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Sábado 30 de Diciembre de 2006
 
 
 
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  “Me gustaría mucho ser una actriz de verdad”
 
 

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Preferiría contestar preguntas. Sencillamente no puedo contar toda la historia. Es terrible... ¿Por dónde iba a empezar? ¿Cómo? Tiene tantos recovecos...
–Aún así, todo debió empezar en algún punto. ¿Cuáles son sus primeros recuerdos de la niñez?
–Lo que recuerdo es la lucha por la supervivencia. Yo era todavía muy pequeña, estaba aún en la cuna y ya luchaba por sobrevivir. Pero preferiría no hablar de eso, si no le importa. es una historia sórdida y, como he dicho, no es asunto de nadie más que mío.
“Es cierto que fui hija natural, ilegítima. El primer marido de mi madre se llamaba Baker y el segundo Mortenson, pero ella estaba ya divorciada de ambos cuando nací yo. Cuando era muy joven, siempre me contaban que mi padre había muerto en un accidente de coche en Nueva York antes de que yo naciese. Es muy curioso que en mi partida de nacimiento, donde pone profesión del padre, diga baker (panadero), que era el apellido del primer marido de mi madre. Al nacer yo, mi madre tenía que darme algún apellido. Supongo que debió verse obligada a pensar rápidamente y por eso dijo ‘Baker’. Pura coincidencia... Al menos yo supongo que sería algo así.
“En cualquier caso, mi nombre era Norma Baker. Así consta en mis cuadernos escolares. El resto de las cosas que se han dicho no son más que locuras.
“Durante la guerra trabajé en una fábrica. El trabajo era muy aburrido y la vida bastante terrible. Las demás chicas podían hablar de lo que habían hecho la noche anterior y de lo que pensaban hacer el fin de semana siguiente. Yo trabajaba cerca de la sección de pintura. No había más que hombres. Solían interrumpir su trabajo para escribirme notas.
“Un buen día, la Fuerza Aérea decidió tomar fotos de la fábrica. Yo posé como modelo durante unas cuantas sesiones: sujetando unas cosas, empujando o tirando de otras...
“Las fotografías fueron reveladas en la Eastman Kodak y la gente de la empresa preguntó quién era la modelo. Uno de los fotógrafos, David Conover, volvió y me dijo: ‘Deberías trabajar como modelo. Ganarías fácilmente cinco dólares la hora’. ¡Cinco la hora! Cobraba veinte a la semana por diez horas diarias y tenía que pasarme todo el tiempo de pie sobre un suelo de cemento. Era razón más que suficiente para probar suerte. Además, me permitió hacer realidad uno de mis sueños. De vez en cuando, cuando tenía dinero, iba a clases de interpretación. Eran caras: tenía que pagarlas a diez dólares la hora.
“Conocí a un montón de personas, buenas y malas. A veces, mientras esperaba el autobús, paraba algún coche y el tipo que iba al volante bajaba la ventanilla y me decía: ‘¿Qué estás haciendo aquí? Deberías trabajar en el cine’. Luego me invitaba acompañarle. Yo siempre respondía: ‘No gracias. Prefiero ir en autobús’. De todos modos, la idea de hacer cine no se me iba de la cabeza.
“Por supuesto, mucha gente me decía que por qué no buscaba trabajo como dependienta. En una ocasión lo intenté en Thrifty’s, pero como no tenía estudios superiores se negaron a admitirme. Además, aquello era realmente algo muy distinto. Era modelo e intentaba convertirme en actriz... ¿Por qué iba a meterme en una tienda?
“Se cuentan un montón de historias acerca de esas fotos de calendario. Cuando salieron a la luz, ya había hecho Asphalt Jungle (La jungla de asfalto) y la Fox me había renovado el contrato por siete años. Aún recuerdo que los del departamento de publicidad me llamaron al estudio para preguntarme si había posado para un calendario. Yo les respondí: ‘Sí. ¿Cuál es el problema?’. En fin, lo cierto es que estaban muy nerviosos y me dijeron: ‘No lo admitas. Niégalo’. Yo contesté: ‘Lo hice y autoricé su difusión, así que creo que debería decir la verdad’. Aquello no les gustó. Entonces el cámara de la película se hizo con uno de los calendarios y me preguntó si se lo firmaría. Le dije que sí y le comenté: ‘Este no es precisamente mi mejor ángulo, ¿sabes?’. Los del estudio se pusieron aún más frenéticos.
“Cualquiera que me conozca sabe que no soy capaz de mentir. En ocasiones me callo ciertas cosas o no doy muchas explicaciones para protegerme a mí misma o a terceros, que probablemente no deseen siquiera que lo haga. Pero sería incapaz de decir una mentira.
“La gente tiene mucha gracia. Te preguntan algo y si respondes con franqueza se escandalizan. Alguien me preguntó una vez: ‘¿Qué se pone para dormir? ¿La chaqueta del pijama? ¿El pantalón? ¿Un camisón?’. Y yo respondí: ‘Chanel número 5’. Era cierto. No quería decir ‘duermo desnuda’; ya me comprende, pero ésa era la verdad.
“Llegó un momento en que empecé a ser, por así decirlo, conocida. Y todo el mundo se preguntaba a qué me dedicaría cuando no estaba rodando, porque no aparecía por los estrenos y premieres, ni por las fiestas. Muy sencillo: iba a una escuela. Nunca terminé el colegio, así que asistía a cursos nocturnos en la UCLA porque durante el día interpretaba pequeños papeles en películas. Seguí cursos de historia de la literatura y de la historia de este país. Empecé a leer un montón; cosas de escritores maravillosos.
“Me resultaba difícil llegar a tiempo a las clases porque trabajaba en el estudio hasta las seis y media. Como además tenía que levantarme temprano y estar preparada para rodar a las nueve en punto, siempre estaba cansada y a veces me quedaba dormida en el aula. Pero me obligaba a mí misma a incorporarme y a atender.
“Mi profesora, la señora Seay, no me conocía y le parecía extraño que los chicos de otros cursos se asomasen con frecuencia por la ventana en plena clase y murmurasen entre ellos. Un día les preguntó que a qué venía su actitud y ellos le dijeron que yo era una actriz de cine. Ella respondió: ‘Bueno, debo decir que estoy muy sorprendida. Pensaba que era una jovencita recién salida de un convento’. Es una de las cosas más amables que jamás me hayan dicho.
“Pero a la gente de la que acabo de hablar le gustaba considerarme una starlet: sexy, frívola y estúpida.
“Tengo fama de llegar siempre tarde. Bueno, no creo que sea así todo el tiempo. La gente sólo se acuerda de las veces que no soy puntual. Además, no soy capaz de ir a los sitios tan rápidamente como otras personas. Se suben a sus coches, se atropellan los unos a los otros, no se detienen jamás. Pienso que los seres humanos no deben comportarse como máquinas. Además, es una forma estúpida de perder el tiempo. Rinde más si se hacen las cosas sensatamente, con calma, disfrutándolas. Si llego al estudio y tengo que pasar a la carrera por peluquería, por maquillaje, por vestuario, cuando llega el momento de rodar la escena estoy hecha unos zorros. Cuando hicimos ‘Let’s Make Love’ (El multimillonario), George Cukor decidió que sería mejor que llegara una hora tarde para que estuviese más fresca al final de la jornada. En mi opinión, los actores de cine trabajan demasiadas horas seguidas.
“Pienso que en la actualidad vivimos demasiado acelerados. Por eso la gente se siente nerviosa e insatisfecha, tanto con su vida como consigo misma. ¿Cómo va uno a hacer nada perfecto en semejantes condiciones? La perfección requiere tiempo.
“Me gustaría mucho ser una buena actriz, una actriz de verdad. Y también me gustaría ser feliz, ¿pero quién lo es? Creo que intentar ser feliz es casi tan complicado como intentar ser una buena actriz. Ambas cosas cuestan trabajo, pero es la verdad. Una vez, en Nueva York, estaba con mi abogado, que me estaba hablando acerca de mis desgravaciones fiscales y todas esas cosas. Estaba teniendo conmigo más paciencia que un santo y yo le solté a bocajarro: ‘No me interesa nada de eso. Sólo quiero ser maravillosa’. Si una le dice una cosa así a un abogado, piensa que estás loca.
“Hay un libro de Rainer María Rilke que me ha ayudado mucho, ‘Cartas a un joven poeta’. Ha habido veces en que sin él probablemente hubiera creído que estaba loca. Piensa que cuando un artista... Perdone, pero de veras creo que me estoy convirtiendo en una artista, aunque algunos se rían. Por eso me disculpo. ...cuando un artista intenta ser sincero a veces tiene la sensación de estar al borde de algún tipo de locura. Pero no es verdadera locura. Sólo intentas extraer lo más auténtico que hay en ti y resulta muy duro, ¿sabe? Hay ocasiones en que piensas: ‘Lo único que tengo que hacer es ser auténtica’, pero no es tan sencillo.
“En el fondo siempre he tenido la sensación de que era una impostora o algo así, una farsante. Supongo que todo el mundo siente eso alguna vez. Lee Strasberg, mi profesor del Actors’ Studio, me pregunta a menudo: ‘¿Por qué piensas eso de ti? Eres un ser humano’. Yo le contesto: ‘Sí, lo soy, pero tengo la impresión de que debo ser más’. ‘No’, me responde él, ‘has de empezar por ti misma. ¿Qué estás haciendo?’. Yo le digo: : ‘Bueno, tengo que meterme en el papel’. ‘No, eres un ser humano y debes empezar por ser tú misma’. La primera vez que me lo dijo recuerdo que exclamé: ‘¿Yo misma?’. El replicó: ‘Sí, tú misma’.
“Es probable que Lee haya cambiado mi vida más que ningún otro ser humano. Por eso me encanta ir al Actors’ Studio cuando estoy en Nueva York. Lo único que quiero es hacerlo lo mejor posible, dar todo lo que pueda desde el momento en que la cámara se pone en marcha hasta que se detiene. Durante esos instantes deseo ser perfecta, tan perfecta como me sea posible.
“Cuando trabajaba en la fábrica durante la guerra solía ir al cine los sábados por la noche. Era el único momento en que realmente disfrutaba, me relajaba, me divertía, era yo misma. ¡Qué decepción me llevaba cuando la película era mala! Esperaba impaciente toda la semana el momento de volver y trabajar como una mula para conseguir el dinero que costaba la entrada. Si me parecía que los actores no lo hacían bien o que no ponían interés, salía muy enfadada porque no me sobraba el dinero para aguantar el resto de la semana. Así que siempre tengo la sensación de que actúo para la gente que trabaja duro, que llega a la taquilla y suelta su dinero esperando que a cambio la entretengan. Siento que trabajo para ellos. No me preocupa tanto lo que pueda opinar el director. Eso es algo que he intentado explicarle a menudo al señor Zanuck en la Fox.
“El amor y el trabajo son las dos únicas cosas que de verdad tienen importancia. En realidad, lo demás es irrelevante. Todos necesitamos las dos cosas: tener la una sin la otra no es lo mismo. Mientras trabajaba en la fábrica me sentía orgullosa de hacer las cosas bien, de realizar un trabajo perfecto, tan perfecto como me fuera posible. Y cuando soñaba con el amor, era lo mismo: tenía que ser tan perfecto como fuese posible.
“Cuando me casé con Joe DiMaggio en 1954, él ya se había retirado del béisbol, pero seguía siendo un atleta fantástico y una persona muy sensible en muchos aspectos. Era hijo de emigrantes y su familia lo había pasado muy mal cuando él era joven. Así que él entendía algunas cosas mías y yo entendía algunas de las suyas. En eso basamos nuestro matrimonio, pero entender ‘algunas cosas’ no es suficiente. Nuestro matrimonio no fue especialmente feliz y duró sólo nueve meses.
“Para mí, los sentimientos son tan importantes como mi trabajo. Es probable que sea ése el motivo por el que soy tan impetuosa y al mismo tiempo tan reservada. Me gusta la gente, pero cuando se trata de amigos, sólo me gustan unos pocos. Y cuando me enamoro, soy tan exclusivista que en realidad sólo tengo una idea en la mente”.

EL ENTREVISTADOR 

George Belmont nació en 1909 y se graduó en Inglés en la École Normale Supérieure. Desde 1932 a 1940 compaginó el periodismo para Paris Midi y Paris Soir con la poesía y la crítica en varias entrevistas. Fue director y cofundador de la publicación Volontés. Fue director literario de la editorial Robert Laffont. Posteriormente fue periodista de Paris Match. Fue director de Jours de France, Marie Claire y L’Action Automobile. Es autor de tres novelas y un libro de entrevistas con su amigo Henry Miller titulado “Face to face with Henry Miller: conversations with Georges Belmont” (1971).

   
   
 
 
 
Diario Río Negro.
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