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Sábado 12 de Agosto de 2006
 
 
 
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  Autorretrato a los 55
 
 

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A los cincuenta y cinco años de mi edad aún sigo siendo un hombre imperfecto. Padre de dos hijos y con dos sobrinos a cargo, que no me los ha dado el diablo, soy marido de una sola mujer.

Mi fidelidad se continúa hacia la poesía, un viejo vicio que alterno con otros más serviles. No puedo vivir sin las palabras. Por otra parte, amo la vida y los amigos. El encarnizado ajedrez donde me gusta ganar. El vino chacolí en sus cálidas bordolesas y el tintinear de las copas acogedoras.

En filiación política, persisto en ser peronista, con un sentido crítico y un gran desencanto, más diría un hombre identificado con la Patria Grande.

Con respecto al deporte que es pasión de multitudes, engroso la fila de los de "la mitad más uno", o sea Boca Juniors. Eso sí, no fumo cigarrillos Jockey Club porque dejé de fumar por propia voluntad, pero me gusta aspirar el aroma del buen tabaco y contemplar mi colección de cachimbas.

Descreo de las estructuras religiosas y políticas pero creo en el Jesús de los Evangelios y en la esperanza de los pueblos. He desechado los fanatismos, lo que me permite ascender algunos escalones hacia mi paz interior. Me conforma vivir y vestir sin ninguna ostentación. Me alejo de las discusiones y los pleitos. Y en lo físico cargo la cruz como dijera Vicente Aleixandre "de una mala salud de hierro".

Me deleita leer libros y revistas, hojear diarios y folletos, ver diapositivas de arte, gozar con las buenas películas y caminar mirando la naturaleza de mi pueblo. Me gusta vivir en Valcheta, provincia de Río Negro. Y más me gusta el afecto de su gente.

Tengo también mis fantasmas y en alguna medida trato de liberarme de los espectros y los traumas del pasado que son como una negra noche que cubrió a todos los de mi generación.

Mi padre, el hombre bueno y manso del Evangelio, me legó su infinita humildad. Mi madre, en cambio, la fuerza y la voluntad para arribar al puerto de una vida feliz. Su hombría de bien y su honestidad son los blasones que enorgullecen mi genealogía.

Trato de ser el auriga de mis instintos inconscientes y la única intransigencia que me concedo es para con mis propias actitudes, las que deben ser consecuentes con mi escala de valores y mi forma de pensar.

Aún escucho a Joan Manuel Serrat, a Zitarrosa y La Biblia de Vox Dei, pero también me gusta el chamamé, el Camarón de la Isla, el jazz, los Redondos, la música de Teodorakis, del incomparable Astor y la de Los Beatles. Abrazo a Haendel y estrecho la mano de Beethoven, el patriarca de los buenos.

Y si nombrara a los pintores de mi preferencia (a excepción del Greco, Lautrec, Dalí y El Bosco, cuyos cuadros me deleitan más que una pradera), este autorretrato sería largo y tedioso.

Estoy cercano a las panaderías donde se siente el aroma del pan fresco y crocante de insomnio. Hablando de dormir nunca perdí el sueño por la esfera de Parménides ni por la cuadratura del círculo.

La abundante colección de libros dedicados por sus autores, que ya superan los 500, es el anaquel más querido de mi biblioteca y el que frecuento con mayor afecto. Mis lecturas favoritas son los dos tomos del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, los Pensamientos de Pascal, las novelas de Ramón J. Sender y el Ingenioso don Quijote de la Mancha.

También me conmueve la filosofía de Baruch de Espinoza y T. de Chardin. Entre los escritores argentinos prefiero a Baldomero Fernández Moreno, el Marechal de El Banquete de Severo Arcángelo, Abel Posse, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea y Bioy Casares, a quienes leo y releo con deleite. La lectura de Sábato, en cambio (no puede ser de otra manera), me deja en la boca un regusto a cascajos y en el alma un estropicio prolongado. Si de revistas se trata, la colección de Crisis, Todo es historia y Humer me entretienen y divierten.

Y muchos otros gustos y pequeños hábitos que forman a un hombre, como estar orgulloso de los hijos y sentir algo cercano a la felicidad. De continuar viviendo, sólo de una cosa estoy seguro: continuaré escribiendo con el corazón y con el trazo de mi vieja y querida lapicera Tintekuli.

Soy el mismo Jorge Castañeda de antes pero más viejo. Diría como conclusión del teorema que nació un 23 de agosto de 1951 en la ciudad de Bahía Blanca: un boceto de arcilla que modela las manos de la vida.

 

JORGE CASTAÑEDA

   

JORGE CASTAÑEDA

   
 
 
 
Diario Río Negro.
Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina. Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.
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