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Domingo 15 de Octubre de 2006
 
 
 
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  MARTINEZ ESTRADA DESMENUZA EL AJEDREZ
  “El peón, la única pieza solidaria”
Polémico, cuestionado, admirado, Ezequiel Martínez Estrada sostenía que los peones no participan de planes brillantes, pero son expresión de entrega total.
 
 

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Son las únicas piezas que tienen espíritu de solidaridad. Tan débiles y con tal frecuencia amenazadas, que entre ellas parecen formar una colonia, un sifonóforo, a través de cuyos órganos se transmite el estremecimiento de la partida. Los peones atraen, casi siempre, la fuerza más peligrosa del adversario, aquella dispuesta a malgastarse. Sólo en contados casos participan de un plan brillante, porque la misma lentitud de sus movimientos es adversa a las evoluciones rápidas, como si obrasen más eficazmente en calidad de obstáculos. Pero a veces en un peón se afirma, como en su único punto de apoyo, una construcción temeraria; algo así como el pedazo de tierra en que se afirma el pie para dar el salto. Individualmente, no tienen casi fuerza, y tan débiles son por sí como fuertes si se unen.
Regularmente dan a las posiciones un cariz de estáticas. Se diría que los peones fijan la posición. Por eso los finales de piezas mayores en donde limitan su función a ser enteramente pasivos, tienen un signo de violencia, de dramaticidad. En cambio, las aperturas, en las que desempeñan un papel principal dan a la partida otro ritmo; un “tempo adagio”. No solamente sirven de punto de apoyo a las demás piezas, sino de punto de apoyo a la concepción. El pensamiento se ase a ellos fuertemente como a los trapecios el pruebista. Dan al raciocinio y a la imaginación algo semejante a esa inconsciente certidumbre de seguridad y de equilibrio que dan las piernas al hombre que marcha. Parecerían advertir al jugador que tiene que pensar con lo que está sobre el tablero y no con lo que está en su cerebro; dan la realidad.
No sólo son los más pequeños en estatura. Son también niños en la manera simple de pensar que tienen, en la lentitud de su andar, en la actitud implorante en que viven, pues un peón está siempre con los bracitos abiertos hacia las dos casillas laterales, que son las únicas que puede atacar. También son niños porque de su destino muy poco se sabe. Tienen enfrente todo el porvenir, aunque regularmente sucumben destrozados en el tumulto de la vida. El peligro les amenaza desde ocho direcciones, desde cualquier distancia. Ellos sólo pueden atacar dos casillas, es decir: reaccionan en forma desproporcionadamente menor a cómo se les amenaza.
A los peones les es imposible recordar. No tienen pasado. No pueden regresar una vez dado el paso, ni siquiera mirar hacia atrás, como Loth y Orfeo. Miran hacia adelante, y poco, por eso tienen tanta esperanza.
Pero lo que pasó, ya no les pertenece ni como recuerdo. En esto son la fatalidad, lo ineluctable; algo así como la vida misma que nada puede reparar ciertamente, que no puede ser otra vez nada de lo que fue, que no puede traer del pasado ni un día siquiera.
Dijimos que piensan poco. Tienen ideas muy reducidas y muy concretas. Ellos son casi siempre la jugada inmediata en un plan complicado. Si cada una de las ideas componentes de un plan tiene cierta dimensión y cierta fuerza, imposible no advertir que los fragmentos de ideas que les corresponden son las más flojas y cortas. Ya que dijimos pensar, diremos que si la partida es como un poema, ellos cumplen la función de los signos ortográficos, de las vírgulas. Contribuyen a fijar, a concretar el sentido, nada más.
No sólo son la fatalidad en ajedrez, sino que, para propia desgracia, son fatalistas. Tienen una pequeña idea en su cabeza esferoidal, sobre ese cuellito de gola endurecida, la llevan hacia adelante, locos de porvenir, esperando que en el reinado de los cielos (que es la novena casilla, aquella casilla que no existe) han de ser los primeros, y se dejan matar como turcos.
 Además, si la partida tiene un destino, ellos son los juguetes del destino; si bien a veces, por ironía, el destino depende de ellos...

Fragmento del ensayo “Ajedrez”, de Ezequiel Martínez Estrada.

 

   
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Diario Río Negro.
Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina. Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.
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