Ser papás

¡¡¡Acción padres!!!

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¡Luz, cámara, acción!

 

 

Las luces se prendieron ese día que dijeron que eras papá, mamá. Esos largos nueve meses que esperaste para tener un nuevo rol. Padre- madre.

Las cámaras estuvieron listas paulatinamente. De diferentes enfoques, ángulos. Todo para que las escenas del devenir transcurrieran en serenidad.

Bien nació!!!! Urra!!!! Todo está en orden!!! 5 dedos en cada pie. 5 dedos en cada mano. Ojos, oídos, succión más o menos….Bien!!! Nos encaminamos!!!!

¿¿¿¿Qué camino??? Ah!!! No sé! Cuál agarro? Madre sobreprotectora o huidiza? A quién le hago caso? ¿A mi mamá, a la abuela, a mi suegra, al pediatra, a la vecina? Ah!!! ¡¡¡No sé!!!!

¿Habrán pasado las escenas más o menos así en sus días de estreno de maternidad y paternidad? Yo sí. Con título a cuestas y años en asesoramiento a padres las dudas surgían igual.

Poco a poco cada uno toma su personalidad de padre o madre. Asume el rol y va tomando más confianza. Eso se espera al menos.

Aunque debo confesarles que conozco muchos progenitores “Ni”.

Padres “NI”: dícese en el diccionario Collavini Laura-Laura Collavini, de aquellos padres que ni hacen una cosa ni hacen otras.

Se caracterizan por delegar culpa a quién no está presente en ese momento: papá o mamá, docente a cargo tiular, suplente actual o anterior. Pediatra distraído o abuelos sobre protectores.

Son aquellos progenitores que a la orden de: “Hay que hacer algo” tardan en accionar.

La tardanza como el delegar se asemejan en ocasiones a cierto abandono.

-Ay Laura….¡Abandono! ¿No es muy fuerte esa palabra?

-¡Sí lo es! ¿Qué esperan que sienta un niño cuando tiene piojos en su cabecita durante días sin que un peine fino lo haya visitado?

¿Pensaron qué se siente cuando se llega tarde a buscarlo en forma reiterada y siempre es el último?

¿O cuando no conocen el saludo a la bandera por las llegadas tardes permanentes?

¿Qué se sentirá cuando no hay llamados de papá o mamá si no están en casa, cuando los cumpleaños no hay llamados o los hay tarde? ¿Cuando no recuerdan el día del niño o una prueba importante, las fechas de exhibición?

Estar presente queridos padres amigos míos no es casa y comida. Eso era antes. Los tiempos cambiaron, es necesario que se enteren.

Cuando decimos presencia es presencia. Es poner garra y actitud para hacer lo mejor que se pueda y más también. Es abrir los ojos y ejercitar la observación. Es escuchar sin hablar. Es ponerse una y otra vez en el lugar del hijo para tratar de comprender.

Presencia no es queja ni hablar todo el tiempo.

Cuando digo Presencia me refiero a transformarse en ese ser que quiere estar cerca sin ahogar, dejando ser. Es pedir perdón cara a cara. Exigir cuando es necesario. Tirarse al piso para jugar y correr para llevarlos a donde necesiten.

Presencia es decir “Hasta acá” y que comprendan que los espacios propios son tan importantes como los de ellos.

Presencia es dar confianza en cada instante y decir un no sé seguro y claro mientras se busca el diccionario correspondiente.

Bien padres y madres siglo XXI. Acción. Nadie les dijo que sería fácil. Pero nadie les habrá obligado a llegar a este momento.

¡No es tiempo de quejas, lamentos ni más tarde!

Luces prendidas, cámaras instaladas,

¡¡¡ACCION!!!

 

Lic. Laura Collavini

Psicopedagoga.

www.lauracollavini.com.arMAPACHE_m

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La Maternidad y sus desafíos

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¿Siempre las mamás son las mismas? Permítanme dudarlo…

Maternidad y sus desafíos.

“Nunca se deja de ser madre”. “Para las mamás los hijos siempre serán niños”. Dejé todo por mis hijos”. “No lo hice por mis hijos”.

Cuántas y cuántas frases rodean a los hijos…cuánto amor, entrega, renuncias…
Todo se hace por los hijos….

-…Seño, seño!!! ¿Puedo decir algo? “No estoy de acuerdo”
-¡¡¡Qué horror Jaimita!!! ¿Cómo no estás de acuerdo? ¡A dirección!
-Pero seño ¿…Puedo explicarle…? No Jaimita! ¿¿¿Cómo siendo mamá vas a decir esas barbaridades???

¡¡¡Todas las madres tenemos que estar de acuerdo en eso, sino no, no estás dentro del grupo de una buena madre!!! ¡Lo dice el catálogo de cremas de los últimos 5 años y las revistas para la mujer! ¡A dirección ya mismo!

Bien seño…
-Sra. Directora… ¿…Puedo explicarle…?
-Bien Jaimita ¡Pero mejor que tengas una buena razón para decir tal falta de respeto contra Maternidad sagrada!

-Bien, ¿Puedo sentarme? Puede que me extienda un poco…
-Sentate.

Creo que nuestros hijos no son nuestros hijos sino los hijos de la Vida…Claro que me cuesta un poco entenderlo porque en realidad quisiera tenerlos siempre conmigo y que hagan exactamente lo que me parece que está bien…Pero claro sucede que cuando están mucho tiempo cerca como quería me siento ahogada y quiero espacio propio…siento que no puedo realizarme porque tengo que estar pendientes de ellos y es justo el momento cuando me dicen que los deje más libres porque necesitan ellos hacer su propio mundo y es ahí cuando digo que es cierto pero que el mundo está tan complicado que si les llega a pasar algo jamás me lo perdonaría…Y es ahí cuando alguien me dice que el mundo está lleno de peligros y de beneficios y que es inevitable que puedan sufrir tal como me pasó a mí…Entonces creo que quisiera que tengan esa madre que yo no tuve, una mamá atenta, presente que pueda ser compinche pero a la vez poner límites…Y es ahí cuando no me hacen caso y siento que hice todo mal y que al final debería pensar nada más en las cosas de la casa y que nada del afuera me preocupe como era mi abuela, pero claro, me acuerdo también que mi abuela no era feliz…Y es entonces cuando pienso…Y yo?

-Jaimita, ¿Quiere que le recomiende un psicólogo?
-No, lo que quiero contarle es que creo que darle finalmente lo mejor a nuestros hijos no creo que sea entregarle nuestros sueños, que finalmente son nuestra vida. Ellos y cada uno de ellos son un sueño bello, seguramente el más bello de los sueños hechos realidad pero no son los únicos sueños. Para seguir con lo poético diría que si continuamos con tanta fuerza cuidando el sueño, se puede ahogar…Y eso no sería bueno para nadie…
Por ende creo que seguir con mis sueños adelante y compartirlos con ellos puede ser muy interesante porque les muestro que hay que soñar, luchar por lo que se cree.
A veces es cierto que no son sueños. Tengo que limpiar el baño y la verdad es que eso no recuerdo haberlo soñado. Pero ahí pienso que mostrarles que también hay responsabilidades por cumplir es importante, es parte de la vida es por el bienestar de todos.
Claro, lo mismo me sucede cuando en ocasiones la plata que trabajo no es lo que quisiera y todo lo que pensaba hacer no lo logro…
Y pienso… ¿qué exigencia no? Mi mamá casi no miraba mis carpetas, salvo que la seño la haya llamado…No hablaba conmigo y casi no sabía que pasaba en el mundo…
Trabajaba a veces.
Y yo acá…exigida por la sociedad, por mis hijos, mis padres, mi pareja, amigos. El trabajo y la plata. Pero pienso después…
Y yo…qué suerte que tengo mi profesión que amo, que me interesa estar bien en pareja, que puedo pensar en estar atractiva para mí y después para el resto. Qué bueno que tengo hijos a los que puedo amar, cuidar, soltar, retener un poquito.
Qué bueno que tengo sueños aunque a veces me cueste llevarlos a cabo porque me falta tiempo.
Qué bueno que pueda hacerme tiempo para estar con mis hijos y que signifique menos tiempo para mí, porque en definitiva soy feliz cuando sé cómo les va a los chicos en el colegio y pueden confiarme sus secretos.
Y descubro que no hace falta dejar todo por mis hijos. Estoy todos los días con ellos, atenta, compañera. Corro para que hagan sus actividades y yo termino exhausta.
Soy tan diferente a mi mamá, ni decir a mi abuela…tengo que hablar de sexo y de drogas.
¡Y descubro finalmente que todo está buenísimo!
Y un día me hice compinche de mis hijos y los descubro dándome un consejo muy inteligente…y digo…
¡¡¡Caramba que lo hice bien!!!
…Y porque tengo vida propia, ellos tienen ganas de compartir la de ellos, saben que los voy a entender en sus dudas…

Bien Jaimita, por hoy puedes irte…Pero no le digas a la seño que te perdoné…
Perdón Jaimita…Una pregunta… ¿Tenés tiempo para salir con tus amigas?
-Gracia por preguntar. Ellas para mí son esenciales, hago esfuerzos para verlas y cuando lo conseguimos nos sentimos más plenas y con más energías para brindar en casa.
-¿Y tu pareja Jaimita? Es quién me hace recordar que siempre seré mujer. No debo dejar de ser yo misma.
Sería un castigo para mis hijos y la humanidad.

Hasta luego dire.


Lic. Laura Collavini
Psicopedagoga

LCCL
Coaching Lúdico
www.lauracollavini.com

Valores y quejas

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¿Soy yo? Jamás esa implicación…¡De ninguna manera…es esta sociedad que me tocó en suerte!

¿Como marcar valores en un mundo que persigue los éxitos?

Valores y exitismo. Y al escribir esta última palabra la computadora me lo marca como una palabra no reconocida. ¡¡¡Qué bueno, pienso!!! Que algo tan lógico no lo reconozca…tal vez será que podamos comenzar a reflexionar por el camino correcto…
Si en el transitar de la vida existen bifurcaciones, creo que en estos tiempos estamos frente a ellas…

¿Por que digo esto? Y empecemos a diferenciar las palabras. Hablo de valores cuando me refiero a aquellas virtudes que considero que nos enriquecen en el transcurrir diario. Los que me engrandecen como persona y por ende a quienes están a mi alrededor, a los que amo, a los que quiero, los que conozco a quienes me cruzo en un instante. Y como las relaciones humanas son un dominó (Y en esto de jugar con las palabras puedo jugar con ellas y decir que dominó no es lo mismo que domino ni un dominio) todos nos vemos afectados para bien o no tanto, de aquello que hace el próximo, que está cerca de la palabra prójimo.

Y en estos tiempos es habitual oír decir…”Qué me importa que no le venga bien lo que hago…Yo quiero hacerlo y punto”. ¿Cuánto ombligo suelto, no?

Nos quejamos, protestamos contra el gobierno, los ecologistas y la ecología, las religiones y los religiosos, la educación y los educadores, contra los hospitales y los médicos. Protestamos contra el tránsito y los semáforos…y por supuesto nos quejamos de la situación de la juventud, la adolescencia y la niñez. Por sus ausencias de criterios, valores, respeto y formación. Ausencia de ambición o demasiado de ella.

Somos unos grandes quejadores (y qué palabra me acabo de inventar…). ¿A qué te dedicas? Soy “Quejador”.

Y ahí estamos muchas veces, en ese lugar de cierto poder ante el reclamo que consideramos justo y al cual estamos insertos como víctimas…La queja.

Esa instancia que permite reunirnos con amigos y descubrimos que todos nos quejamos por algo. En el colectivo, cuando el otro pasajero que nos toca en suerte al lado, después de contar si hace frío o calor…Nos quejamos…
En la sala de espera…nos quejamos…en la fila del banco…nos quejamos….y sumamos lugares, personas, la queja nos une, nos apasiona…

Es posible que sea nuestro segundo deporte favorito.

Y ahí están los niños…viendo como los grandes quejadores adultos y referentes prenden la TV. y dicen que no hay nada para ver mientras critican al que está ahí, llenándose los bolsillos de la plata de los consumistas quejadores a los que les resulta difícil apagar el aparato cuadrado y sumirse simplemente en una conversación de “no queja”.
Queja y enajenación me tienta en escribirlas juntas porque tienen “J” pero no…es que también es cierto que queja tiene al lado la “e” y la “a” pero no porque en orden inverso…
No…es que estaba tentada en hacer una relación entre la queja y la ausencia de uno mismo y el temor a hacer y no sólo decir algo…porque se me ocurre que si hago algo diferente puedo modificar las cosas en el lugar en que estoy, tal vez no haga falta hacer grandes cambios…Se me ocurrió por un momento que si utilizamos la energía que se nos va en quejarnos en hacer algo diferente…nos logremos sentir mejor…
Puede ser apagar la TV., cambiar de médico, probar otro camino u hs. para llegar a casa, redactar una carta para ser presentada formalmente en el sitio de recibir reclamo…
Pedir una cita con la docente y/o directora en vez de criticar afuera…
Pero no…no sería posible…porque sino…¿¿¿De qué hablaría con la señora Del colectivo? ¿¿¿De mí??
Y en este día de ocurrencias y palabras escritas, inventadas y asociadas pienso si no tendrá relación la ausencia de valores con la queja instalada…pero no…se me ocurre que otra vez me equivoco…si yo como padre hago lo mejor que puedo…

Perdón…no debo tener un día muy brillante…Hago lo que puedo…

Lic. Laura Collavini
Psicopedagoga
www.lauracollavini.com

Los papás piden perdón

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¿¿¿Te parece??? ¡Mis viejos jamás lo hicieron!

Es habitual que recarguemos tintas sobre la educación, los docentes, las escuelas, los días de clase, los feriados…y…¿¿¿La educación en casa???
Hay familias que habitualmente reflexionan acerca de su quehacer como padres, teniendo una mirada crítica constructiva acerca de este quehacer tan complejo. Esta crítica constructiva sería aquella que permite hacer y en ese hacer humano puede estar implicado un error producto de desinformación, ansiedad, mal humor, etc.
Luego de este “error” se permite enmendar a través del diálogo, cambio de actitud incluso por qué no pedido de disculpas. ¿¿¿A los hijos??? Me preguntará algún padre sorprendido. ¡Sí! ¡Claro! De la misma manera que en muchos momentos a diario imparto mi autoridad con muchas órdenes que no se pueden negociar, otras a veces. De esa misma forma que pido me respeten y cumplan con las obligaciones que se les solicita. Con ese mismo tipo de acuerdo implícito que hace a la relación filial es que voy a pedir disculpas.
¿Implica demostrar falta de autoridad? No.
¿Implica que no soy perfecto? Sí, qué bueno. Somos alcanzables. Pero ¡¡¡cuidado!!! Pedir disculpas es más importante de lo que suponemos. ¿Por qué? Porque vamos a explicar por qué nos equivocamos. Qué nos pasó, que supusimos y no era así, por qué reaccionamos mal, etc. Obviamente cabe aclarar que no hago referencia a escenas de maltrato psicológico ni físico en ningún orden. En este escrito me remito a las familias convencionales.
Cuando esto es habitual en el código familiar las disculpas y la explicación no duran más de unos minutos (cortos) y se pasa a otro tema.
Al hacerse esto algo rutinario incorporado a nuestro orden familiar, una forma más de comunicación nos ponemos sobre el tapete, qué quiero decir con esto…que estoy vulnerable a la mirada del otro y en este caso ese otro es nada más ni nada menos que mi/s hijo/s. Exige entonces de mi parte una autoridad más firme. ¿La autoridad de decir SI/NO? No, esa que es fundamental, que nos permite acercarnos cuando es posible, jugar, hacer chistes, ponerse a la par y en 5 segundos tener la capacidad de cambiar de rol. Volvernos papás fuertes e intransigentes.
¿Ejemplo concreto? Domingo a la mañana los chicos pequeños se pasan a nuestra cama. Comenzamos a jugar, cosquillas, chistes, risas, pasan los minutos y los niños comienzan a no poder controlar los impulsos. Comienza un poco de descontrol y en ese momento sin darnos cuenta una cosquilla fue más fuerte y los pellizcamos. ¡Llanto! Nos puede hacer sentir mal, nos damos cuenta que se nos fue la mano. ¡Uh! ¡Perdón hijo! ¡Se me escapó! Puede suceder una respuesta con intenciones de culpa… ¡Ah! ¡No! ¡¡¡Vos siempre me hacés lo mismo!!! ¡¡¡Ahhhhhh!!! ¡¡¡Sos malo!!! Tenemos dos posibilidades de reacción: “No, hijo, perdón, fue sin querer…beso, beso”…etc.…que nos deja en ese lugar de la culpa y en supuesta falta o la segunda que puede ser más enriquecedora para ambos: Bueno, ya te pedí disculpas, fue sin querer. Estábamos jugando. En otro momento te puede pasar a vos. Y hacer caso omiso al llanto, pararse, salir de esa escena y cambiar de tema. Punto.
Este por supuesto es un ejemplo muy sencillo y casi habitual a fines didácticos pero según los momentos familiares, los contextos y las edades pueden observarse más complejos.
La autoridad es fantástica, porque quiere decir que sé de algo. Si voy a una conferencia espero que la persona que la imparte “tenga autoridad” para hacerlo, quiere decir que espero que sepa de qué va a hablar y me resulte interesante. Voy porque confío que van a guiarme para aprender algo más. Si en cambio voy y resulta que el profesor dice, “miren, la verdad no sé muy bien por qué me invitaron, yo pasaba y me llamaron, leí algunas cosas pero”… Esa escena me resultaría decepcionarte, dejaría de confiar en esa institución que lo convocó y obviamente en la persona, posiblemente comenzaría a dudar cuando me anote en alguna otra.
Pero si en cambio ese profesor comienza a hablar, aprendo cosas, me capta la atención, hace callar en forma respetuosa a los que conversan y harían que otros no podamos escuchar, veo que es interesante y en algún momento dice, uh! Perdón, me equivoqué en el dato este. No me va a resultar significativo, tomaré nota de la corrección agradeciendo que se haya tomado la molestia de corregir algo que seguramente sino hubiese aprendido mal.

Comunicación, a través de la mirada, del cuerpo, de las palabras.
Acercarse y alejarse con ritmos y lógica. Un juego fantástico donde todos ganamos.
Nadie nace sabiendo ser padres, por eso no podemos dejar de proponernos aprender en la marcha acompañándonos.

Lic. Laura Collavini
Psicopedagoga
Diseñadora y fabricante de juguetes didácticos.
lauracollavini@hotmail.com
www.lauracollavini.com

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