Miércoles 13 de Diciembre de 2006 Edicion impresa pag. 28 y 29 > Internacionales
Pañuelos blancos, lágrimas y vítores de sus seguidores

SANTIAGO (AFP) - "Se fue, se fue mi general", lloraba inconsolable una mujer de edad madura y vestida de rojo mientras miraba cómo la carroza arrastrada por dos poderosos caballos que portaba el ataúd con los restos del ex dictador Augusto Pinochet se perdía tras una esquina de la enorme Escuela Militar de Santiago.

"Tengo mucha pena", repetía mientras enjugaba sus lágrimas y se perdía entre la multitud de familiares, antiguos compañeros de armas y adherentes que despidieron al ex dictador chileno.

Era una entre miles de personas que llegaron hasta los patios de esa academia militar para ser testigos de esta despedida. Flanqueado por cuatro militares, el féretro estaba cubierto con la bandera de Chile a la cual después uno de sus hijos agregó una banda presidencial. Después de los discursos, vítores y aplausos fueron interrumpidos por tres salvas de cañón que sorprendieron al público. Luego vino un minuto de silencio, cuya solemnidad fue interrumpida por un fuerte "¡Viva Chile y Pinochet!". Entonces el himno de los esclavos de la ópera "Nabucco", de Giuseppe Verdi, se oyó por los altoparlantes. Sus adherentes, que exaltan el golpe de Estado de 1973 que terminó con el gobierno de Salvador Allende, ondearon al viento sus pañuelos blancos al ritmo de esa canción .

Mujeres de todas las edades, niños, jóvenes, antiguos oficiales y parlamentarios de la derecha opositora que respaldó la dictadura iniciaron allí un caótico traslado hacia el patio principal de la Escuela para los homenajes militares. "Fue emocionante, muy impactante", declaró un joven oficinista, que negoció con su jefe el permiso para asistir. "Mi jefe es del otro lado, pero entendió que para mí era importante estar acá", dijo entre risas.

Use la opción de su browser para imprimir o haga clic aquí