BUENOS AIRES (Télam).- Un voluminoso libro a cargo de Jorge Schwartz reconstruye la vida y obra de Oliverio Girando, un personaje diluido en el anecdotario de la bohemia y una obra vanguardista de gran intensidad, a ratos escamoteada por la crítica.
El poeta no dejaba de someter su escritura a correcciones múltiples, proceso que sintetizó a modo de balance en una frase: "rompí papeles".
Publicó seis libros en vida, entre ellos "Veinte poemas para ser leídos en el tranvía" y "Espantapájaros".
"Oliverio. Nuevo homenaje a Girondo", que publica Beatriz Viterbo a cuarenta años de su fallecimiento, agrega 31 poemas, entre inéditos y dispersos, a una obra experimental que llevó el retorcimiento del lenguaje a su máxima expresión entre el erotismo y un humor negro corrosivo.
Reaparece aquí el Girondo inventor de palabras que ondulan sobre textura surrealista y nos sitúa de cara al absurdo de cada día.
Este "homenaje" paradójicamente a un hombre desafecto a los reconocimientos resulta un material valiosos al incluir, además, un abundante material de cartas, entrevistas, retratos literarios, notas de viaje, caricaturas ignotas, fotos y dibujos del propio Girondo en un recorrido que va de la mirada crítica al apunte biográfico.
Sobresale en el libro el poeta innovador nacido en 1890 (Schwartz corrige el natalicio, ya que se daba como fecha 1891) y el artista animador de la vanguardia, cosmopolita y trotamundo que conecta artistas de distintos países latinoamericanos e impulsa "Martín Fierro", revista clave de las nuevas tendencias estéticas.
Faro de esa revuelta contra lenguajes anquilosados que se daba en forma de "ismos" a nivel internacional, Girondo redacta en 1924 el "Manifiesto de Martín Fierro" con humor y tono provocador, por un arte nuevo: "Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático, que momifica cuanto toca".
El documento fue publicado en el número 4 de la revista y también impreso en volantes.
No cabe duda del lugar que ocupa Girondo poeta de ruptura en un lenguaje de gran originalidad que se indaga a sí mismo como una de las voces mayores de la poesía hispanoamericana, integrando una constelación inicial surgida en los 20, junto a poetas fundadores como el peruano César Vallejo y el chileno Vicente Huidobro.
Ratifica esta valoración Schwartz doctor en Letras y autor entre otros libros de "Las vanguardias latinoamericanas" y un anterior "Homenaje a Girondo" difundido en 1988 aunque, agrega: "cierta crítica académica y testaruda se empecine en catalogarlo como 'humorista'" o en ver en "su última y más lograda poesía" meros juegos verbales.
El Girondo que falleció en 1967 y que alcanzó su un punto más alto de inventiva en su libro "En la masmédula" de 1956, el último que publicó en vida, fue un "compañero de ruta" de muchos poetas jóvenes, sobre todo en los 60. Son los años en que se lo disputan dos tendencias: los surrealistas de la revista Letra y línea y los invencionistas de Poesía Buenos Aires".
Aldo Pellegrini, una de las muchas voces que pueblan este libro, rememora las visitas a ese Girondo "poeta que vive exclusivamente para la poesía, en reuniones donde se entablaban discusiones interminables sobre cualquier tema". Pellegrini asistía con varios poetas surrealistas, entre ellos Enrique Molina y Francisco Madariaga.
Por el lado de Poesía Buenos Aires, este homenaje incluye un poema de Edgar Bayley y una nota de Raúl Gustavo Aguirre, quien a partir de una frase de Girondo "rompí papel durante varios años" lo compara con el silencio de Rimbaud o con los papeles que Kafka, quien ordena quemar sus papeles.
Para Aguirre, el Girondo que rompe papeles es la contracara del escritor de carrera que "aspira a su santificación", afirmándose en cambio en la precariedad, en "la palabra rota en el papel despedazado" y busca en el silencio nuevos sentidos: "la grande y perdurable existencia de Girondo estriba... en esa valentía con que afrontó su destino de poeta".
Entre esos jóvenes que se convirtieron en sus interlocutores, estaba también Francisco Urondo, quien en 1952 lo entrevista para la revista Leoplán. El texto, incluido en el libro, es un repaso exhaustivo a la obra y al personaje.
En este diálogo Girondo ratificaría su no pertenencia a "ismos" ni a dogmas: "yo nunca he pertenecido a escuelas, pero he tratado de beber en lo vivo, no en lo muerto".
Además, sobresale el prólogo que escriben Girondo y Enrique Molina a la traducción de ambos de "Una temporada en el infierno" de Arthur Rimbaud, tratando de explicar la experiencia de trasladar al español una expresión sostienen tallada en la singularidad tanto como "las graduaciones de un sentimiento".