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Domingo 17 de Septiembre de 2006
 
 
 
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  PETROLEO, GAS Y ELECTRICIDAD EN CRITICA SITUACION
  La matriz energética del país presenta una crisis estructural
Los efectos negativos sobre el crecimiento de la economía comenzarán a materializarse a fines de este año. El sistema eléctrico, entre los más afectados. El gobierno lanzó medidas que no repercutirán en el corto plazo.
 
 

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Todos los indicadores muestran que la falta de inversiones para sostener el ritmo de demanda de energía complicará el futuro escenario económico del país. La composición de la matriz energética nacional muestra que la principal fuente de abastecimiento es el gas natural, que aporta el 51% de la energía que se consume anualmente. Luego sigue el petróleo con una participación del 36% y la hidroelectricidad con el 6%. Completa este cuadro la energía atómica, con el 4%, y las alternativas con el 3% restante. A su vez, el suministro de energía a los usuarios viene de tres canales bien definidos: gas, petróleo y electricidad. Los tres suministros mencionados están pasando por ciclos regresivos con pocas posibilidades de recomponerse en el corto y mediano plazo (ver infogramas adjuntos). En este esquema, el sistema eléctrico es el que está más expuesto a limitar el crecimiento económico del país. Hoy está funcionando al límite. La capacidad instalada en la Argentina alcanza los 22.000 megavatios, pero por cuestiones técnicas la capacidad disponible no supera los 18.000 megavatios. Hacia fines de julio de este año, las estadísticas oficiales dadas a conocer por Cammesa, firma mixta encargada del despacho de energía eléctrica, mostraban que la potencia demandada alcanzó los 17.500 megavatios, quedando este valor muy cerca del límite técnico que puede cubrir el sistema de generación antes de entrar en default. En los países que tienen políticas energéticas de largo plazo, el ‘spread’ entre la capacidad disponible de electricidad y la demanda pico de potencia se ubica por encima del piso promedio del 20%. Para el caso de la Argentina, en julio esa relación no alcanzó 3%. De mantenerse el crecimiento de la economía en los actuales niveles (que tiene correlación directa con la demanda de energía) y de no existir modificaciones sobre la oferta eléctrica, las posibilidades de que el sistema colapse a fin de año son cada vez más altas. La matriz de generación eléctrica en la Argentina está confeccionada de la siguiente manera: 53% corresponde a las centrales térmicas, 43% a las usinas hidroeléctricas y el 4% restante llega de la mano de la centrales nucleares. Para equipararlos con la estadística de 1998, con el nivel actual de actividad económica el sistema eléctrico argentino debería contar hoy con una capacidad disponible superior a los 22.500 megavatios, es decir 25% por encima de lo que existe. Es decir debería haber incorporado, en promedio y por año, alrededor de 700 megavatios para sostener niveles estables de oferta y demanda creciente y riesgo aceptable frente a una potencial crisis en el sistema. Como dato complementario a este concepto hay que agregar que la última central térmica de gran porte que ingresó al sistema fue la de Ganelba, con un aporte real de 800 megavatios. Pero esto ocurrió a fines del 2000. Desde esta fecha hasta la actualidad, el consumo de energía subió más del 30% sin que se haya ampliado el parque generador. Pese a que todas las estadísticas muestran que la crisis energética ya está complicando el desarrollo económico del país, el gobierno se empecina en señalar todo lo contrario. En la medida en que no se tome conciencia de la magnitud del problema por el que se atraviesa, no habrá soluciones estructurales para la crisis. La falta de inversiones, negada en tantas oportunidades por el gobierno, comienza a erosionar el sistema. La administración Kirchner intenta dar respuesta a la crisis con una batería de anuncios, que poco modificarán el escenario de corto plazo en el país: * Autogeneración por parte de la industria. Según datos oficiales, poniendo en marcha este programa, se podría disponer de hasta un máximo de 900 megavatios adicionales. El gobierno promueve esta alternativa con incentivos fiscales para todas aquellas empresas que pongan en marcha este proyecto. El sector industrial ya está comprometiendo algunas inversiones en autogeneración con un carácter netamente preventivo en función de la crisis que se avecina. Pero ésta es una salida poco eficiente para la industria ya que genera un sobrecosto que lesiona sensiblemente la competitividad de su oferta. * Están las dos centrales de ciclo combinado licitadas, pero todavía no fueron adjudicadas. El gobierno pretende contar así con un aporte de 1.500 megavatios al sistema, pero a partir de 2009. Falta definir la procedencia de los 6 millones de metros cúbicos de gas que se necesitan para poner en marcha estas dos centrales. * La ampliación de Yacyretá, para lo cual el gobierno todavía no tiene definido el presupuesto. Se estima que, de comenzar ya con los trabajos, se puede contar con 2.000 megavatios adicionales a partir de 2010. * El aporte del sector nuclear, con la continuidad de los trabajos sobre Atucha II, adicionaría 750 megavatios, pero los mismos sólo estarán disponibles a partir del 2010. Tarde, el gobierno anuncia que, a partir del 2010, el sistema eléctrico contará con unos 4.000 megavatios adicionales a los 18.000 disponibles en la actualidad. La fase crítica del sistema se encontrará entonces en el período 2007-2009, donde se puede contar con aportes coyunturales de energía que, en definitiva, no sortearán el escenario de crisis que se avecina. Las consecuencias de los errores cometidos por el gobierno parecen inevitables. La crisis que vive hoy todo el sistema eléctrico hace imprescindible una modificación de la actual política de precios y regulaciones. Cuanto más se demoren los cambios, mayores serán los costos que la economía deberá afrontar y más traumática será la salida para todos. (J.L.) Todas las variables en baja Las frías estadísticas marcan la cruda realidad por la que atraviesa el país en materia energética. Un reciente informe, elaborado por el departamento técnico del Instituto Argentino de la Energía, señala que la extracción del gas natural está mostrando peligrosos síntomas de ‘fatiga’ con amesetamientos que no acompañan la creciente demanda. Es por ello que a partir del año pasado la importación de gas natural desde Bolivia y el recorte de las exportaciones a Chile conformaron parte de la agenda de temas permanentes dentro del gobierno nacional. La falta de inversiones y la puesta en marcha de un programa de importación de energía determinará un costo fiscal para este año en torno a los 1.100 millones de dólares. El gobierno intenta trasladar parte del mismo a las empresas y a Chile, que sigue siendo un comprador natural de nuestro recurso. Por otra parte, en 2004 se importaron desde Venezuela unas 850.000 toneladas de fuel oil y 80.000 de gasoil. Para este año se estima que las importaciones de fuel oil serán de 1,6 millones de toneladas mientras que las de gas oil, incluyendo la compra por parte de las empresas, superarán las 1,5 millones.
   
   
 
 
 
Diario Río Negro.
Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina. Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.
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