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Domingo 17 de Septiembre de 2006
 
 
 
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  PANORAMA ECONOMICO
  Cuidar el ancla del modelo es clave
La holgura fiscal es un elemento central a la hora de pensar en un crecimiento a largo plazo. En esta etapa de expansión de la economía se debería reforzar el rol protagónico del superávit.
 
 

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Las finanzas del sector público parecen ser uno de los pilares fundamentales del modelo económico actual. No caben dudas sobre la importancia de mantener el superávit fiscal como ancla macroeconómica del programa del gobierno y como herramienta clave de financiamiento del sector público. Estas características se potencian ante la alternativa de que el contexto internacional deje de ser tan favorable y, de hecho, en la actualidad existen riesgos de que esto ocurra, lo cual debería tenerse en cuenta.
La holgura fiscal es un elemento central a la hora de pensar en un crecimiento a largo plazo, con inflación controlada y estabilidad cambiaria. Debemos saber que se trata de un círculo virtuoso, la estabilidad y los equilibrios macroeconómicos atraen la inversión impulsando el crecimiento, el cual refuerza, a su vez, la estabilidad, generando un nuevo ciclo de inversión y crecimiento, y así sucesivamente. Los efectos de las variables macroeconómicas en el comportamiento del público tienden a prevalecer en el corto plazo, en tanto que el impacto de la política fiscal es el link del largo. Hay infinidad de trabajos y evidencia empírica al respecto.
Desde el 2003 la Argentina ha tenido tres años consecutivos de superávit primario y total en sus cuentas públicas. Hoy el país parece que tendrá un superávit primario en torno al 3,6% del PBI, cifra que en términos absolutos le permitiría cubrir más de la mitad de las necesidades financieras del año. Este es un hecho sumamente destacable ya que, si uno mira para atrás, observa que en el pico de la actividad económica de la década pasado (año1998) el resultado primario era notablemente inferior, rondando el 0,8% del PBI. En particular para la Argentina, dada la historia que posee en materia fiscal y lo positivo que es tener una fuerte solvencia en esta materia, preservar una señal fiscal como la actual se vuelve fundamental.
Sin embargo, las previsiones futuras y las realizaciones de gastos e ingresos de los últimos tres años indican que el superávit en puntos del PBI se viene reduciendo poco a poco. Así, en el 2004 el superávit alcanzaba el 3,9% en términos de producto, esta cifra bajó a 3,7% en el 2005, alcanzando el 3,6% en la estimación del 2006 y se prevé que seguirá bajando en los años siguientes. Esto es llamativo y uno se pregunta por qué ocurre, siendo que se trata de uno de los focos más importantes de atención del gobierno. El problema y la respuesta a esto están en la fuerte expansión del gasto.
Si consideramos la evolución de los recursos totales del SPN, puede verse que en los primeros siete meses del año éstos ascendieron a $ 88.076 millones, lo que representa un incremento interanual del 22,4%, mientras que para ese mismo período del año pasado la tasa de crecimiento de los ingresos era del 15,7%, en esos mismos términos. Si la evaluación de los ingresos se hace en términos del PBI, puede verse que también se incrementan. Por su parte, los egresos primarios en ese mismo período sumaron $ 73.399 millones, lo que significó un 83,3% del valor de los ingresos, en tanto que su incremento interanual absoluto representó el 92,3% del aumento del valor de los ingresos. Es decir, se está gastando casi la totalidad de los recursos aumentados en el año y como agravante se presenta que la suba porcentual de este gasto supera a la de los ingresos.
En realidad, un análisis correcto debería excluir el componente automático del gasto primario, es decir, aquel que está determinado por las transferencias automáticas a las provincias y al GCBA por Coparticipación y Leyes Especiales. Tengamos en cuenta que éstas inevitablemente irán en paralelo con la recaudación. Sin embargo, haciendo esto los datos determinan un crecimiento relativo del gasto primario no automático aún mayor, explicado básicamente por los incrementos en las transferencias de capital y los subsidios.
Por otro lado, es relevante mencionar que los compromisos de gastos parecen seguir en aumento. La moratoria que permite jubilarse sin haber realizado aportes, el objetivo del gobierno de llevar la inversión en obra pública al 4% del PBI, los fallos de los juicios por errores en liquidación de haberes, sumado a la expansión de los subsidios que se están otorgando, hablan por sí solos y pronostican posibles grandes “costos” fiscales.
En cuanto al otorgamiento de subsidios cabe hacer algún comentario. Dicho instrumento es políticamente óptimo y muy susceptible al lobby, mientras que el objetivo inflacionario del gobierno lo sujeta a mayores subas. Agregándosele a todo esto que nos encontramos con un 2007 inmerso en un período electoral que seguramente estará lleno de presiones y de mayor lobby. Históricamente las elecciones políticas en los países emergentes han estado relacionadas con problemas económicos.
No se duda de los logros fiscales por parte del gobierno, sino que se plantea la posibilidad de que haya una reversión y la necesidad de tener en cuenta la contra de esto. El camino que se está siguiendo no se entiende como el más prudente y se considera que debería aprovecharse la oportunidad que hoy está dada para el país ya que tanto el contexto externo como el interno son positivos. La Argentina ha superado el ciclo de volatilidad macro, se trata de una cuestión de encaminar las políticas.
Habría que aprovechar el contexto interno y se debería aún tomar más conciencia de que, si las condiciones internacionales cambian y se traducen en un menor crecimiento comercial y económico mundial, en tanto que se registren mayores tasa de interés, reversiones en los flujos de capitales internacionales y empeoramientos de los términos de intercambio, las divisas y el ahorro se tornarían ciertamente escasos para la Argentina resultando en una necesidad de mayor apoyo sobre el superávit fiscal. Es por esto y por la necesidad del fortalecimiento del crecimiento en el largo plazo que en esta etapa de expansión de la economía se debería reforzar el rol protagónico del superávit, cuidando que el gasto público no se incremente más allá de la inflación.
Para ello el gobierno debería ceder en parte su lógica de política actual de reactivación económica proconsumo con políticas fiscales expansivas en pos de dar paso a que la inversión privada empiece a jugar el rol protagónico que le correspondería en esta etapa. Hasta ahora, el gobierno viene demostrando que prioriza la solvencia fiscal. Esperemos que siga dando señales de que continuará en el mismo camino.

 

 

   

SOLEDAD PEREZ DUHALDE
Consultora Exante.

   
 
 
 
Diario Río Negro.
Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina. Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.
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