Miércoles 10 de Junio de 2009 20 > Carta de Lectores
Lucha libre en lodo

Aunque hay un consenso amplio en el sentido de que sería muy bueno que el destino de la campaña electoral que está en marcha dependiera del resultado de debates corteses entre los diversos candidatos, como hasta cierto punto sucede en Estados Unidos, a esta altura es dolorosamente evidente que en nuestro país demasiados políticos prefieren intentar seducir a los votantes con métodos más primitivos. Convencidos de que lo único que realmente importa es "la imagen", desde hace meses muchos candidatos y sus asesores están esforzándose por hacer lucir la propia, en cuanto les sea factible, y ensuciar la ajena, tarea ésta que les resulta mucho más fácil, de ahí el entusiasmo con el que están procurando desprestigiar a sus adversarios. Por cierto, parecería que es ésta la estrategia elegida por los kirchneristas en su batalla contra el peronista antigubernamental Francisco De Narváez cuya lista, según algunas encuestas, podría aventajar a la del ex presidente Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires.

Como es sabido, De Narváez, un multimillonario, ha gastado una cantidad impresionante de su propio dinero en publicidad con el propósito de informar a los bonaerenses de su existencia, razón por la que puede entenderse el malestar que ha sentido por la aparición sorpresiva de un homónimo en la lista oficialista, un personaje que, según parece, nunca ha manifestado el menor interés por la política pero que, por "portación de apellido", podría desempeñar un papel significante captando votos que de otro modo servirían para aumentar el caudal del hombre de Unión-PRO. Y para colmo, De Narváez -el contrincante de Kirchner, no el otro- se ha visto involucrado en un turbio caso vinculado con la efedrina que está manejando un juez de trayectoria llamativamente dudosa, puesto que se lo ha acusado de casi cuarenta irregularidades, algunas muy graves. Según De Narváez, es una maniobra impulsada por Kirchner con el objetivo de relacionarlo con el tráfico de drogas. De estar en lo cierto, se trata de un escándalo que, dijo, "es inédito y obsceno a veinte días de las elecciones". También es escandaloso que, según se informa, el ex presidente haya atribuido sus embestidas furibundas contra el grupo Techint a las exigencias de la campaña, dando a entender así que los votos le importan mucho más que las consecuencias negativas sobre la marcha de la economía de su voluntad de ensañarse con una de las empresas principales del país, puesto que a causa de sus ataques se ha difundido el temor de que después de las elecciones el gobierno se ponga a estatizar grandes trozos del sector privado.

De todos modos, aunque sería poco realista esperar que la campaña electoral se caracterizara por discursos dignos de Cicerón y debates civilizados de muy alto nivel, pocos se habían preparado para asistir al espectáculo denigrante que nos están deparando los protagonistas. Al entrar el país en el tramo final de la contienda, lo que se discute no son los eventuales méritos del "modelo" kirchnerista o las propuestas, si es que las hay, de los candidatos opositores sino los golpes bajos que están dándose y la desconfianza visceral que producen las encuestas que supuestamente llegan a las manos de los operadores partidarios. Tal situación sería apenas tolerable si el país no se viera frente a problemas muy graves y por lo tanto pudiera permitirse el lujo de concentrarse en pormenores, pero es innecesario decir que éste dista de ser el caso. Por el contrario, al igual que los demás países, la Argentina se ve ante una crisis internacional sumamente confusa y, como si esto ya no fuera más que suficiente, abundan las señales de que "el modelo" con el que se han comprometido con vehemencia extraordinaria la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su cónyuge ya se ha agotado y que por lo tanto será preciso reemplazarlo por otro o reformarlo de manera drástica. Hay, pues, material suficiente para una larga serie de debates sobre temas de importancia fundamental, pero porque al gobierno actual no le conviene, o porque la oposición no ha conseguido convencer a la ciudadanía de la gravedad de lo que está en juego, ya parece nula la posibilidad de que antes del 28 del mes corriente nuestros dirigentes más destacados logren reencauzar la campaña.

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