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Domingo 08 de Octubre de 2006
 
 
 
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  BOB WOODWARD OTRA VEZ AL ATAQUE
  Un libro hace temblar a Bush
Junto a otro periodista, Carl Bernstein, demolió a Nixon por el caso Watergate. Ahora, el ganador del Pulitzer va por Bush y su estilo de ejercer el poder.
 
 

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Ya antes de que llegara a las librerías el nuevo libro del reportero estrella Bob Woodward, la Casa Blanca se preparó para tratar de limitar los daños. Los primeros extractos adelantados de “State of Denial” (algo así como “Negación de la realidad”) electrizaron Washington e hicieron que la obra vendiera miles de ejemplares en las primeras horas.
El mismo día de su salida a la venta esta semana, el presidente George W. Bush salió a responder con un documento titulado “Desenmascarando los mitos” de Woodward. El nerviosismo es visible sin embargo en la Casa Blanca y también comprensible, pues la credibilidad de Bush sufre un enorme golpe cinco semanas antes de las elecciones al Congreso.
Al fin y al cabo, Woodward, ganador del Premio Pulitzer, tiene una fama legendaria por ser quien destapó el escándalo Watergate junto con Carl Bernstein.
Desde la llegada al poder de Bush, Woodward ha publicado ya dos libros que analizan su política de forma crítica pero con comprensión. En esta nueva obra del periodista –que cuenta con fuentes extraordinarias–, se hace en cambio un balance muy negativo de la gestión del mandatario texano al frente de Estados Unidos en los últimos años.
El principal reproche del libro es que Bush traza constantemente –y pontificando– una imagen dulcificada de los éxitos en la guerra de Irak y en la “guerra contra el terrorismo”, pese al enorme escepticismo que rige entre los militares y los servicios secretos. Hay “una gran diferencia entre lo que saben la Casa Blanca y el Pentágono sobre la situación en Irak y lo que dicen públicamente”, escribe Woodward, quien realiza sus afirmaciones con el apoyo de numerosas fuentes cercanas al poder y ahonda con ello las dudas de los estadounidenses en Bush, a quien acusa de llevar al país por la senda del error de forma consciente.
Woodward cuestiona sobre todo al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a quien Bush incluso le perdonó el escándalo de las torturas en la cárcel de Abu Ghoreib. Hasta el comandante de la invasión iraquí, general John Abizaid, opinó ya en el otoño (boreal) de 2005 que Rumsfeld ya no tenía “ningún tipo de credibilidad” para diseñar una estrategia exitosa en Irak.
El ex jefe de gabinete de la Casa Blanca Andrew Card intentó varias veces, junto con la primera dama Laura Bush, convencer al presidente de alejar del cargo a Rumsfeld, según el libro. Card se ha ocupado de desmentir al “Washington Post” esta afirmación, alegando que “las discusiones sobre la reforma del gabinete se hicieron sólo a grandes rasgos”.
Woodward atribuye el papel de ideólogo de la política en Irak al ex secretario de Estado Henry Kissinger. “La victoria sobre los insurgentes es la única posible ‘estrategia de éxito’”, ha afirmado Kissinger, para quien Estados Unidos no puede mostrarse débil, como ocurrió en Vietnam.
Según el libro, el gobierno de Washington ha actuado desde el principio con ignorancia en su política hacia Irak. Pese a que un estudio del Comando Central estadounidense había llegado a la conclusión de que se necesitaban al menos 450.000 soldados en el país persa, se envió menos de un tercio de esas tropas.
Algunos expertos en Irak, como el ex general Jay Garner, reconocieron muy pronto que era un error expulsar de todos los cargos del gobierno a los miembros del Partido Baath de Saddam Hussein, disolver el Ejército y no establecer ningún gobierno de transición.
Mientras que Bush se felicita estos días por las “victorias históricas” y los “momentos decisivos de la historia”, los servicios secretos militares advierten del “aumento de la violencia” en Irak para el próximo año, escribe Woodward.
El periodista también subraya las grandes diferencias dentro del propio gobierno en torno a Irak. Philip Zelikow, principal asesor de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, advirtió al parecer en un borrador a principios de 2005 que Irak era un “Estado fallido” y después hizo hincapié en el peligro de un catastrófico fracaso de Estados Unidos en el país.
Woodward informa acerca de enormes diferencias entre Rice y Rumsfeld y acusa a Rice de haber ignorado claras advertencias de los servicios secretos sobre la amenaza de atentados terroristas dos meses antes del 11 de setiembre de 2001, cuando la funcionaria era la asesora nacional de seguridad.
El portavoz de Bush, Tony Snow, comentó despectivamente que el libro es como los “algodones de azúcar, que se derriten cuando se los toca”. En el gobierno, el estamento militar y los servicios se hacen siempre análisis diversos, pero “la idea de que el presidente rechaza consejos o los ignora es falsa”, aseguró.

 

   
LASZLO TRANKOVITS
DPA
   
 
 
 
Diario Río Negro.
Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina. Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.
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