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Domingo 12 de febrero de 2006
“¿Quiere semen?...Venga”
“Jens” , un rubio de aire vikingo, entra al laboratorio. Luego, se encierra en una pequeña sala y bajo el estimulo de pornografía, se masturba. Pone su semen en un depósito que quizá termine en EE. UU.. “Jens” cobra y se marcha.

TOMAS BORCHERT
DPA

Dependiendo del estado de su cuenta bancaria, “Jens”, un hombre que no quiere ni puede revelar su nombre verdadero, pasa una o dos veces por semana por el mayor banco de esperma del mundo en la ciudad danesa de Arhus para reponer existencias.
Este estudiante de Pedagogía de 25 años, con un pelo rubio ya algo ralo, recibe en silencio en la recepción de la sede central de “Cryos International Spermbank Ltd.”, de 250 metros cuadrados, un recipiente de plástico y se encierra en una pequeña sala que cuenta con una televisión en la que puede ver videos y revistas pornográficos.
Algunos minutos después, entrega el recipiente lleno, se sube a su bicicleta y se regocija por la recompensa en dinero que le será transferida.
“Jens” se ríe cuando le preguntan si se reconoce en los avisos publicitarios de Cryos para los clientes en Estados Unidos. En los anuncios se habla mucho de “vikingos” rubios, de ojos azules, con una robusta constitución física, éxito académico y buen carácter.
Los estadounidenses son tentados por las características genéticas que pueden adquirir: “Arnt” es un hombre joven muy elegante. Tiene una cara muy bonita y proporcionada, con ojos bellísimos y una nariz esbelta. Cuando conversa, da una buena impresión y aparentemente, tiene muy buen humor. Está próximo a finalizar sus estudios en la carrera de Derecho.
En cambio, “Dane”, goza aparentemente de otras cualidades genéticas. “Nuestras empleadas en el laboratorio dicen que lo elegirían si tuvieran que decidirse algunas vez por uno de los donantes” de esperma.
En Europa en general, la preparación de muestras de esperma para las técnicas de fertilización asistida está sometida a estrictos controles médicos.
Del otro lado del Atlántico, en cambio, parejas hetero u homosexuales, así como mujeres solas, pueden elegir libremente. Este interés en donantes de semen con genes “nórdicos” y la buena disposición a donar por parte de jóvenes daneses, hicieron a Cyros, con sus 210 donantes, el mayor banco de semen del mundo.
“Y eso que durante el laborioso proceso de selección admitimos sólo un 15 por ciento de los candidatos a donantes”, informó el fundador de la empresa Ole Schou. Que él manifieste esto así, tiene su motivo: “En Estados Unidos, las personas sin hijos no se sienten pacientes, sino clientes con altas exigencias”.
Para cumplir el deseo de los clientes, el banco de semen obliga a cada donante a completar extensos cuestionarios.
Los jóvenes hombres deben dar datos sobre su origen étnico, profesión, color de ojos, características del cabello, alergias, frecuencia cardíaca, tono de la piel, defectos genéticos, calificaciones en la universidad, objetivos laborales, servicio militar, hobbys, pareja o esposa, actividades deportivas, religión, así como el color, comida, automóvil, animal doméstico preferidos, entre otros muchos ítems.
También, se consulta sobre la capacidad musical de los padres, así como sobre los conocimientos de idiomas y su formación profesional.
Al final, hay una respuesta manuscrita a la pregunta sobre la motivación para donar esperma. “Lo más importante para mí es la idea de ayudar a una familia”, dice un cuestionario ficticio, que se puede ver en la página de internet de Cryos (www.scandinaviancryobank.com).
Quienquiera elegir las características genéticas que supone óptimas para su descendencia a partir de los verdaderos 210 cuestionarios de los donantes, debe pagar 25 dólares para tener acceso durante seis meses al banco de datos. Por otros 20 dólares, se recibe una fotografía del donante en cuestión cuando era bebé.
Por 75.000 dólares, una clienta puede comprar los derechos exclusivos en todo el mundo sobre el esperma de un determinado danés.
A quien no le importe que en otras partes del mundo nazcan medios hermanos o hermanas biólogicas de su progenie, debe transferir de Estados Unidos a Dinamarca 75 dólares por el tubo con esperma. Esto es tres a cuatro veces más que en el país de origen.
“Antes estaba en contra de esta forma de higiene racial positiva. Entretanto, considero que está bien si algunas personas quieren fomentar ciertos rasgos”, dice un jefe de la empresa Schou. Se trata de “eugenesia positiva”, acota. Pero el sistema danés es muy “dictatorial”, según Schou. En Dinamarca, cuando hay parejas que no pueden tener hijos, sólo el médico que los atiende puede contactarse con el banco de esperma y a la hora de elegir el donante, sólo puede considerar color de piel, ojos y cabello así como talla y peso teniendo en cuenta la “similitud familiar y étnica” de la pareja receptora. “En realidad, esperaba que Europa evolucionara en dirección a Estados Unidos. Pero esto no es así”, se lamentó Schou.
Pero Schou también tiene otra preocupación.“Si yo como donante no continúo, siendo totalmente anónimo, no vengo más. Eso queda totalmente claro”, dijo “Jens”. No quiere correr el riesgo de que en algún momento se presente ante la puerta de su casa un joven extraño que busca a su padre biológico.
Aun si los daneses siguen la tendencia europea y levantan el anonimato del donante, no sería el fin, según Schou. “Entonces, tendríamos que hacer nuestra producción en el exterior”, dijo. Pero eso no suena optimista. Va a ser difícil conseguir donantes con otro trasfondo étnico y cultural que cumplan con sus pretensiones.
“Jens” lo entendió. Relata que la empresa aplica ahora un sistema que evalúa diversas características de calidad del esperma, y hace que de este análisis dependa el monto de la retribución por cada donación. Antes, simplemente se recibían 500 coronas (unos 80 euros o 96 dólares) por donación. Luego, el precio cayó a 125 coronas y volvió a subir a casi el doble, pero el cálculo de la retribución es bien complicado y variable.
Cuántos niños nacieron a partir de sus donaciones de esperma es algo que “Jens” ignora. En el banco de datos de Schou figura un record de 101 paternidades biológicas de un donante. Pero a “Jens” le interesan otras cifras. El calcula en promedio, con una transferencia de unos 550 euros (660 dólares) por trimestre. Esto, para un estudiante, es un considerable sobresueldo. “Jens” admite que va un poco lento con sus estudios universitarios y no tiene en vista la fecha exacta de su graduación. Ante esta declaración, uno quisiera leer lo que la clientela en EE. UU. lee sobre este tema en el cuestionario, cuando busca supergenes para su descendencia.

 
 
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