TOMAS BORCHERT
DPA
Dependiendo del estado de su cuenta bancaria, “Jens”,
un hombre que no quiere ni puede revelar su nombre verdadero,
pasa una o dos veces por semana por el mayor banco de esperma
del mundo en la ciudad danesa de Arhus para reponer existencias.
Este estudiante de Pedagogía de 25 años, con
un pelo rubio ya algo ralo, recibe en silencio en la recepción
de la sede central de “Cryos International Spermbank
Ltd.”, de 250 metros cuadrados, un recipiente de plástico
y se encierra en una pequeña sala que cuenta con una
televisión en la que puede ver videos y revistas pornográficos.
Algunos minutos después, entrega el recipiente lleno,
se sube a su bicicleta y se regocija por la recompensa en
dinero que le será transferida.
“Jens” se ríe cuando le preguntan si se
reconoce en los avisos publicitarios de Cryos para los clientes
en Estados Unidos. En los anuncios se habla mucho de “vikingos”
rubios, de ojos azules, con una robusta constitución
física, éxito académico y buen carácter.
Los estadounidenses son tentados por las características
genéticas que pueden adquirir: “Arnt” es
un hombre joven muy elegante. Tiene una cara muy bonita y
proporcionada, con ojos bellísimos y una nariz esbelta.
Cuando conversa, da una buena impresión y aparentemente,
tiene muy buen humor. Está próximo a finalizar
sus estudios en la carrera de Derecho.
En cambio, “Dane”, goza aparentemente de otras
cualidades genéticas. “Nuestras empleadas en
el laboratorio dicen que lo elegirían si tuvieran que
decidirse algunas vez por uno de los donantes” de esperma.
En Europa en general, la preparación de muestras de
esperma para las técnicas de fertilización asistida
está sometida a estrictos controles médicos.
Del otro lado del Atlántico, en cambio, parejas hetero
u homosexuales, así como mujeres solas, pueden elegir
libremente. Este interés en donantes de semen con genes
“nórdicos” y la buena disposición
a donar por parte de jóvenes daneses, hicieron a Cyros,
con sus 210 donantes, el mayor banco de semen del mundo.
“Y eso que durante el laborioso proceso de selección
admitimos sólo un 15 por ciento de los candidatos a
donantes”, informó el fundador de la empresa
Ole Schou. Que él manifieste esto así, tiene
su motivo: “En Estados Unidos, las personas sin hijos
no se sienten pacientes, sino clientes con altas exigencias”.
Para cumplir el deseo de los clientes, el banco de semen obliga
a cada donante a completar extensos cuestionarios.
Los jóvenes hombres deben dar datos sobre su origen
étnico, profesión, color de ojos, características
del cabello, alergias, frecuencia cardíaca, tono de
la piel, defectos genéticos, calificaciones en la universidad,
objetivos laborales, servicio militar, hobbys, pareja o esposa,
actividades deportivas, religión, así como el
color, comida, automóvil, animal doméstico preferidos,
entre otros muchos ítems.
También, se consulta sobre la capacidad musical de
los padres, así como sobre los conocimientos de idiomas
y su formación profesional.
Al final, hay una respuesta manuscrita a la pregunta sobre
la motivación para donar esperma. “Lo más
importante para mí es la idea de ayudar a una familia”,
dice un cuestionario ficticio, que se puede ver en la página
de internet de Cryos (www.scandinaviancryobank.com).
Quienquiera elegir las características genéticas
que supone óptimas para su descendencia a partir de
los verdaderos 210 cuestionarios de los donantes, debe pagar
25 dólares para tener acceso durante seis meses al
banco de datos. Por otros 20 dólares, se recibe una
fotografía del donante en cuestión cuando era
bebé.
Por 75.000 dólares, una clienta puede comprar los derechos
exclusivos en todo el mundo sobre el esperma de un determinado
danés.
A quien no le importe que en otras partes del mundo nazcan
medios hermanos o hermanas biólogicas de su progenie,
debe transferir de Estados Unidos a Dinamarca 75 dólares
por el tubo con esperma. Esto es tres a cuatro veces más
que en el país de origen.
“Antes estaba en contra de esta forma de higiene racial
positiva. Entretanto, considero que está bien si algunas
personas quieren fomentar ciertos rasgos”, dice un jefe
de la empresa Schou. Se trata de “eugenesia positiva”,
acota. Pero el sistema danés es muy “dictatorial”,
según Schou. En Dinamarca, cuando hay parejas que no
pueden tener hijos, sólo el médico que los atiende
puede contactarse con el banco de esperma y a la hora de elegir
el donante, sólo puede considerar color de piel, ojos
y cabello así como talla y peso teniendo en cuenta
la “similitud familiar y étnica” de la
pareja receptora. “En realidad, esperaba que Europa
evolucionara en dirección a Estados Unidos. Pero esto
no es así”, se lamentó Schou.
Pero Schou también tiene otra preocupación.“Si
yo como donante no continúo, siendo totalmente anónimo,
no vengo más. Eso queda totalmente claro”, dijo
“Jens”. No quiere correr el riesgo de que en algún
momento se presente ante la puerta de su casa un joven extraño
que busca a su padre biológico.
Aun si los daneses siguen la tendencia europea y levantan
el anonimato del donante, no sería el fin, según
Schou. “Entonces, tendríamos que hacer nuestra
producción en el exterior”, dijo. Pero eso no
suena optimista. Va a ser difícil conseguir donantes
con otro trasfondo étnico y cultural que cumplan con
sus pretensiones.
“Jens” lo entendió. Relata que la empresa
aplica ahora un sistema que evalúa diversas características
de calidad del esperma, y hace que de este análisis
dependa el monto de la retribución por cada donación.
Antes, simplemente se recibían 500 coronas (unos 80
euros o 96 dólares) por donación. Luego, el
precio cayó a 125 coronas y volvió a subir a
casi el doble, pero el cálculo de la retribución
es bien complicado y variable.
Cuántos niños nacieron a partir de sus donaciones
de esperma es algo que “Jens” ignora. En el banco
de datos de Schou figura un record de 101 paternidades biológicas
de un donante. Pero a “Jens” le interesan otras
cifras. El calcula en promedio, con una transferencia de unos
550 euros (660 dólares) por trimestre. Esto, para un
estudiante, es un considerable sobresueldo. “Jens”
admite que va un poco lento con sus estudios universitarios
y no tiene en vista la fecha exacta de su graduación.
Ante esta declaración, uno quisiera leer lo que la
clientela en EE. UU. lee sobre este tema en el cuestionario,
cuando busca supergenes para su descendencia. |