Lunes 17 de Diciembre de 2007 Edicion impresa pag. 30 > Sociedad
El inicio
La semana en San Martín de los Andes

Finales de los '80. Luz Sapag ganaba protagonismo político en San Martín de los Andes. Albores de los '90, la señora iniciaba su primer mandato y, por sus modos, bien pudiera haber hecho suya la consigna que flamea con la bandera del Brasil y anida en el corazón del positivismo, "orden y progreso", aunque con pincelada absolutista: "el orden soy yo".

Tres lustros después y sin perjuicio de que su primera medida fue "limpiar" la ciudad y "ordenar" el tránsito, la tres veces intendenta añade matices que vale la pena explorar, con alguna distancia entre el discurso y la acción.

De su mensaje de asunción se ha resaltado la frontal lucha que plantó a la desigualad social. Desde luego, es un dato destacable pero no debiera sorprender en quien, ya con el marasmo que comenzó a notarse del '95 en adelante, había sostenido que "San Martín de los Andes no es Mónaco, aunque algunos se lo creen". Cuando promediaba su segunda gestión y la escasez de recursos apremiaba, los únicos gastos que no recortó fueron los de Acción Social.

Además, la justicia social es una histórica bandera peronista, y el peronismo está en los genes del MPN. Quizá por eso las similitudes en ciertos estilos de personalismo. Pero es allí, sin embargo, donde surgen distingos, al menos discursivos, en Luz Sapag.

La señora hizo profesión de fe en la democracia participativa -todos los políticos lo hacen- pero con involucramiento ciudadano en la toma de decisiones, y base en las organizaciones sociales. Esa sí es una diferencia con sus años de fuerte personalismo, que la llevaron a pelearse con todos los concejales en más de una ocasión. Quizá, ocho años de parlamento le obligaron a aprender el valor de la conciliación.

Pero el llamado a privilegiar el consenso y la calidad institucional, es también una apuesta pragmática. El país, la provincia, el municipio, son distintos a los que Luz dejó en su última gestión. La trama social es más sensible a la crispación, más impaciente ante la falta de resultados, más urgente en las demandas, menos dada a tolerar zanahorias.

Se trata de un fangoso terreno para cualquier político anquilosado en las viejas maneras. Así, la gobernabilidad se alcanza sólo con liderazgo en un proceso que promueva el consenso social y político.

Sapag ha dejado entrever ese norte en su primer mensaje. Ahora viene lo difícil: cumplir el rumbo trazado, como lo demuestra la decisión de cambiar de un plumazo el destino del salón de exposiciones para reconvertirlo "transitoriamente" en oficinas municipales, por falta de espacio.

La medida generó multiplicidad de reacciones contrarias, y un rápido comunicado aclaratorio de la comuna, recalcando la "transitoriedad" hasta construir nuevas dependencias, y la predisposición al diálogo. Pero fue tarde. Porque antes hubo una decisión unilateral, inconsulta y políticamente torpe, por el desgaste innecesario a una semana de asumir, que dejó patitiesos a los hacedores del arte y a aquellos que lo disfrutan. No fue un buen inicio.

FERNANDO BRAVO

rionegro@smandes.com.ar

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