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Domingo 19 de Noviembre de 2006
 
 
 
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  historia y turismo
  La “ruta de la coca” revive
Los antiguos senderos de Takesi fueron claves para los incas, luego usados por españoles y después por productores de coca. Hoy, el turismo.
 
 

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Las mulas ya no trepan la montaña cargando cestos de coca sobre sus lomos; ahora cargan cerro abajo el equipaje de los turistas por un empinado sendero empedrado construido hace más de mil años, que desciende desde 4.570 metros de altitud en la cordillera hasta 1.800 metros en los valles interandinos en un trayecto de 50 kilómetros.
El Takesi toma su nombre de un caserío en la ruta y, aunque los turistas le llaman el ‘camino del inca’, sus primeros constructores fueron los tiwanacotas, antigua civilización que floreció hasta al año 1.100 dC. Los incas utilizaban el sendero para unir los distintos pisos ecológicos e intercambiar productos del altiplano y los valles, pero también para controlar su vasto imperio.
Siglos después, los colonizadores españoles mejoraron el camino de herradura con mano de obra indígena para obtener la coca con la que alimentaban a esclavos mineros en las minas de plata de Potosí, al sur de Bolivia, entre los siglos XV y XIX.
Hoy es una ruta ecológica. Su calzada de piedra y los canales de desagüe labrados en la roca se mantienen intactos. Un largo tramo que atravesaba los valles situados en las regiones bajas de la ciudad de La Paz se ha perdido por la expansión urbana.
El resto del sendero ha permanecido por siglos oculto entre los nevados y la vegetación montañosa. Desde 1995 la fundación alemana Pueblo apoya a los lugareños –campesinos pobres– a obtener algunos ingresos ofreciendo comida y hospedaje a turistas en refugios que ayudaron a financiar.
Primitivo Quispe Rosales es el guía. Antes de emprender la caminata ofrece un rito a los dioses andinos que “habitan en los nevados” con coca y alcohol. Musita plegarias mientras una nevada granulada y cortante azota el rostro de los caminantes en una mañana lluviosa. Al frente se alza imponente el nevado Mururata de 5.868 metros de altura. La primera sorpresa es el pequeño lago Luru Keri que parece emerger de entre las nubes.
El paisaje sobrecoge. Más abajo está el caserío Takesi que parece una aldea medieval con sus casas de piedra y barro. En medio de las brumas semeja una aldea de la leyenda de Robin Hood. Vertientes impetuosas que bajan de la cordillera forman rápidos a lo largo del estrecho valle y anegan la ruta. En el descenso, la vegetación va cambiando hasta desembocar en un bosque húmedo de yungas. El frío se transforma en aire tibio cargado de aromas de bosque. Takesi es un vocablo aymara que significa sufrimiento. “Descender la cordillera, remontar cerros, atravesar ríos y quebradas es un sufrimiento para el cuerpo, pero un regalo para el alma”, dice Jimena Mercado, asesora de comunicación de la Fundación Pueblo.
 La caminata concluye 16 horas después en Yanacachi, un risueño poblado en las faldas de la montaña de la región de yungas donde las plantaciones de coca dominan los picos montañosos. Más adentro, la “hoja sagrada de los incas” cubre inmensos cerros que se pierden en el horizonte. Gran parte de esta coca es legal y está destinada a usos medicinales, rituales y alimenticios de amplia práctica en Bolivia.

 

   
Sabine Glaubitz
DPA
   
 
 
 
Diario Río Negro.
Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina. Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.
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