resguardar nuestra mentalidad como seres pensantes y políticos”, detalló Elida Cifuentes.
El libro ofrece una recorrida por los pabellones de la planta 6 de Devoto, donde el lector se entremezcla con el llanto de niños nacidos en cautiverio, con canciones revolucionarias entonadas en voz baja para mantener la fe, con improvisadas “ingenieras” que con cucharas y trozos de madera de las camas armaban calentadores para hervir el agua, con el grito de las celadoras en medio de una requisa. Las páginas muestran las atrocidades, contadas desde un dolor madurado, desde un pasado negro aceptado e incorporado a la vida cotidiana. “Volver a revivir aquellos años a través de estas páginas es conmovedor y muy fortalecedor. Volver a atrás y ver todo lo que fuimos capaces de construir y que nos permite hoy estar insertas en la sociedad sin haber claudicado, es volver a sentirse fuerte, sólida en sus convicciones. Y todo eso gracias a que pudimos construir un nosotras, porque la resistencia no hubiera sido posible o no hubiéramos salido en condiciones de seguir caminando si no hubiera sido por el nosotras”, confesó Nora a modo de agradecimiento colectivo.

Conmover y enseñar

“Nosotras: presas políticas”, de Editorial Nuestra América fue escrito por 112 mujeres, todas ellas presas políticas durante la dictadura militar, bajo la coordinación de Viviana Beguán. El próximo 29 de mayo a las 18, se presentará oficialmente en sociedad en el Aula Magna “Salvador Allende” de la Universidad Nacional el Comahue.
El libro comprende cartas, documentos, poemas, dibujos y textos que fueron escritos por las presas políticas de Villa Devoto entre 1974 y 1983, a los que se agregan testimonios que fueron escritos recientemente a modo de recuerdo.
Son 481 páginas de alto contenido conmovedor, estremecedor y aleccionador. Es el espejo a través del cual se puede apreciar el valor de estas mujeres que no se dejaron doblegar, que encontraron en medio del dolor la fuerza necesaria para seguir caminando, dentro y fuera del penal.
“La fuerza moral de ‘Nosotras’ nos descubre hacia el final un efecto vulnerable, pero también su cura. Cuando se afloja el régimen opresor después de Malvinas, se aflojan también algunas resistencias y algunas compañeras muy golpeadas por los años de encierro se enferman. Del cuerpo, pero también de la mente. Tienen miedo de que la nueva realidad sea mentira. El amor de todas ‘nosotras’ las contiene. He allí el inicio de la cura”, escribió en su prólogo Inés Izaguirre, socióloga y miembro directivo de la APDH.
“Está narrado por mujeres que vivieron ese decenio de la historia argentina, en el cual los sueños elevaban el mar hasta fundirse con el cielo, pero donde la marea enemiga se encargó de derrumbar el proyecto de vida colocándole rejas y muerte. Pero ellas encontrándose prisioneras en los claustros del horror sentían y sienten aquello de ‘El viejo y el mar’, que en medio de la desolación y la batalla desgarradora reflexiona diciendo: ‘Pero el hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido pero no derrotado’”, sintetizó Marcelo Cafiso en su nota editorial.

 
 
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