Sábado 13 de Septiembre de 2008 Edicion impresa pag. 24 y 25 > Opinion
¿Socialismo K?

El Partido Socialista existe en nuestro país hace 112 años.

Una organización política que logra semejante longevidad sin haber ejercido nunca el poder político del Estado es indudable que tiene un fuerte sustento en la realidad y en la teoría. Si así no fuera, ya hace rato que hubiera desaparecido, como sucedió con tantas organizaciones políticas a lo largo del siglo XX.

En primer lugar -como nos lo recordó Beatriz Sarlo- es un partido político. En segundo lugar, su historia muestra un hilo conductor: la firme convicción de fusionar dos idearios universales como democracia y socialismo, partiendo de la Nación argentina y su pertenencia al sur de América.

A lo largo de tantos años hubo muchas expresiones nacidas del tronco socialista que se sintieron atraídas por acontecimientos internacionales y a veces nacionales, que las llevaron a abandonar alguna de estas convicciones.

Están quienes se deslumbraron por modelos de revoluciones en diferentes partes del mundo y quienes vieron en el nacimiento del justicialismo argentino una oportunidad para poner en práctica sus ideas. Los primeros cometieron el pecado de creer que las experiencias de otros pueblos pueden trasladarse mecánicamente de latitud y longitud y aplicarse mecánicamente como soluciones a nuestros problemas. Los segundos pensaron que ese naciente movimiento podía llegar a tomar las ideas socialistas y concretarlas.

La experiencia muestra que ni unos ni otros acertaron en sus opciones, pero en la mayoría de los casos constituyeron grupos humanos con voluntad y convicciones para llevar adelante el ideario de una sociedad más justa e igualitaria.

Nuestra gratitud a quienes, con aciertos y errores, en condiciones adversas, mantuvieron firme la existencia del Partido Socialista en cada difícil coyuntura de la historia.

Transcurrido el apasionante siglo XX -como nos lo muestra Eric Hobsbawm- la experiencia acumulada tanto en el país como en el mundo deja mucho menos margen de error para analizar opciones y tomar decisiones sobre cuál es el mejor camino para acercarnos a esos ideales sociales.

En nuestra patria, ya sabemos que el justicialismo ha devenido en un partido de masas cuya dirigencia acomoda su programática de acuerdo a los vientos que soplan. También han quedado expuestas las limitaciones del radicalismo y sus diferentes ramificaciones. Ni hablar del destino de muchas experiencias de otras latitudes.

La historia y los hechos concretos de nuestro presente partidario también ratifican la correcta línea histórica del Partido Socialista de unir socialismo, nación y democracia, así como la convicción de apostar a la construcción constante y paciente de una organización como sustento de esa línea.

El Comité Ejecutivo del Partido, inspirado por Juan B. Justo, decía en épocas fundacionales, en La Vanguardia: "El socialismo no es cosa de jefaturas audaces sino de clase trabajadora que asciende a la conciencia de sus intereses. El ritmo de la marcha no interesa como interesa el sentido de la marcha. No la prisa: sí el significado" (Dardo Cúneo, Juan B. Justo y las luchas sociales en la Argentina, páginas 139/140 - Ediciones Solar 1997).

En este sendero, son posibles las estrategias de alianzas con sectores de las dos estructuras políticas señaladas (de hecho lo fueron el Frepaso y la Alianza), pero de ninguna manera puede pensarse que el Partido Socialista pueda alcanzar sus objetivos ingresando a alguna de ellas y, por lo tanto, renunciando a ser un partido independiente.

Estamos muy lejos del año 1945 para pensar en las buenas intenciones de quienes hoy pretendan seguir a Borlenghi y Bramuglia (dos dirigentes socialistas que en 1945 decidieron incorporarse al naciente justicialismo). En el año 2008, cualquier grupo del Partido Socialista que concrete ese paso ya no puede justificarse en la posibilidad de acercar los tiempos del socialismo. Por ello, tenemos derecho a pensar -en el mejor de los casos- que sólo los guían motivaciones personales.

Más allá de sus motivaciones, queda claro que el objetivo de quienes les abren la puerta es destruir el Partido Socialista como organización política independiente. La estrategia es vieja: permitir el pensamiento de izquierda adentro para que capte ese sector del electorado, pero sin capacidad de incidir en el rumbo de la Nación y por fuera nada que represente una opción real de avance socialista.

El Partido Socialista no sólo tiene el derecho a defenderse sino que tiene la obligación histórica de hacerlo para demostrar que en democracia siempre hay posibilidad de construir una alternativa creíble y superadora.

Por ello, afirmamos que no existe el socialismo K. En todo caso se podría hablar de ex socialistas que, abandonando de hecho su partido de origen, han decidido incorporarse al justicialismo donde deberán compartir su ficha de afiliación con el matrimonio Kirchner-Fernández, con Menem, Duhalde, Lavagna, Rodríguez Saá, Miceli, los Fernández, Kohan, Corach, Moyano, Barrionuevo, Reutemann, Gioja y tantos y tantas protagonistas de nuestra historia contemporánea.

Allá ellos.

Aquí nosotros, firmes en la huella de Juan B. Justo, Alfredo Palacios, Alicia Moreau, Guillermo Estévez Boero y Alfredo Bravo.

 

JUAN JOSÉ TEALDI (*)

Especial para "Río Negro"

(*) Congresal nacional

Partido Socialista

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