Viernes 27 de Junio de 2008 > Carta de Lectores
Europa se blinda

Luego de un largo período signado por la laxitud en que aproximadamente ocho millones personas indocumentadas lograron asentarse en los países de la UE, el Parlamento Europeo acaba de aprobar, por una mayoría amplia, una ley destinada a armonizar las prácticas nacionales correspondientes que prevé la expulsión de todos aquellos que no tengan los papeles en orden. Por lo demás, quienes no quieran irse en seguida, incluyendo a menores de edad, podrían ser detenidos en centros especiales por hasta 18 meses mientras se tramite su repatriación definitiva. Como no pudo ser de otra forma, la "Directiva Retorno" ha enojado sobremanera a todos los gobiernos latinoamericanos y muchos están pensando en ejercer represalias, pero mal que les pese no cuentan con muchas opciones, ya que las eventuales sanciones que tienen en mente resultarían contraproducentes. Por cierto, reducir el comercio bilateral o discriminar contra las inversiones europeas -como han propuesto mandatarios como el venezolano Hugo Chávez y el ecuatoriano Rafael Correa- perjudicarían más a los países que necesitan el aporte del capital ajeno que a los países inversores. Asimismo, negarse a vender petróleo a los integrantes de la UE, como ha empezado a hacer Venezuela, contribuiría a hacer subir todavía más el precio del crudo, que ya están teniendo un impacto negativo en distintas partes de la región que se ven obligadas a importarlo.

El endurecimiento de la postura europea hacia la inmigración ilegal fue previsible. Durante años los gobiernos de la UE mantuvieron abiertas las puertas por motivos ideológicos y por entender que los beneficios económicos superarían las desventajas, pero últimamente la presión pública en favor de reglas más estrictas se ha intensificado hasta tal punto que no han tenido más alternativa que intentar aplacarla. Es probable que de haberse tratado sólo de inmigrantes latinoamericanos, legalizados o no, las autoridades europeas hubieran dejado las cosas como estaban, puesto que su presencia no ocasionaba muchos problemas políticos, religiosos o culturales, pero sucede que el grueso de los clandestinos procede de África y el Medio Oriente donde las tradiciones son radicalmente diferentes de las de los países de Europa Occidental, lo que ha agudizado la reacción inevitable de quienes se sienten "invadidos" por contingentes enormes de extranjeros de los que algunos no vacilan en hacer gala de su desprecio por los habitantes nativos. Tal actitud puede descalificarse por xenófoba, nacionalista o racista, pero los gobernantes europeos deberían haber entendido a tiempo que la ingeniería demográfica a la que se habían entregado plantearía muchos peligros. Si pueblos con tanto en común como el serbio y el croata no pueden convivir en paz, es poco razonable dar por descontado que no habría fricción entre europeos, africanos y asiáticos.

La indignación que se ha difundido por América Latina se debe no sólo a la agresividad propia de la "Directiva Retorno", sino también a que buena parte de nuestra región está poblada mayormente por los descendientes de europeos que han podido venir sin tener que superar demasiadas barreras. Ser repudiado por la "madre patria" es más doloroso, y más humillante, de lo que sería verse expulsado de un país con el que uno no tiene ningún vínculo afectivo. Sin embargo, por ser tan grandes en Europa las comunidades oriundas de África y el mundo musulmán, los gobiernos europeos no han querido privilegiar de forma evidente a los inmigrantes de países de cultura muy similar a la suya, aunque es posible que de resultas de negociaciones bilaterales terminen haciéndolo. De todos modos, a la larga la mejor solución para los problemas causados por la sensación de que Europa ya está llena y que por lo tanto tendrá que permitir entrar solamente a aquellos inmigrantes que podrían serle útiles sería que los países de América Latina dejaran de expulsar a sus ciudadanos, negándoles las oportunidades económicas, y a veces la libertad política y el respeto por sus derechos fundamentales, que son considerados "normales" en el mundo desarrollado, para que sólo una minoría muy reducida soñara con trasladarse a América del Norte, Europa Occidental u Oceanía por motivos que no tienen nada que ver con los que en la actualidad son, por desgracia, los más frecuentes.

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