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Sábado 08 de Julio de 2006
 
 
 
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  El Gorilón
Es su cuarta Copa del Mundo y la vio desde el banco. Recién hoy volverá a custodiar el arco de una Alemania que jugará por el tercer puesto. Kahn: amarlo u odiarlo.
 
 

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El puesto más ingrato de la cancha es el de arquero.Y vaya si lo sabe Oliver Kahn.

El alemán lideró a Alemania en la Copa del Mundo 2002 rumbo a la final, fue considerado el mejor jugador de la Copa (inédito fue elegir a alguien que entra al campo con guantes) y sus actuaciones erigieron un mito que no se apagó. Sólo está en intermitencia. Pero justamente en su casa, el "Mono" debió sufrir los partidos desde el banco de los suplentes y recién hoy, con su selección ya afuera, volverá a sentirse vivo en el partido frente a Portugal, por el tercer y cuarto puesto.

Oliver Kahn es de las personas (profesionales, jugadores) que marcan la cancha: amado u odiado, una cosa o la otra. Sucede que su carisma, su peculiar rostro y figura, y su forma de decir las cosas, muchas veces de mala manera, son noticias en sí. No es necesario que tenga un partido de 10 puntos; Kahn habla y en Alemania (y parte de Europa) todos se detienen a escucharlo.

Es uno de los símbolos del fútbol germano y su mayor virtud está en los reflejos bajo los tres palos (aún a los 37 años) y su sabia intuición a la hora de enfrentarse en un duelo personal con cualquier delantero.

Parece mentira, pero este es el cuarto campeonato del mundo de Kahn. En los dos primeros, '94 y '98, fue suplente y recién en el continente asiático se ganó la titularidad. Pero no conforme con eso, el "Mono", "Gorila" o como quiera llamarlo, dejó en evidencia que no es un arquero del montón: fue elegido el Botín de Oro antes de la final con Brasil, un triunfo "carioca" del que fue cómplice porque no logró retener un disparo sin peligroso que en el rebote cambió por gol el infalible de Ronaldo.

Dicen que a Kahn nada lo consoló después de tamaño error. Ni siquiera haber sido el mejor del Mundo. También dicen que se deprimió, supo cómo salir de ese bajón y que veía en Alemania 2006, justo en su casa, la oportunidad de remediar aquella fatídica jugada.

Pero el que no le dio la oportunidad fue Klinsmann, porque la bajó el pulgar (con mucha elegancia) y mandó a la cancha a Lehmann, la contracara del "Mono". Claro, el titular tiene la prestancia de un típico alemán conjugado con cualidades de un muy buen golero: sobrio, frío y de buen juego con los pies.

Kahn sufre la burla de los espectadores y los medios, quienes lo han llamado desde "Gorila" hasta "Monstruo", por su coraje exagerado, su radical compromiso a la hora del mano a mano y los gritos que lanza hacia sus defensores. Los fanáticos rivales le tiran bananas a los pies y él les contesta que sólo logran motivarlo. Kahn es así. Hay que amarlo u odiarlo. Usted decide.

   
   
 
 
 
Diario Río Negro.
Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina. Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.
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