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Domingo 03 de Diciembre de 2006
 
 
 
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  NEGOCIOS DINAMICOS EN LA INDUSTRIA DE LA ALIMENTACION
  Crece el consumo de gaseosas y todo tipo de aguas
A empresas líderes que concentran la mayor porción del mercado se unen muchas pequeñas regionales.
Las inversiones se orientan a las últimas tecnologías disponibles y su adecuación al consumo.
 
 

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BUENOS AIRES.- Las bebidas gaseosas y las aguas comunes, minerales y saborizadas conforman uno de los segmentos más dinámicos de la industria de la alimentación del país.
Las primeras crecieron, recientemente, a tasas superiores al 10% anual, como consecuencia del impulso conferido por alrededor de 40 fábricas de capitales nacionales y extranjeros, donde se produjeron 3.126 millones de litros en el 2005.
Es un sector con una elevada elasticidad de demanda-ingreso y un consumo directamente vinculado con el poder adquisitivo de la gente, que es levemente inferior en el invierno y superior a partir de diciembre. Calculan que llegó a 83 litros per cápita al año, cuando en los Estados Unidos superó los 200; México quedó en 149, y el Reino Unido en 92, por ejemplo.
Coca-Cola y Pepsi concentran más del 90% del total de la fabricación por la apreciación que los consumidores hacen de sus gaseosas, como consecuencia de las estrategias publicitarias desplegadas y las operaciones de marketing que se incrementaron con el tiempo. Por otra parte, desde hace décadas proliferaron pequeñas empresas regionales, con productos que intentan parecerse a los de las líderes y marcas propias que se venden a menores precios. En la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol (Cadibsa) estimaron que coexisten más de 200 marcas.
 Diego Grillo Trubba señaló –en un análisis para la Dirección de Industria Alimentaria (DIA) de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos– que al destinarse casi toda la producción al mercado interno, las inversiones procuran incorporar nuevas tecnologías y aumentar las capacidades de fabricación, por un lado, y modificar y/o lanzar gaseosas para atender los cambios en las tendencias del consumo, por el otro.
Los envases se convirtieron en el factor más importante para la imagen del producto, siendo los más difundidos los del plástico PET (polietilen-tereftalato), no retornables, que desplazaron a los de vidrio, con ciertas excepciones.
Para responder a la demanda, las grandes compañías presentaron versiones “light” y/o “diet” de sus clásicos, publicitadas con escasas calorías, y otras con menos gas y azúcar y más jugos, que ya captaron el 18% del mercado, en tanto las que contienen azúcar representan el 82%.
El comercio exterior de gaseosas es pequeño si se compara con la producción. Las principales exportaciones se destinan a España, Chile, Paraguay, Uruguay y los Estados Unidos, en tanto las importaciones provienen de los Estados Unidos, Chile y Alemania.
Crecieron, asimismo, las producciones de jugos listos para beber (Cipolletti, Cepita, Tropicana, Pindapoy y Ades, entre otros). Otro tanto ocurrió con las de jugos de frutas, concentrados para diluir y los polvos para preparar (como Tang y Clight, de Philip Morris), que ciertos consumidores eligen por precio y practicidad.
En la Argentina se comercializa una decena de bebidas deportivas y/o energizantes, desde las postrimerías de los ’90 del siglo pasado. Gatorade se presentó como una hidratante con agregados (potasio, sodio y hasta glucosa), sin gas ni cafeina. Red Bull, a su vez, apareció como una hipertónica con hidratos de carbono, sacarosa, glucosa y vitaminas B6 y B12.
Esto pasó mientras en el Congreso de la Nación se conocieron unos 24 proyectos de leyes regulatorias y la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) restringió los suplementos dietarios y exigió que disminuyera en las formulaciones la proporción de cafeína (un energizante), por la posibilidad de que una ingesta mezclada con alcohol (un depresor) afectara a los consumidores.
Coca-Cola decidió comercializar en el 2000 su Black Fire, con extractos de guaraná, yerba mate y ginseng, pero aún no trajo su Powerade; Danone, en julio último, sacó Vitaliza, y Monarch Beverages, de los Estados Unidos, presentó tres versiones de la isotónica All Sport, aquí elaborada y distribuida por Dellepiane.
Pese a la desaceleración provocada por la recesión, la producción nacional de aguas minerales naturales y artificiales aumentó y aproximó a los 600 millones de litros anuales. Alfredo Bruzzone documentó para la DIA que unas y otras se presentan con o sin gas (estas últimas absorbieron el 75% de las ventas) y que fabricantes de bebidas gaseosas. incursionaron en este mercado, aprovechando sus sistemas de distribución y las imágenes de sus productos.
Los principales productores de aguas minerales son Danone, con Villavicencio, Villa del Sur y San Francisco, que domina más de la mitad del mercado, y Eco de los Andes (“joint venture” de la división Waters de la suiza Nestlé y Quinsa, que controla el grupo cervecero belga-brasileño InBev), que se dedica a la marca homónima de agua de montaña y Nestlé Pureza Vital y Glaciar, obtenidas en pozos y luego mineralizadas, como sucede con Kin y Dasani sin gas, de Coca-Cola, y Cellier, de Pepsi.
El consumo promedio nacional de aguas minerales, con estabilidad estacional en el invierno, ascendería a 26 litros por habitante y año, frente a 112 de Francia y 74 de Alemania. Los 35 de los Estados Unidos fueron atribuidos a que allí existe un alto consumo de jugos y gaseosas. Aquí el 70% de la demanda se originó en segmentos de la población con ingresos medios y altos hasta que se desencadenó la recesión. En determinadas zonas influyeron, también, las preocupaciones generadas por las posibilidades de contaminación; el fuerte sabor a cloro, a veces presente en el agua de red, y la imagen “saludable” de los productos, elegidos para regímenes hipocalóricos.
Se trata de un mercado de 1.500 millones de pesos al año, con ventas en hiper y supermercados que representaron el 35% de las totales, los que a su vez avanzaron con marcas propias; las de autoservicios, 20%; negocios tradicionales, 27%, y quioscos y minimercados, 18%.
Con exportaciones e importaciones poco significativas, de estas últimas se destacaron las Evian (traídas por Dadone) y Perrier y San Pellegrino (Quinsa).
El lanzamiento de las aguas saborizadas, en octubre de 2003, inauguró en la Argentina una categoría que sin alterar la naturalidad del componente fundamental, combinó minerales, antioxidantes y vitaminas, asegurando 0% de calorías y 0% de azúcar, y cada vez más alternativas (lima-limón, 30,5%; cítricos, 30,8%; pomelo, 22,9%, y limonada, 15,8%, sin olvidar las recientes, como el durazno).
Las saborizadas le restaron más clientes a las gaseosas que a las aguas minerales y estarían siguiendo de cerca a los jugos. Conforman un mercado de unos 500 millones de pesos al año, que pasaría de 509,5 millones de litros en el 2005 a 583 millones en el 2006. Lo lidera Danone con Ser y Villa del Sur, que absorberían el 65%. Además, existe una decena de marcas, como Sierra de los Padres, Magna e Ivess; las propias de grandes cadenas comerciales, e incluso las de Coca-Cola (Dasani y Cepita); Pepsi (H20 y Cellier), y Nestlé Pureza Vital. No faltó una publicitada controversia por el diseño de una etiqueta con frutas, que al parecer no respetó normas de Lealtad Comercial que exigen para una presentación de tales características en una saborizada que contengan un 25% de jugo natural, como mínimo. En la réplica se solicitó una medida cautelar y alegó que una tercera competidora con anterioridad tuvo una gaseosa con una etiqueta semejante.
Ser se convirtió en un concepto exportable de Danone. Taillefine, una de las marcas francesas del grupo, relanzó el año pasado una línea de saborizadas inspirada en la argentina; otro tanto pasó con Vitaliza, una de las españolas.
Las sodas son las bebidas sin alcohol con mayor consumo y una oferta atomizada de más de 2.200 fabricantes –Ivess lidera el mercado–, que superaron en total los 3.250 millones de litros anuales. Por influencia de la crisis; las gaseosas y las aguas minerales, y el menor consumo de vinos de mesa, el consumo per cápita disminuyó a 90 litros al año. Pese a lo expuesto, mantuvieron participación gracias al sistema de venta puerta a puerta y a que se ofreció en las góndolas el sifón descartable de PET.
Entre otras aguas que se venden, figuran:
* Las de origen subterráneo o de un abastecimiento público, comercializadas en botellones, contenedores u otros envases adecuados, rotulados reglamentariamente, que pueden obtener autorización para agregar gas carbónico con una determinada presión.
* Las envasadas en botellones, rubro en el que también incursionaron los fabricantes de soda. Cuatro firmas concentran una gran proporción de las ventas: Sparkling, Villa Alpina. Ivess y Fresh Water, siendo el canal institucional el principal cliente, por su requerimiento de agua de calidad y de menor costo que las minerales.
Fabricantes de gaseosas y aguas minerales se comprometieron. el 26 de octubre pasado, a mantener los precios de sus productos hasta diciembre del 2007, salvo que deban afrontar subas de costos vinculadas con los insumos importados.

Los vaivenes de la economía tienen una alta incidencia

 

BUENOS AIRES.- Las bebidas gaseosas son soluciones de agua, dióxido de carbono, saborizantes y colorantes, cuyo origen se encontró en 1772, cuando el químico inglés Joseph Priestley efectuó una serie de reacciones para elaborar presumiblemente la primera. Catorce años después, el farmacéutico norteamericano John Pemberton obtuvo lo que posteriormente se conocería como Coca-Cola.
Diego Grillo Trubba, en un análisis de la Dirección de Industria Alimentaria (DIA) de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (Sagpya), explicó que las gaseosas requieren que el agua cumpla con estándares de calidad más estrictos que los de la potable, en cuanto a su turbidez, sólidos disueltos, materia orgánica, contenidos microbiológicos y alcalinidad.
El segundo componente esencial se vincula con los edulcorantes, en las comunes el azúcar y la sacarosa, y en las dietéticas o de bajas calorías la sacarina y el ciclamato aprobados por organismos internacionales.
Gas carbónico o dióxido de carbono les confieren el efecto burbujeante.
En líneas generales, las bebidas sin alcohol, gasificadas o no, se preparan con agua, jugos, pulpas, concentrados, leche, extractos, infusiones, maceraciones y ciertas proporciones de alcohol etílico, cafeína, quinina, extractos aromatizantes y/o esencias naturales y/o compuestos químicos aislados de los mismos, ácido fosfórico y dimetilpolisiloxano.
Entre las variedades existentes, figuran las siguientes:
* Colas, elaboradas a partir de un extracto de nuez de cola y con hasta un 10% de cafeína y presencia de dióxido de carbono.
* De frutas y vegetales, endulzadas y carbonatadas, como así también realizadas sobre la base de extractos.
* Tónicas, con extractos y/o esencias de limón, pomelo y otros cítricos o mezclas.
* Ginger ale, con extracto de jengibre soluble en agua.
 Las bebidas sin alcohol artificiales se elaboran con esencias con esas características o una mezcla de las mismas con extractos naturales y/o compuestos químicos.
También se comercializan polvos para preparar, siguiendo las indicaciones del envase.
Las principales compañías apuestan a más versiones “light” y otros sabores, mayormente frutales. Tuvieron experiencias que no les permitieron lograr los resultados esperados y las obligaron a discontinuar producciones, por lo que últimamente, en principio, concretan lanzamientos limitados.
Las gaseosas son altamente elásticas en relación con los ingresos de los consumidores. Al no tratarse de un artículo de primera necesidad, los vaivenes de la economía tienen una alta incidencia. Sin embargo, los grupos etarios que las ingieren son cada vez más amplios. La DIA advirtió que en otras épocas comenzaban a los 5 ó 6 años de edad y ahora desde antes, lo que llegó a ser objetado por profesionales de la salud.
 El consumo tiende a aumentar hasta que los individuos son adultos, siendo la etapa “pico”  entre los 12 y 19 años y, sobre todo, varones.

De similar apariencia, pero diferentes

BUENOS AIRES.- Dicen que fueron las aguas termales Spa de las Ardenas belgas, a las que se atribuían propiedades curativas, las que se envasaron por primera vez para su venta en el siglo XVI. Entonces se utilizaron vasijas de barro, que se guardaban en cajas para poder transportarlas por tierra y mar. Un registro de la época reveló que, en 1772, desde allí se exportaron 134.000 a distintas ciudades europeas. En los dos siglos siguientes, aquellas vasijas fueron sustituidas por las de cristal, utilizadas con idénticos propósitos en manantiales alemanes, franceses e italianos.
 Con variantes acordes con cada momento, el negocio prosperó. Transcurrió el tiempo y hoy y aquí, las condiciones y exigencias de industrialización, tanto para los productos, envases y rótulos como para los elaboradores, están especificados en el Código Alimentario Argentino (CAA).
 Alfredo Bruzzone señaló –para la Dirección de Industria Alimentaria (DIA) de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos– la existencia de dos aguas aparentemente parecidas, pero diferentes por origen, obtención y normas:
* Las naturales de yacimientos, manantiales o napas, obtenidas por surgencia natural o perforación. Se diferencian por la cantidad de minerales que contienen, que a su vez generan diferentes sabores. El CAA determina que el envasado debe hacerse junto a las fuentes de origen.
* Las artificiales, con aguas de las redes urbanas a las que se adicionan minerales autorizados y a las que no se les exigen ubicaciones geográficas.
 Unas y otras se presentan con o sin gas (estas últimas captaron el 75% de las ventas) e interesaron en los últimos años a fabricantes de gaseosas. Algunos incursionaron en este mercado para aprovechar su sistema de distribución y las imágenes de sus otros productos. En tanto, las empresas pequeñas casi siempre elaboran sólo agua sin gas.

   
MIGUEL ANGEL FUKS
   
 
 
 
Diario Río Negro.
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