Abrir la puerta para ir a jugar

 

 

 

Y con  mirada crítica diré que no es niño quien debo serlo sino a quién dejan ejercer.

 

Bastante sencilla la reflexión. No requiere demasiado análisis. Sin embargo parece que algo tan obvio hay que explicarlo, armar seminarios, congresos, libros, etc.; etc.

 

Tal vez no nos convenza lo natural, algo así como que el sol sale a la mañana o es la mañana porque vemos al sol asomar y lo vemos esconderse por la tarde o es la tarde porque va desapareciendo de nuestra vista.

 

En el otoño caen las hojas de los árboles  y en primavera florecen. Ritmos naturales. Los mismos que aseguran la continuidad de la naturaleza. Ciclos. Natural. Esperable que no es igual a sencillo.

 

La naturaleza es compleja y fascinante. Los ciclos humanos son naturales. Son esperables, son complejos. Pero si a lo ya dado queremos modificarlo porque creemos que no es sofisticado, exigente, nuevo, moderno, estamos en problemas.

 

Jugar es ser niño, es oficiar de tal. Es expresar a través de diversos elementos sensaciones, ideas, razonamientos, temores, malestares. Eso es jugar, hacer que algo sea otra cosa con el acciona de la mirada, del tacto, de la mente. Jugar es hacer posible lo imposible y habitar en ese mundo hasta que llamen para el almuerzo o el timbre del recreo nos diluya del ensueño hasta el próximo encuentro.

 

Del juego se sabe cómo se ingresa pero nunca cómo se sale. Es impredecible. Y eso es lo más interesante. La vida misma está ahí con cajas o en un arenero. Con algunos muñecos o sólo con cordones.

 

Juego trabajo les gustaba decir en el ámbito educativo. Como si el mismo hecho de jugar no fuese en sí mismo lo suficientemente activo como para agregarle algo tan ajeno al niño como el trabajo.

 

Es que el trabajo debe ser ajeno a los niños. Nuevamente aclaro. Los niños no deben trabajar.

 

Los niños tienen derecho a jugar. ¿Y cuándo fue que nos pareció que jugar es tiempo perdido?

 

Por qué fue que no pensamos que si se construye un mundo propio en un juego se  elabora estrategias matemáticas, del lenguaje, se generan hipótesis, se refutan. Por qué no observamos que al jugar  es necesaria la conciliación, modificación, estudios de errores, análisis comparativo…

 

Cuándo y cómo fue que decidimos que las letras fuesen más importantes que crear un mundo diferente con colores inventados. Y después queremos, rogamos y exigimos cambios.

 

Qué cambios podemos lograr si cuando los niños arman mundos nuevos les decimos que no corresponde hacer desorden, no respetar los colores del sol y hacer ruido.

 

Somos tan complejos los adultos que queremos que nuestros hijos sean felices sin juego. ¿Cómo es posible? Si el juego es mundo interno, propio, único, personal.

 

¿Cómo puede ser feliz una persona sin su mundo interno?

 

No está haciendo nada dicen…Está jugando… Y después se preguntan por qué los adolescentes se revelan y los niños se” portan mal”.

 

Sres. Estas generaciones denuncian. Les dimos autoridad para hacerlo pero nos olvidamos de lavarnos las orejas y analizar sus reclamos.

 

Los niños quieren ser ellos. Que sus tiempos de actividad lúdica sea respetada, necesitan compartir su mundo interno con amigos, compañeros y con la familia. Lazos sociales donde se proponga tiempo para compartir, escuchar y poner límites.

 

Los niños piden espacios propios internos. Que sean alimentados. Cuando existen reina la armonía dentro de cada uno. ¿Por qué? Sencillo. Toda situación linda o fea es posible de transformación a partir de la observación, análisis y experimentación otorgada en la actividad lúdica.

 

El juego en el adulto se ofrece  sin duda en la actividad teatral.

 

 

 

Lic. Laura Collavini. Psicopedagoga.

 

www.lauracollavini.com.ar

 

 

Lic. Laura Collavini. Psicopedagoga.

www.lauracollavini.com.arniños dibujando