"Por el momento es el número dos. Es duro para él". El esotérico Raymond Domenech detuvo la polémica cuando ya había explotado y las llamas alcanzaban a todo el plantel de Francia. No sería la primera vez en el último mes. El extraño DT, creyente y cultor de lo paranormal, se refería a Gregory Coupet, el mejor arquero galo al menos en los últimos cuatro años. "Es difícil, ambos son arqueros de altísimo nivel, aunque en algún momento iba a tener que tomar la decisión", justificó. El "1" del Olympique Lyon se cansó de los caprichos del entrenador, pero más de las licencias entregadas a su principal competidor: Fabien Barthez. El pelado arquero es el monarca de los excéntricos. El encargado de desviar las miradas hacia lo extrafutbolístico cuando se habla de los "Bleus". Barthez goza de la bendición de Domenech, y es integrante de la logia que después del Mundial de 1998 apodaron la "Generación Zidane" como un piropo en sí mismo, y que ahora se tornó una descalificación por el simple hecho de haber pasado los años, no sólo de la gloriosa obtención de la Copa, también para los ahora viejos mosqueteros. Barthez es un jugador particular, que de figura emblemática de los campeones del '98 y de los consagrados de la Eurocopa versión 2000, pasó a un personaje que se debate entre el fútbol y la farándula, sin saber cuál es la prioridad. Barthez goza siendo polémico. Se divierte más sabiéndose en la mira de los paparazzis alemanes, que lo fotografiaron fumando, que volando de palo a palo. El calvo arquero, pasando a 'dialecto' argentino, es una suerte de "Loco" Gatti o Germán Burgos, el reflejo francés de dos "artistas" del arco que eran tapa de las revistas de deportes y las del corazón. Pero es imposible negar que debajo del caparazón de este Barthez que se comió casi seis meses lejos de las canchas por escupir en el rostro a un árbitro marroquí, hay un gran profesional. Un arquero excéntrico pero fino, desprovisto de almidón y con mentalidad ganadora. Muchos analistas insisten en que los arqueros de los grandes equipos son los que hacen de la sobriedad una de sus máximas. Barthez no es de ellos, pero ha ganado partidos de sobra. Le viene como anillo al dedo el viejo dicho de que para ser arquero hay que estar un poco loco. A veces brillante, Barthez tiene por igual defensores y detractores. Lo que nadie puede negar es que en los grandes logros, bajó los tres palos del l'equipe tricolore siempre estuvo Barthez. Jugó todos los partidos del Mundial 1998 y los tres que disputó su equipo en el 2002, donde Francia no logró ninguna victoria. Fue miembro del equipo que se proclamó campeón de la Euro 2000, y participó en dos partidos de la Copa Confederaciones 2003, incluida la final, cuando la 1º selección francesa que se hizo del título. |