No se trata de una elección, pero tanto el ex presidente Néstor Kirchner como los representantes de las cuatro entidades agropecuarias darán mucha importancia a la magnitud relativa de las concentraciones que se celebrarán hoy en la Capital Federal. Si bien a primera vista ninguna comparación será válida, ya que el oficialismo no sólo dispone de todos los recursos del Estado más el comprobado poder de movilización del aparato político peronista del conurbano, los sindicatos y las organizaciones de piqueteros que reciben subsidios gubernamentales generosos, sino que también hará lo posible por impedir que contingentes procedentes del interior del país lleguen al Monumento de los Españoles en Palermo, en el gobierno hay quienes temen que el acto convocado por el campo sea más impresionante que el suyo. Después de todo, como a esta altura entienden muy bien, casi todos los que asisten a las manifestaciones en pro de los ruralistas lo hacen por voluntad propia, mientras que las concentraciones oficialistas son producto de una maquinaria política bien aceitada manejada por especialistas. Así las cosas, si a pesar de las muchas desventajas que tendrán que superar los espontáneos derrotan a los movilizados en esta competencia aberrante, el gobierno sí tendrá motivos de sobra para sentirse preocupado. También los tendrán aquellos políticos que, por miedo a las eventuales represalias oficiales, han votado o están por votar a favor de las retenciones, ya que en los próximos comicios legislativos podrían verse castigados con dureza por el electorado.
En la actualidad, el kirchnerismo depende casi por completo de la capacidad de movilización de los antes despreciados "barones" peronistas del Gran Buenos Aires que a un costo enorme le suministran las muchedumbres que con frecuencia creciente se trasladan hacia un lugar u otro para escuchar las arengas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, aunque dichos barones -los intendentes del conurbano que necesitan el dinero con el que el Poder Ejecutivo los premia por sus esfuerzos- siguen estando en condiciones de aportar cantidades respetables de personas a los actos oficiales, ni ellos ni los jefes sindicales pueden garantizar que los asistentes manifiesten entusiasmo por lo que oyen. En los actos más recientes, muchos ni siquiera esperaron a que la presidenta iniciara su alocución porque estaban más interesados en aprovechar una oportunidad para hacer turismo que en contribuir al espectáculo aplaudiendo debidamente a la oradora. Parecería que "los humildes" ya están hartos de ser tratados como ganado por los punteros políticos locales, de ahí la falta notoria de fervor popular genuino en los shows montados para que homenajeen a la presidenta.
Puede que hace algunas décadas el "poder de convocatoria" callejero de los distintos líderes políticos nos dijera algo importante acerca del estado de ánimo de la gente, pero incluso entonces era necesario distinguir entre los actos organizados por expertos por lo común peronistas por un lado y por el otro, los que acompañaron a figuras opositoras que carecían de los recursos utilizados por sus rivales. Antes de las elecciones de 1983, los peronistas lograron movilizar a multitudes mayores que las del candidato radical Raúl Alfonsín, pero éste triunfó en las elecciones por un margen muy amplio. Asimismo, aun cuando haya más gente hoy en la Plaza de los dos Congresos que frente al Monumento de los Españoles palermitano, no cabría duda alguna de que el grueso de la opinión pública desaprueba la actitud sumamente agresiva del gobierno, razón por la que conforme a algunas encuestas la imagen positiva de Cristina se ha reducido al 12%. A la vista de lo que sucede toda vez que el gobierno organiza un acto destinado a hacer pensar que sigue contando con la adhesión de una amplia mayoría, de resultas de las concentraciones paralelas de hoy el gobierno saldrá aún más débil que antes incluso si, para sorpresa de hasta los organizadores, consigue congregar a una multitud enorme, ya que el éxito así supuesto sería atribuido por todos -salvo los oficialistas mismos- al uso indebido del dinero aportado por los contribuyentes y a una campaña de intimidación destinada a disuadir a las familias de arriesgarse participando del acto convocado por las cuatro entidades rurales.