Domingo 01 de Marzo de 2009 Edicion impresa pag. 34 > Sociedad
"Caleta de los Loros", un paisaje de cuento
Sitio de belleza íncreíble, una experiencia distinta en la Patagonia. "Río Negro" lo recorrió para contarlo.

Puerto San Antonio Oeste (ASA) Dentro del corredor de playas que deslumbra en la zona atlántica de la provincia, existe un lugar que no se distingue por lo imponente de sus acantilados, ni por la amplitud de un mar que parece ocuparlo todo, dejando a quienes lo contemplan pequeños ante tanta inmensidad.

Ocultas en una vegetación de estepa y surcadas por anchas lenguas de tierra las arenas de Caleta de los Loros parecen fundirse con el verde de las gramíneas y los pastos salobres que nacen como imponiendo un paisaje inesperado enmarcado en el medio ambiente marino.

La suave pendiente de estas playas y las formas redondeadas que impone la caleta, recuerdan las vastas dimensiones que suelen signar los espacios patagónicos, conformando una pintura en la que el mar no abruma por su omnipresencia, sino que se suma como una pieza más de una composición caprichosa en la que alguien decidió que los intensos verdes que reinan en una pradera se conjugaran con el color dorado de la arena para ser cubiertos de a poco por el despliegue azul de un agua limpia, que se confunde con un horizonte que finge estar al alcance de la mano.

Estas playas (ubicadas antes de llegar a Pozo salado) a las que se accede por la ruta provincial Nº 1, tomando el sendero de ripio que comienza en una desviación cercana a la baliza "San Matías" del Puerto San Antonio Este, luego de transitar aproximadamente 45 kilómetros en dirección a esa villa desde el emplazamiento del puesto caminero, fueron designadas como reserva de uso múltiple provincial en 1984.

Lo particular del paisaje está fundado en que las entradas de las mareas constituyeron un ambiente en el que reinan en total equilibrio especies vegetales, fauna marina y una riquísima avifauna que no solamente se circunscribe a los loros barranqueros que le aportan su nombre al lugar (Ver recuadro aparte).

 

Escenas pintorescas

Al ser una zona rodeada de campos en los que desarrolla una moderada actividad ganadera, no es inusual sorprenderse cuándo al bordear los médanos que enmarcan el paisaje, el visitante descubre qué, como en un espejismo provocado por las altas temperaturas, las vacas aparecen en la playa sumándose a la postal veraniega y haciendo suya la posibilidad de disfrutar de un espacio en el que se solazan junto con los turistas, hasta que el arriero que las condujo al lugar se las lleva marchando en una hilera vacilante que hunde sus patas en la arena.

Estas escenas pintorescas transcurren en medio de la soledad de un paisaje en el que cada veraneante puede sentirse dueño de los sectores de playa, ya que ni una multitud de sombrillas ni paradores con música estridente interrumpen el contacto real con la naturaleza. El perfil de los que visitan el lugar también le aporta su encanto al entorno natural.

Familias con niños pequeños que pueden darse el lujo de que sus chiquitos se sumerjan sin una vigilancia extrema en un mar que por las características del terreno va formando piletas 6 poco profundas de agua cálida dónde disfrutar de intensos chapuzones, mientras que los mayores proyectan probar suerte tirando 6 la red o pescando, son los protagonistas usuales de largas jornadas de playa.

Estos mismos visitantes son los que al caer la tarde pueden maravillarse con las distintas tonalidades de verde que comienzan a tomar protagonismo, mientras el mar avanza desplegando sus azules que se diluyen hasta desaparecer en la blancura de la espuma.

Esa espuma que por unos momentos, parece bordear la estampa de cuento que devuelve la quietud de la Caleta.

 

VANESA MIYAR

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