Domingo 17 de Enero de 2010 Edicion impresa pag. 43 > Cultura y Espectaculos
60 años sin Juan Benigar
Un repaso por la vida y obra del primer araucanista.

No está del todo olvidado, pero todavía cuesta decisión para encarar la publicación de sus trabajos y manuscritos que -creemos- deben permanecer en el silencio de un reservorio histórico de la capital neuquina. Unos pocos fueron editados y otros -los más- integran sus famosas "libretas" y notas aparecidas en un periódico neuquino. En una publicación sobre su vida se dice que el croata Juan Benigar fue motivado para viajar a la Norpatagonia porque "de niño había leído un libro sobre los araucanos", tema al que dedicaría la mayor parte de su vida patagónica. Faltándole dos materias para el título de ingeniero civil, tomó la extraña decisión.

Había nacido en diciembre de 1883 (Zabreb) y por 1904/1905 publicó en croata una gramática búlgara, indicio de lo que sería la pasión de su vida patagónica -a donde llegó en 1908- y que tendría llamativos pormenores: casamiento con la descendiente catrielera Eufemia Sheypukiñ (revoltijo) Barraza y radicación en la zona de Peñas Blancas (Río Negro). Seis varones y cinco mujeres producto de aquella primera unión. Dado sus estudios universitarios, tareas en canales para irrigación, zona de Catriel, fueron sus primeras armas. Según escrito trabajó con la familia de Javier Dehais y en chacra de Jorge Larrosa (Cipolletti) donde nació su hijo Ñancú. Construyó una casa de adobe para la numerosa familia, realizando de día labores agrarias y de noche lectura y escritura. Políglota reconocido llegó a dominar castellano -que aprendió antes de embarcarse- y también latín, griego, esloveno (idioma natal), búlgaro, ruso, croato, checoslovaco, alemán, italiano, francés, inglés y, por supuesto, araucano.

Por 1925 se trasladó a la cordillera neuquina, valle de Rucachoroy paraje "Manzanal de Poypucón", pero antes había trabado amistad con el escritor e historiador radicado en Neuquén Félix San Martín quién descubrió su talento y lo introdujo en la Junta de Historia y Numismática Argentina (hoy Academia Nacional de la Historia) de la que llegó a ser miembro correspondiente por Río Negro. En aquella oportunidad (1924) San Martín hizo la presentación de Benigar, antes de leer conferencia de su autoría (El concepto del tiempo entre los araucanos), expresando en parte: "Una feliz incidencia me puso en contacto hace tres años con Benigar. De entonces a la fecha he seguido de cerca sus estudios sobre el indio araucano, estudios que comprenden desde su lengua hasta su ética, abarcando todas las manifestaciones de la vida de este aborigen... Sólo un espíritu superior puede haber aceptado la vida en la forma que Benigar vive la suya. Luchando con la miseria en un medio hostil, sin ningún estímulo exterior, desconocido hasta por sus contemporáneos, ha ido acumulando, paciente e inteligentemente, en más de quince años de labor silenciosa y tesonera, un material científico enorme... Hombre de grandes energías, afrontó la lucha con el desierto en condiciones desventajosas, trabajando a jornal en las obras de riego", agregando: "Espíritu observador a poco de convivir con la indiada lo atrajo el estudio de la lengua de estos naturales, tarea para la que estaba singularmente preparado por sus vastos conocimientos filológicos. Ha reunido como he dicho un material inmenso, superior a las cinco mil páginas de apuntes manuscritos... Conozco gran parte de ese tesoro y puedo afirmar que la obra de Benigar lo consagrará uno de los primeros, sino el primer araucanista de todos los tiempos". Parece que San Martín estuvo bastante acertado. En carta al presidente de la Junta, Martiniano Leguizamón, Benigar le agradeció la incorporación y asomaron tres primeros trabajos académicos: "El concepto del tiempo entre los araucanos", "El concepto de espacio entre los araucanos" y "El concepto de la causalidad entre los araucanos", el primero de los citados fue leído por San Martín en el acto académico.

En su residencia neuquina, como medio de vida instaló un telar tipo aborigen, "pequeña industria" textil que llamó "Industria Textil Casera Eufemia Sheypukiñ" como su esposa que falleció allí en 1932.

Luego se casó con otra descendiente aborigen, Rosario Peña, mucho más joven que le dio cuatro hijos, fallecida en 1948. Hizo amistad con el misionero salesiano Ludovico Pernisek quien "le bautizó los hijos ya mayores" y aunque tuvo un hermano sacerdote y misionero franciscano, Benigar no profesó el catolicismo pero sí la teosofía y así lo expresó en su testamento: "Que no se me ponga una cruz, porque no soy cristiano, sino el signo teosófico, estrella compuesta de dos triángulos equiláteros rodeados por una serpiente que se muerde la cola".

Algo llamativo fueron los nombres de los hijos: Ñancú, Laura (Dugutrayén), Marta (Ayerupay), Juan (Llancá), Aníbal (fallecido), Eufemia (Quinturupáy), Alejandro (Manqué), Elena (Kallvurray), Ambrosio (Millañancú), Feliciano (Huenumanqué), Cipriano (Mariñancú), María Ceferina (Gumaray) del primer matrimonio y del segundo con Rosario Peña: Pitágoras (Huemullancá), Sócrates (Quintullancá), Leucadia (Millerallén) y Magdalena (Ayarallen).

Además de los citados tres trabajos araucanísticos fue autor de otros importantes como "La Patagonia piensa", "El problema del hombre americano" editado en Bahía Blanca en 1928 y otros.

Notable: en ninguna de sus publicaciones que hemos leído menciona el término "mapuche" y sí "araucano (s)" e "indio (s)". No sabemos si ello también ocurre en sus escritos inéditos. Juan Benigar presagió su fin, según así lo relató Victorio Sulcic, compatriota y amigo En un manuscrito expresó: "Juan Benigar . Mi testamento a abrir el día de mi muerte. Mis últimas disposiciones que redacto en el patio de mi domicilio el día trece de enero del año del Libertador 1950, ante la posibilidad de mi próximo fallecimiento, con el espíritu sereno y creyéndome en la posesión de todas mis facultades mentales". Pedía se lo enterrara al lado de sus esposas "cajón con cajón".

Recomendaciones para que algunos de sus hijos continuaran la industria textil y que "La biblioteca, en la cual hay algunos libros de mucho valor, que se quede como está, salvo la ordenación y limpieza necesarias, para que sirva a todos los hijos y nietos sin permiso de sacar los libros a domicilio salvo por tiempo limitado con constancia y promesa de devolución por escrito. Mis papeles -agregaba en el testamento- se ordenen y encajonen hasta que aparezca algún estudioso de la familia capaz de aprovecharlos. Mi bendición a todos los hijos y demás descendientes y a sus consortes. Que le sean propicios los Diosos de estas tierras; Gracias por su cariño" (sic).

Al día siguiente Juan Benigar, conocido como "Don Juan" y el "Sabio europeo" estaba sentado debajo de un árbol frente a su rancho "la cabeza reclinada sobre un costado, con la boca un poquito abierta... con los brazos abandonados a lo largo del cuerpo... como si durmiera una siesta tranquilo, feliz de haber terminado la lucha".

Ocurrió el 14 de enero de 1950, hace 60 años, y brindó título para el libro de su amigo Victorio Sulcic: "Juan Benigar, el sabio que murió sentado".

 

HECTOR PEREZ MORANDO

(*) Académico corresp. Neuquén

Academia Nacional de Periodismo

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