El músico alemán Karlheinz Stockhausen, considerado uno de los pilares de la música electroacústica y uno de los más influyentes compositores de la última mitad del siglo XX, falleció el miércoles a los 79 años.
El músico, que dejó 362 obras propias y fue uno de los primeros en mixturar las nuevas tecnologías con la música tradicional, falleció en la ciudad de Kuerten, cercana a Colonia, donde había nacido en 1928.
Discípulo de los compositores franceses Olivier Messiaen y Darius Milhaud y de los serialistas alemanes, Stockhausen estudió electroacústica, fonética y teoría de la información en la Universidad de Bonn.
En 1953 participó en la fundación del Estudio de Música Electrónica de la radio alemana en Colonia, que se convirtió en uno de los centros mundiales de la experimentación musical.
Considerado uno de los nombres centrales de la música contemporánea del siglo XX, sus primeras composiciones datan de la década del '50, cuando participó del serialismo tonal, tomando contacto con los compositores de la vanguardia musical alemana fuera del dodecafonismo, aunque luego el azar y la improvisación ocuparían gran lugar en su obra.
Sus composiciones "Hymnen", que combinaba sonidos electrónicos con pasajes de himnos nacionales, y "Klavierstücke", una obra para piano que sigue el principio de la música aleatoria, le dieron un nombre destacado en la música internacional.
Excéntrico y polémico, considerado una suerte de "genio loco" y mimado por todos los centros de la vanguardia musical a nivel mundial, Stockhausen estrenó obras en las principales salas del planeta, fue invitado a dar cátedras en las mejores universidades y compuso obras a pedido, extendiendo su influencia sobre músicos tanto de la escuela clásica contemporánea como del pop.
Convertido en un símbolo de ruptura de los modelos clásicos, nunca abandonó los instrumentos tradicionales pero los combinó con las nuevas tecnologías.
En 1954 presentó Study I y Study II, los primeros ejemplos de música electrónica pura construidos a partir de una síntesis aditiva consistente en crear sonidos combinando distintas ondas de forma indefinida, sonidos puros, sin armónicos y con los que inventó una escritura musical propia.
Se destacan también sus obras "Gesang der Jünglinge" (1956), en la que la voz de un joven se mezcla con sonidos electrónicos que salen a través de cinco altavoces independientes o "Stimmung" (1986), donde seis voces exploran durante 70 minutos las posibilidades de un sólo acorde. En 1970 en la Exposición Mundial de Osaka, se interpretó la inmensa mayoría de su obra, en un evento que duró 183 días.