Domingo 05 de Octubre de 2008 Edicion impresa pag. 42 > Cultura y Espectaculos
Destinos cruzados
Un trágico accidente es el disparador de un drama intenso que, más allá de algunas falencias, sorprende por su austeridad y un elenco de lujo.

Cuando el año pasado "Camino a la redención" (en el original el más atinado "Reservation road", lugar donde ocurre el accidente) se presentó en el Festival de Cine de Austin, el director Terry George afirmaba que la diferencia entre su anterior película, "Hotel Rawnda", y ésta, radicaba en el lugar que cada una le daba al espectador. "En cierto sentido, aunque suene extraño, lo más accesible de esta película es que narra una situación en la que la audiencia puede imaginarse a sí misma en los zapatos de los personajes que aparecen en la pantalla. En "Hotel Rwanda" uno definitivamente apoyaba y sentía el dolor de Paul Rusesabagina pero nunca, ni siquiera por un instante, pensaba que podría hallarse en esa situación", afirmaba el realizador.

La terrible masacre que asoló a África en los noventa, tema que relata la cinta del 2005 protagonizada por Don Cheadle, fue el primer golpe de suerte en la carrera de este habitual guionista. Luego de un drama de proporciones casi épicas, con nominaciones al Oscar y aplausos de la crítica, el director optó por un filme que aparenta ser una pequeña historia, pero cuya simple premisa es relatada con gran intensidad, casi como si fuera una cinta de suspenso, y está alejada de las moralejas a las que al cine americano le gusta tanto recurrir.

Dos familias se cruzan por casualidad. Por un lado, un padre profesor (Phoenix), su esposa (Connelly) y sus dos hijos, Josh y Emma, que vienen de presenciar la actuación del mayor en un concierto musical. Apenas unas escenas son suficientes para observar que esa existencia tranquila de pueblo hace más que feliz a estas personas, lejos de perseguir el gran sueño americano.

Por el otro, un abogado (Ruffalo) que regresa de ver un partido de beisbol junto a su hijo, acuciado por la insistencia de su ex mujer de que el niño llegue temprano a la casa maternal.

Un descuido, la alta velocidad, un celular que suena en el peor momento, esos segundos fatales y el auto del segundo acabará con la vida del hijo del primero. Fatalidad que será acompañada por la fuga del conductor, lo que funcionará como eje fundamental para que el director mueva la cámara de un rostro a otro como un péndulo que nunca se detiene. La mirada del padre que se siente devastado y quiere hallar al culpable, pero no alcanza a recordar algún detalle sustancial para reconocerlo, y la de aquel que, a pesar de ser consciente de su acción, sólo quiere estirar la vida que parece estar recuperando con su propio hijo. Los primeros planos de ambos se suceden tratando de desentrañar las dos reacciones, que terminan siendo mucho más similares de lo que aparentan. No hay opuestos, sólo dos acciones tan humanas como contradictorias. Esto le permite al director enfrentar al espectador con sus propias dudas y la forma en que enfrentaría un hecho semejante. Una procesión que internamente tendrá más de una respuesta, más allá de la reflexión ética que se pueda expresar.

El guión está basado en el libro del mismo nombre del escritor John Burnham Schwartz, quien se encargó de la adaptación junto al director. La crudeza de la película, más preocupada por las miradas que por las palabras de los personajes, la relacionan con la más sólida "Río místico" de Clint Eastwood, que también está basada en una novela y relata un hecho con cierta conexión en la búsqueda de justicia ante la pérdida de un hijo.

Acá las falencias están dadas por algunas propuestas algo inverosímiles del guión, en las que la relación entre los dos protagonistas comienza a tornarse demasiado cercana, hasta que el progenitor de la víctima logra reconocer la voz del hombre tras el volante. Esos detalles donde los caminos de ambos se cruzan, si bien ayudan a brindar más intensidad, parecen poco creíbles.

Dejando de lado este aspecto, "Camino a la redención" es una de esas pequeñas cintas sin pretensiones de premios ni publicidad mundial, que moviliza sin golpes bajos ni discursos aleccionadores. Respira una sequedad desde la primera escena que el director logra sostener durante toda la historia, apoyado en un elenco inmejorable. De los dos actores principales, si bien ambos juegan a la perfección sus tribulaciones, es Phoenix el que saca mejor provecho de su criatura. A su lado, Jennifer Connelly vuelve a lucirse con una interpretación desgarradora que va más allá de su belleza física.

La pérdida de un ser querido y la búsqueda denodada de justicia ha sido abordada por el séptimo arte en infinidad de oportunidades. Desde "El vengador anónimo" hasta la reciente "Valiente" con Jodie Foster, las posturas han sido variadas aunque siempre el "ojo por ojo" termina siendo el camino más transitado. En general las tintas siempre se cargan sobre el culpable, más allá de lo accidental que pueda haber resultado el hecho. En este caso no hay ángeles ni demonios. Como cualquier reacción humana, las contradicciones sobrevuelan el conflicto, y la verdad no siempre es suficiente a la hora de realizar el balance final.

 

ALEJANDRO LOAIZA

aloaiza@rionegro.com.ar

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