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Víctor

3 de mayo de 2004

Eran nuestras vacaciones, las tan ansiadas vacaciones: Uno mira el sol y parece distinto, mira los árboles con asombro y detenidamente, como si se llegase a poner en duda si siempre estaban allí, mientras estábamos en nuestra ciudad.
De todos modos, sin hacer análisis filosóficos, el alma está pletórica, se llega al gozo, ...¡que bella es la vida! me dije, que hermoso es este camino. (estamos en La Angostura)
Vamos llegando a nuestro punto con mi mujer,...no nos decimos palabras, no hacemos más que mirar...¡ y admirar! Después miro como a cien metros delante: descubro el lago, ¿cómo describir el lago? Planchado, brillante, espejado tal vez, azul intenso, pero por aquí celeste, las nubes se proyectan en el lago...
Y bueno, seguimos caminando hacia el lago, hacia el puerto, y despierta mi atención que varias personas estaban trabajando en alargar el muelle (nunca ví alargar un muelle de madera)...y nos vamos acercando, llegamos a la playa de grava y piedras, escuchamos nuestros pasos, y para no incomodar porque hay una cinta que no nos permite pasar, nos corremos a un costado.
Eran cinco hombres que en silencio (o en el silencio de la mañana, porque sólo se oían a las bandurrias) trataban de hacer su trabajo. Cada tronco, que después supe eran de coihue, medía 20 pulgadas por 20 pulgadas de grosor, esto es cuadrado, de 60 centímetros por 60 centímetros, las puntas de esos troncos, como si fueran lápices, estaban cortadas “en diamante”... mientras tanto allá en la cabecera del muelle de madera, en la punta, una máquina, cual furioso martillo, golpeaba, golpeaba y golpeaba los troncos para que se vayan calzando en el lecho del lago.
Desde la punta del muelle vienen tres personas, traían algunos restos de los troncos, el primero es ingeniero, fácilmente lo adivino, tenía gesto adusto, de intelectual patentizando que es el que gobierna, aparte por sus ropas uno lo deduciría, más atrás otros dos caminaban con tocones de coihue, restos de algunos cortes, grandes. El primero pasó rápido ante nosotros, como diciendo no molesten, llevando un tocón en cada mano; el segundo también venía con paso ligero.
Más atrás vino otro del grupo, también con dos tocones, pero más grandes, con sus brazos en bandeja y su mentón aprisionándolos. Al pasar delante nuestro, me atreví y le dije:
“Si quiere quedar bien con un turista regáleme una madera”.-Por su gesto ya preví que era un hombre bueno, se rió, me pasó, llegó a la calle, y descargó su pesada carga en la camioneta.- Pensé que se había hecho el zonzo, o que no me había entendido como me ha pasado otras veces, pero escuché que revolvían madera en la camioneta.- Volvió y me dijo: tome, úsela bien ¿eh?. Y yo le dije :bueno...muchas gracias.¿Cuál es su nombre?
“Víctor” me dice.-
Victor ¿Ud está haciendo siempre muelles? (le pregunté)
Y Víctor me dice: “no” (se rie) “yo soy empleado administrativo de Parques Nacionales, pero, ...bueno me mandaron acá a hacer el muelle”
¿Y qué le gusta más: estar en la Administración o estar haciendo el muelle? Le pregunté.
No dudó y repentinamente me dijo: No, haciendo el muelle. El músculo se cansa pero se recupera, en la Administración uno se cansa y no se recupera.
¿Cuánto hace que ingresó a Parques Nacionales Víctor?
Y... allá en el año 74, me dijo, hace 29 años...29 años llevo ya.
Yo le dije: Qué curioso en l974 nosotros nos casamos!
¿No me diga?
Sí, le respondí.
Mi mujer asentía con la cabeza, mientras miraba fijamente a Vïctor, quien lucía overol celeste, camisa celeste, una cara contenta con dos pómulos rojos, dos ojos vivaces, ...Seguimos hablando:
¿Cómo es la vida acá? Víctor
Y..ey...limitada...pero buena.
¿Qué es lo que más siente una persona que trabaja en Parques Nacionales?
Pensó, mirando el piso, levantó su rostro, nos miró fijamente, con dignidad, con gran dignidad y dijo, firme, sin gritar: “orgullo”
¿Orgullo? Le pregunté para buscar una mayor respuesta.
Orgullo de hacer lo que se puede –explicó- pero fundamentalmente orgullo de sentir que esto es la Patria.
No había discurso en sus palabras, era el trasvasamiento del alma lo que este hombre me decía. No había literatura, no había construcción...lo sentía, yo le creo.: Obviamente él lo sentía .
“Gracias Víctor” le dije.”No quiero molestarlo más”.-
No que va- me dijo-
Pregunté: “su familia donde está”...y allí derivamos a otros temas, lo que me permitió minutos más seguirlo mirando... conversando. Mi mujer lo interrogó sobre dos o tres aspectos familiares...Y Víctor se fue.
No se como se llama, por esta carta se denomina “simplemente Víctor”...Y en esto el homenaje a todos los Víctor que no conozco, los Juanes, los Danieles, los Carlos, las Marías, las maestras, los enfermeros, ...a todos los hombres de bien que hay en nuestra tierra, o en nuetra Patria, como decía Víctor.- Millones de hombres de bien, (si así no fuera la patria no existiría), millones de ingenuos, millones de creyentes, de hombres buenos (como mi “viejo”), millones de trabajadores, millones de obstinadas abejas que siguen sintiendo esta tierra-patria como propia, independientemente de lo que privadamente posean.
Gracias Víctor, o mejor dicho: simplemente, Víctor: gracias.-

Ricardo Emilio Planes
DNI nº 8.607.664
Email: anelsan@yahoo.com.ar

 

 

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