Compré un lavarropas automático en el mes de noviembre del 2008. Al día de la fecha lo he utilizado tan sólo un mes y medio, ya que ha estado en el service de la firma que me lo vendió más que en casa.
No saben cuál sea el desperfecto: primero dijeron que era un problema de fábrica, luego mala conexión y ahora el gerente de la sucursal Centenario dice que en el Chañar "el agua de red es pesada".
Mi pregunta es: ¿será que sólo llega así a mi hogar?, porque que yo sepa no soy la única que tiene lavarropas. La verdad es que no quieren hacerse cargo. No tengo para abogados y todo eso que llevaría años para solucionar el problema. Me faltan dos cuotas para terminar de pagarlo y ahora no me lo envían ni siquiera roto.
Si dejase de pagar me enviarían carta documento y quedaría como deudora... Señores, han caído muy bajo y no saben cómo remontar. Dejen de arruinar a aquellos que deseamos crecer desde abajo.
Señor gerente, hágase cargo, escriba y firme lo que manifiesta, porque las palabras se las lleva el viento. Desde Defensa del Consumidor me lo solicitan para hacer la denuncia y, dicho sea de paso, tal vez me den alguna solución.
Qué país generoso tenemos, ¿no les parece?
Silvia Marcela Hernández
DNI 21.384.850 - San Patricio del Chañar
N de la R. Este diario se reserva la marca del producto y el nombre del comercio, que están a disposición de las autoridades de Defensa del Consumidor que los requieran.
Felicitaciones a todas las instituciones por el compromiso asumido en la organización de las 1º jornadas de actualización profesional sobre defectos del tubo neural, capacitación a cargo del equipo de profesionales de APEBI. El objetivo de las mismas no sólo fue la capacitación y actualización sino también la prevención de malformaciones congénitas.
Quienes participamos de las mismas evidenciamos la excelente organización a cargo de las instituciones y el nivel de profesionalismo de los disertantes, quienes no sólo se brindaron desde lo académico sino también desde lo humano, compartiendo una jornada de intercambio con padres de niños con discapacidad, personas con discapacidad, docentes y profesionales de la salud.
No podemos dejar de reconocer y valorar el gran esfuerzo, compromiso y dedicación de la señora Gladis Alarcón, quien junto con otros padres de niños con discapacidad promovió este proyecto de capacitación, información y sobre todo prevención.
Cuando hace unos años se planteó el regreso del transporte ferroviario de pasajeros en el Alto Valle, los que investigamos el tema imaginamos un proyecto integral y superador.
En una región con más de medio millón de habitantes distribuidos linealmente en 120 kilómetros, con pésimas vías de comunicación terrestres que atraviesan una zona de producción de alimentos, es casi obvio que el transporte de pasajeros debe realizarse por ferrocarril. La mayoría de la población del Valle vive a menos de dos kilómetros de las vías.
El tren tiene un bajo impacto ambiental, es muy eficiente en el consumo de energía (por pasajero transportado), es muchísimo más seguro que el transporte automotor y debería ser también más rápido y confortable.
Para explotar éstos y otros beneficios hay que realizar importantes inversiones y tener el objetivo de máxima de que la abrumadora mayoría de las personas que se transportan diariamente por cuestiones laborales, administrativas, de estudio, de salud y otras, lo haga por tren y que la existencia del tren también permita movilizarse a personas que hoy no lo hacen; es decir que tenemos una importante demanda existente y una aún mayor demanda potencial.
Para satisfacerlas correctamente necesitamos un corredor por el que puedan circular simultáneamente dos trenes en direcciones opuestas, completamente alambrado, con seguros pasos a nivel y a distinto nivel y preferiblemente electrificado. Con coches motores ágiles y confortables, que cubran amplias frecuencias especialmente en horas pico y con furgón para bicicletas. Con varias paradas a lo largo del recorrido, habilitando nuevas paradas en la terminal de ómnibus y aeropuerto de Neuquén, cerca de las sedes universitarias, de los hospitales y de los barrios más populosos de las ciudades.
Un servicio que realmente otorgue ventajas importantes al estudiante que vive en Neuquén y estudia en Roca, al rionegrino que utiliza el aeropuerto de Neuquén y al trabajador de cualquier barrio, que podrá movilizarse en bicicleta hasta la parada cercana a su casa, subir la bicicleta al tren y bajarse en la parada cercana a su trabajo. Nada muy diferente a lo que ocurre en el mundo y, sin ir más lejos, en Buenos Aires.
La Ruta 22 estaría librada de vehículos de transporte de pasajeros y particulares, disminuyéndose drásticamente la tasa de accidentes y de muertos y beneficiando a las zonas productivas y urbanas cercanas con una menor contaminación auditiva y del aire.
Estamos hablando de inversiones importantísimas. Quizás parezcan utópicas en el contexto actual, pero realmente es un paso adelante en la configuración de las ciudades, en la integración interprovincial, en la eficiencia de las inversiones en infraestructura (aeropuertos, hospitales, escuelas, fábricas, empresas y organismos administrativos), que podrán ubicarse teniendo en cuenta la accesibilidad que este importantísimo servicio les brinda.
Lamentablemente, el mezquino proyecto que va a implementarse muy lejos estará de este ideal. Serán tres frecuencias diarias, que si a alguien le coinciden con sus horarios de trabajo o de estudio será mera casualidad. El transporte automotor seguirá manteniendo la misma cantidad de pasajeros y el tren sólo transportará a una demanda residual. Seguramente generará más trastornos que beneficios, ya que los cerca de cien pasos a nivel seguirán como hasta ahora y los trenes circularán a bajísima velocidad por los mismos, es decir en casi todo el trayecto. Aún no sabemos cuánto tardará el tren en llegar de Roca a Neuquén. Imagino que ante el primer accidente fatal, o ante la primera crisis económica, el tren dejará de funcionar y será uno más de los intentos fallidos.
Creo que en realidad el proyecto a implementarse sólo responde a fines políticos, a decir que se está haciendo algo frente al proyecto ciudadano, y que de ninguna manera va a otorgar beneficios significativos a los habitantes del Valle.
El diccionario dice que un señuelo es "cualquier cosa que sirve para atraer, persuadir o inducir con alguna falacia". Ergo, la verdadera intención de las llamadas candidaturas testimoniales no son otra cosa que la pretensión de engañar con reprobables conductas a ciudadanos indefensos, previamente sometidos a la esclavitud de las dádivas del gobierno, para conculcar sus conciencias y obtener apoyo electoral. Está claro que para ellos los electores no son ciudadanos sino peces, animales o aves a los que hay que pescar o cazar, nunca convencerlos con el respeto a su dignidad, permitiéndoles emanciparse mediante el trabajo de su estado de pobreza e indigencia. Queda expuesta con esas prácticas la inmoralidad que subyace en las conciencias de estos políticos con respecto a lo que realmente piensan de nuestros conciudadanos, que mayoritariamente viven en condiciones infrahumanas.
Parece inacabable la lucha de la lonco y machi Lucerinda Cañumil por la regularización definitiva de las tierras de su comunidad.
A raíz de la nota del 2 de mayo en este medio, referida a este problema, creo conveniente repasar algunos antecedentes para aquellos que no los conocen y para rescatarlos del olvido de aquellos que los conocen pero que de seguro "se olvidarán" de mencionarlos en detalle.
Tengo ante mí la otrora prestigiosa "Revista Patagonia", dirigida por Antonio Torrejón, Vol. IX, Nº 42, julio-setiembre 1989, páginas 41-45 (ver en Biblioteca Mitre de Viedma), que contiene el artículo "Historia de la Reserva Chinquiniyen" de la historiadora Graciela Beatriz Hernández, encabezado por una volanta que dice: "Colaboraciones de la Fundación Ameghino".
Esta autora, compenetrada con el caso y en precisas páginas, reúne los antecedentes documentados de la lucha por la tierra del padre de doña Lucerinda, Francisco, desde su asentamiento en 1908, y las sucesivas presentaciones a las autoridades que recorren los años 1923, 1936, 1940, etc. Y la aparición relevante en 1967 de doña Lucerinda en carta de reclamo al presidente militar Onganía.
Pero además de destacar la historiadora los intentos frustrados del viejo cacique de crear una "Colonia Experimental Pastoril", señala la construcción por ellos de dos pioneras escuelas, donadas al Consejo Nacional de Educación, y de pequeños regadíos (para alfalfares sobre todo) en Chinquiniyen, Río Chico y Chacayhua Ruca.
Pero aprecio que la otra médula del artículo radica en describir el relevamiento de 1972 sobre la situación de esas tierras, "servidas", al igual que hoy día, para las trapisondas de usurpadores.
Luego de ello, el dictado de una expeditiva y protectora resolución, origen en 1973 de la creación por ley de la Reserva Tribu Cañumil, departamento Ñorquinco, sección IX, de 19.950 hectáreas.
¿Quiénes fueron los gestores y ejecutores de este hecho? El capitán de Aeronáutica (RE) Pablo Carballo, subdirector de Tierras y Colonias, su director el agrimensor Horacio Magnères y el subsecretario de Asuntos Inmobiliarios Rodolfo M. Casamiquela. En una de sus páginas hay dos fotografías: una con los nombrados, algunos trabajadores del Estado y parte de la agrupación indígena; la otra, en la que Casamiquela le entrega el título a Lucerinda Cañumil (acompañada por su marido Antonio Quiñenao).
Para finalizar, quiero agregar que solamente dos blancos en el país podían dialogar fluidamente en mapu dungun con la indígena Lucerinda sobre diversas materias a propósito de la profunda cultura mapuche que ella porta.
Estos dos "caucásicos" diré, para horror de los políticamente correctos al mencionar razas -variedades al fin de nuestra sola especie: la Homo sapiens- fueron: el sabio croata y neuquino, casado sucesivamente con dos indígenas, don Juan Benigar (que no la conoció) y el polifacético y polémico científico patagónico Rodolfo M. Casamiquela, fallecido en diciembre del 2008, éste sí interlocutor a lo largo de muchísimos años de esta anciana inclaudicable.