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Sábado 25 de Noviembre de 2006
 
 
 
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  La obra más polémica de un director sin miedos
 
 

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Nadie conoce los horrores de la guerra mejor que un viejo soldado. Por eso, quizá, no debe extrañar que Clint Eastwood, el héroe más antihéroe de la historia de Hollywood, haya tomado una de las imágenes de guerra más llamativas captadas jamás y, fiel a su particular estilo cinematográfico, haya realizado a partir de ella un retrato de la guerra nada convencional.

El análisis sobre la naturaleza del heroísmo y sobre el descarado abuso que de él hicieron los gobernantes es uno de los temas más importantes del último proyecto de Eastwood, del que ya se habla como la coronación de su carrera. Probablemente, la mayoría de los directores no hubieran estado en condiciones de llevar al cine el complejo bestseller sobre la Segunda Guerra Mundial, "Flags of our Fathers".

Pero Eastwood tomó la historia sobre los marines atrapados en una batalla épica y la utilizó como punto de partida no de una, sino de dos películas.

La primera película, "Flags of Our Fathers", debutó con excelentes críticas aunque una tibia venta de entradas esta semana en Estados Unidos. Cuenta la historia de simples soldados capturados por un fotógrafo en la más famosa imagen de la Segunda Guerra Mundial, cuando luchaban por clavar la bandera estadounidense en la isla de Iwo Jima, del Pacífico, entre feroces combates que dejaron 20.000 japoneses y 6.821 estadounidenses muertos.

Eastwood, quien rodó gran parte de la película en las playas de arena oscura de Islandia, muestra cómo los tres marines que izaron la bandera sobrevivieron a la batalla y fueron convertidos en títeres propagandísticos del gobierno en un intento por aumentar el entusiasmo y recaudar dinero para la guerra.

La segunda película, que se estrenará en febrero, es en muchos aspectos mucho más audaz. Llamada "Letters from Iwo Jima", cuenta la historia de la batalla desde el punto de vista japonés.

Dirigida por Eastwood y rodada en japonés, examina los sentimientos y motivaciones de los hombres forzados a una suicida defensa de la isla por un estado imperialista que demandaba el sacrificio máximo.

En los 60 años desde que terminó el terrible conflicto, esta es una de las pocas películas que se atreve a mostrar a los enemigos también como seres humanos. No es una coincidencia que Eastwood asumiera esa posición. A sus 76 años, sigue en la cima de su capacidad como director. Tras el éxito en los Oscar de sus dos anteriores películas, "Million Dollar Baby" y "Mystic River", puede decir lo que quiere y le dan igual las consecuencias.

"De joven fui protagonista de un montón de películas de acción, pero ahora alcancé un momento en mi vida en el que siento que es hora de decir una serie de cosas diferentes que son mucho más importantes para mí que los personajes de fantasía", dijo en una entrevista reciente.

"Es importante darnos cuenta de que la guerra, en el mejor de los casos, es un ejercicio inútil. No habla muy bien de la humanidad que sigamos teniendo guerras, pero hemos tenido guerras desde el inicio de la humanidad. No tengo una explicación para eso".

El ex político republicano (fue alcalde de la localidad californiana de Carmel) también es sincero respecto de la relevancia de las películas en la actual situación política, en la que el gobierno estadounidense manipuló los hechos para justificar su guerra en Irak.

"Cuando la gente me pregunta si esta película es aplicable a la situación actual, digo: 'Bueno, ya sabes, todo lo es... Todo el mundo distorsiona cosas, como las distorsionaban entonces'".

La diferencia, obviamente, está en la razón del conflicto, y también en ese sentido Eastwood habla espontáneamente: "No soy una de esas personas idealistas que cree que la democracia tiene que ser para todo el mundo", dijo en la entrevista. "Eso es ingenuo de nuestra parte. No sé si ellos quieren la democracia".

La mente abierta de Eastwood fue la que lo llevó a cambiar los planes tras iniciar la producción de su proyecto y decidir hacer toda una película entera desde el punto de vista japonés. Como parte de su investigación, leyó un libro sobre el comandante japonés de Iwo Jima, educado en Estados Unidos, el teniente general Tadamichi Kuribayashi, que escribía cartas a su esposa y su hijo.

"Era un sensible hombre de familia que echaba mucho de menos a su familia. Además le gustaba Estados Unidos y consideraba un error entrar en guerra con Estados Unidos", dijo Eastwood. "En nuestra investigación, descubrimos que muchos jóvenes japoneses conscriptos en Iwo eran muy parecidos a nuestros soldados. En otras palabras, no querían estar en la guerra como tampoco lo querían los chicos estadounidenses".

 

ANDY GOLDBERG

DPA

 

   
   
 
 
 
Diario Río Negro.
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