“Si me preguntás, te cuento”

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papa e hija

“Vos me lo preguntaste”

 

 

Me encantan las nuevas generaciones. Son claras, cristalinas, simples, profundas, sencillas.

Me refiero desde los pequeños hasta los 15 años y es sorprendente como en los más niños estas características se profundizan.

Voy a relatar un hecho que me sucedió. No es la primera vez que me ocurre pero sí me sorprendió la transparencia del hecho.

En el consultorio recibo a un niño de 9 años. Lo conozco ese día y como intento realizar cada vez que comenzamos un encuentro con los niños, me presento, le cuento cómo trabajo y me interesa construir un diálogo.

Mi presentación con ellos es para mi forma de trabajar, primordial. El eje.

Necesito que confíen en mí. Nadie puede confiar en quien no conoce. Entonces les cuento qué hago, qué profesión tengo. Cómo trabajo y qué objetivos tengo para trabajar con cada niño.

Les cuento que este es un lugar para ellos. Que no contaré lo que me cuentan. Al tener la entrevista con los padres haré referencia a cómo los veo y cómo acompañarlos pero nunca a aquello que dijeron.

Les digo también que si ellos están de acuerdo iremos buscando un camino para solucionar la dificultad que veamos.

Es un espacio donde cada uno de ellos es el protagonista y es necesario que tomen conciencia para qué están y que se sientan cómodos.

 

Preservar su identidad es lo que hago en este caso. Sólo los lectores conocerán su edad.

 

Durante el primer encuentro son varias preguntas mías las que suelo realizar en los primeros minutos antes de jugar. Estas pueden solicitar permiso para conocer un poco más acerca de la vida del niño, sus gustos e inquietudes.

No siempre pregunto lo mismo, por supuesto. Tiene relación con la edad, la historia que me presentan con anterioridad los padres y curiosidades o intuiciones que me surgen en el momento donde las miradas, la expresión corporal con su lenguaje tan amplio y rico dicen más allá de las palabras.

En este caso me detuve un momento en su escuela, sus preferencias en materias y luego pregunté: “¿Y tus compañeros?”

-Qué pasa con ellos, me respondió.

-¿Cómo son? ¿Te llevás bien?

-No.

Debo aclarar que la consulta de sus padres se refería específicamente al abordaje de la lengua escrita.

“Contame” Le pedí. Y sin decir más nada me dispuse a escuchar.

“Me molestan desde que estoy en primer grado. Me dicen inútil y varios insultos más. No me dejan jugar y me lo dicen cuando la maestra no los ve ni escucha.”

Sin ocultarle mi sorpresa ante el relato tan simple y claro le re pregunté y pudo ampliar las escenas vividas día tras día. Sin que él pudiera encontrar un camino de salida ante las agresiones psicológicas.

Intervine entonces…“¿Se lo pudiste contar a alguien?”

-No.

-¿Por qué?

Frunció los hombros.

-Me lo contaste apenas nos conocimos, me sorprende.

-Vos me lo preguntaste.

 

Por supuesto. Se lo pregunté. No hice referencia a ninguna agresión ni tampoco la sospechaba ya que acababa de conocerlo y sus padres no hicieron referencia a esto.

Si hacemos un análisis posterior podría inferir algún síntoma que refieran a posibles agresiones pero no es mi intención comunicar eso en este momento.

 

Deseo detenerme en la necesidad de ser escuchado. Simplemente el espacio que le brindé fue de “Encuentro”. Nada más ni nada menos.

Un espacio en el tiempo donde sólo importa lo que al otro le sucede. Sin adivinanzas. Sólo abrirse a conocerse.

No pude más que darle la razón a este sabio de 9 años.

Encontraremos seguramente herramientas para que lo que ahora padece se transforme en una anécdota y que le sirva de experiencia para su vida.

Yo rescato esa sinceridad tan sencilla que me demuestra una vez más la necesidad de:

Ser mirado, no observado,

Ser esperado, no ansiado.

Si podemos simplemente abrir la mente y dejar fluir, todo puede ser más sencillo.

 

Gracias a los niños tan sabios que me permiten entrar a sus vidas, acompañarlos y seguir creciendo y a los papás que confían en mí.

 

Lic. Laura Collavini

Psicopedagoga.

 

www.lauracollavini.com.ar

Facebook: Laura Collavini.

Enajenados

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Enajenados

 

No es una novedad si digo que el ritmo de la escritura y la lectura la estamos perdiendo…Es un placer al que dedicamos cada día menos, es sabido.

Es conocida también la necesidad de aplicar estrategias de enseñanza acordes para facilitar la lectura, comprensión de consignas, respetar las reglas ortográficas. Hacerles comprender a personitas a las que sólo les importa el presente la importancia de no transformar el idioma, es complicado, aunque tal vez algo de este no les agrade y su revelación sea desde ahí…Habría que pensarlo…Porque me sorprende aun la forma que han adquirido en expresar diferente: tkiero…Cuántas letras nos ahorramos en diferenciar con “Te quiero”, exactamente.

No es un mal de los alumnos de edad escolar quienes toman a la ortografía como un casi insulto, preguntando una y otra vez cuál es la diferencia entre vos y voz si en el contexto se entiende igual.

Hacemos ejercicios para mostrarles que no es igual, sonríen y sólo intentan corregirlo.

Pero parecería que casi es una lucha perdida. El amor por grandes autores de la poesía como pensadores quedan relegados a unos pocos.

Así también como la música se modifica, también la moda, los gustos, las relaciones, la duración de las mismas.

Me siento fuera de contexto cuando digo que cuando era adolescente y mi mundo le pertenecía a mis amigos y las palabras hoy utilizadas no formaba parte de mi vocabulario: la previa, alcohol, mucho menos droga y sólo había algunos pocos que fumaban cigarrillos, esos, que se venden en kioscos y se pueden consumir a la vista de todos sin que nos deje mareados.

Pero para serles totalmente sincera, aquello que realmente me preocupa es la “Enajenación”. Y para ampliar la sinceridad es observable tanto en niños, adolescentes como adultos. Sí, sí. Esos señores y señoras que son padres y madres de familia, que trabajan y ganan su pan diario con el sudor de su frente.

Esos adultos que tienen hijos y que disfrutan sentarse frente a t.v a mirar su programa favorito.

¡Enajenados! Y lo reitero. No por insistente, sino para que vuelvan a pensar en el sentido de la palabra. En el diccionario podemos leer que acerca del término dice:

 “Estar fuera de sí una persona, tener turbado el uso de la razón o de los sentidos”.

¿A qué me refiero? Al uso indiscriminado de pantallas. Cualquier tipo, clase y color.

Las relaciones que se establecen a través de las redes sociales son interesantes, por supuesto. El uso que cada uno le de a las herramientas es el eje a debatir.

La tecnología la considero excelente, por supuesto. La utilización que nuestro ser-humano hace de la misma es otra vez el eje de todo.

Es una herramienta para la vida, no a la inversa.

Comenzamos a ser esclavos de ella. Tanto llega esta esclavitud que los padres pueden trabajar más sólo para comprarles a sus hijos la última tecnología. Cuando la tienen los niños transcurren mucho tiempo frente a las mismas. Esas hs. No son utilizadas en compartir tiempo con los padres, jugar con amigos, conocer gente nueva, hacer deportes, arte o incluso aburrirse…tan interesante para abrir la puerta de la creatividad.

¿Observaron cuántas personas beben de más para desinhibirse?

No dije sólo adolescentes. Grandes y no tantos ingiriendo algo extras para disfrutar una salida, un boliche. ¿Para lograr, qué? Evidentemente algo que en sus sentidos controlados no pueden. ¿Por qué?

En muchas ocasiones por falta de entrenamiento. Sólo eso.

Es que no nacemos sabiendo conversar con otros. Compartir, debatir, pelearse, amigarse, sonreir, amargarse, alegrarse. Son entrenamientos sociales. Comienzan cuando nos ponen un nombre, nos sostienen siendo bebés y esperan algo de nosotros. La sonrisa, el balbuceo. La interpretación de cada llanto.

Y continúa. Siempre debe continuar el entrenamiento social. Y si algo nos preocupa o no logramos superar busquemos herramientas para superarlo. Pidamos ayuda.

No nacimos con caparazón como las tortugas. No podemos escondernos. La tecnología funciona como escondite. Precario claro. Pero funciona en muchos momentos.

 

Sé que muchos padres aman la tecnología. Soy una de esas. Y debo confesar que muchas veces deben sacarme de alguna pantalla. En general considero que estoy “comunicándome con alguien”.

No me considero adicta. Pero tengo tendencias a estar “conectada”.

¿Que palabra curiosa, no? “Estar conectada”. Será algo así como estar en relación con. Bien, quiere decir entonces que si estoy conectada al mundo virtual, estoy desconectada del otro. ¿Hay dos? ¡Qué lío! Parece que sí, que ese es el “matete”.

Porque soy persona y que mis relaciones transcurran a través de las pantallas deja afuera parte de mi ser.

El placer de descubrir diversas emociones al encontrarme frente a alguien. Observar gestos al hablar, pasar de un tema a otro. Compartir un mate o la sensación del clima.

 

¿Cuándo considero que alguien está enajenado?

Cuando la música suena fuerte y no me llevan mis pies a moverme.

Cuando no hay registro de los movimientos externos a las pantallas.

Cuando el cuerpo necesita algo extra para despertar.

Cuando resulta más interesante un juego de las pantallas que el mundo externo.

Tenemos piel que pide que nos encontremos con el sol y las estrellas. Que nos llenemos de aire. Permitir a nuestra mente el vacío para que navegue por cielos desconocidos puede ser una buena experiencia. Si no lo es, pidamos ayuda. No nos encerremos ni dejemos que lo hagan.

 

Lic Laura Collavini

Psicopedagoga.

www.lauracollavini.com.ar

 

¡¡¡Acción padres!!!

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¡Luz, cámara, acción!

 

 

Las luces se prendieron ese día que dijeron que eras papá, mamá. Esos largos nueve meses que esperaste para tener un nuevo rol. Padre- madre.

Las cámaras estuvieron listas paulatinamente. De diferentes enfoques, ángulos. Todo para que las escenas del devenir transcurrieran en serenidad.

Bien nació!!!! Urra!!!! Todo está en orden!!! 5 dedos en cada pie. 5 dedos en cada mano. Ojos, oídos, succión más o menos….Bien!!! Nos encaminamos!!!!

¿¿¿¿Qué camino??? Ah!!! No sé! Cuál agarro? Madre sobreprotectora o huidiza? A quién le hago caso? ¿A mi mamá, a la abuela, a mi suegra, al pediatra, a la vecina? Ah!!! ¡¡¡No sé!!!!

¿Habrán pasado las escenas más o menos así en sus días de estreno de maternidad y paternidad? Yo sí. Con título a cuestas y años en asesoramiento a padres las dudas surgían igual.

Poco a poco cada uno toma su personalidad de padre o madre. Asume el rol y va tomando más confianza. Eso se espera al menos.

Aunque debo confesarles que conozco muchos progenitores “Ni”.

Padres “NI”: dícese en el diccionario Collavini Laura-Laura Collavini, de aquellos padres que ni hacen una cosa ni hacen otras.

Se caracterizan por delegar culpa a quién no está presente en ese momento: papá o mamá, docente a cargo tiular, suplente actual o anterior. Pediatra distraído o abuelos sobre protectores.

Son aquellos progenitores que a la orden de: “Hay que hacer algo” tardan en accionar.

La tardanza como el delegar se asemejan en ocasiones a cierto abandono.

-Ay Laura….¡Abandono! ¿No es muy fuerte esa palabra?

-¡Sí lo es! ¿Qué esperan que sienta un niño cuando tiene piojos en su cabecita durante días sin que un peine fino lo haya visitado?

¿Pensaron qué se siente cuando se llega tarde a buscarlo en forma reiterada y siempre es el último?

¿O cuando no conocen el saludo a la bandera por las llegadas tardes permanentes?

¿Qué se sentirá cuando no hay llamados de papá o mamá si no están en casa, cuando los cumpleaños no hay llamados o los hay tarde? ¿Cuando no recuerdan el día del niño o una prueba importante, las fechas de exhibición?

Estar presente queridos padres amigos míos no es casa y comida. Eso era antes. Los tiempos cambiaron, es necesario que se enteren.

Cuando decimos presencia es presencia. Es poner garra y actitud para hacer lo mejor que se pueda y más también. Es abrir los ojos y ejercitar la observación. Es escuchar sin hablar. Es ponerse una y otra vez en el lugar del hijo para tratar de comprender.

Presencia no es queja ni hablar todo el tiempo.

Cuando digo Presencia me refiero a transformarse en ese ser que quiere estar cerca sin ahogar, dejando ser. Es pedir perdón cara a cara. Exigir cuando es necesario. Tirarse al piso para jugar y correr para llevarlos a donde necesiten.

Presencia es decir “Hasta acá” y que comprendan que los espacios propios son tan importantes como los de ellos.

Presencia es dar confianza en cada instante y decir un no sé seguro y claro mientras se busca el diccionario correspondiente.

Bien padres y madres siglo XXI. Acción. Nadie les dijo que sería fácil. Pero nadie les habrá obligado a llegar a este momento.

¡No es tiempo de quejas, lamentos ni más tarde!

Luces prendidas, cámaras instaladas,

¡¡¡ACCION!!!

 

Lic. Laura Collavini

Psicopedagoga.

www.lauracollavini.com.arMAPACHE_m

La Familia Rayada…Para esos momentos que necesitamos despegarnos…

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La familia rayada

 

 

¡Había una vez una familia rayada! El papá rayado de rojo, la mamá color amarillo, la nena celeste y el perro azul.

Vivían muy contentos con sus rayas de colores. La gente los veía pasear y decía “¡Miren, ahí va la familia rayada!” Y ellos estaban orgullosos de sus rayas. Pero sin embargo existía un problema que no podían solucionar. ¡Todos los integrantes de la familia se chupaban el dedo! ¡No podían evitarlo! ¡Primero fue adentro de la casa cuando nadie los veía! Cerraban las cortinas y mirando la t.v se succionaban el pulgar. Nadie hablaba, ni siquiera el perro ladraba para lamerse la pezuña…sólo se podía escuchar “…chuc, chuc, chuc…”.

Lo que sucedió es que pasado el tiempo el dedo pulgar se empezó a transformar. No sólo el de la nena que no podía agarrar la cuchara sin tirar algo, sino que se complicó el problema cuando ¡la mamá no podía cocinar, el padre no podía darle la mano a alguien sin que le pisaran el pulgar de la mano y el perro no podía correr!

Rayados y con los pulgares inmensos y torpes ya no se sentían tan felices.

Pidieron ayuda a un brujo, a un médico y hasta un psicoanalista que los acostó a todos un unas camillas cómodas y los hizo hablar y hablar, pero a la salida corrieron a esconderse en la oscuridad para volverse a chupar los dedos.

La familia, más rayada que nunca pensó y pensó y decidieron hacer un invento. Tomaron algunas rayas de sus vestimentas, agregaron pelos de cada uno, un poco de aceite, crema y un poquito de azúcar.

No eran que fuesen brujos ni que les interesaran esas cosas. Es que estaban desesperados y no sabían muy bien qué hacer. Ante la desesperación a veces se crean cosas

Se lo untaron en cada uno de los pulgares y ¡…OH sorpresa!

El olor que despedía ese menjunje era tan asqueroso que…se acercaron los dedos a la boca y ¡¡¡¡¡¡¡¡¡guacala!!!!!!!! ¡No pudieron! ¡Ni siquiera lavándose las manos!

¡Estaban tan contentos! ¡Pero algo había cambiado! El preparado o las rayas menos de su ropa, o el olor desagradable, no sabían bien…los había cambiado un poco y ya no tenían ganas de chuparse el dedo ni de hacer lo mismo.

El papá tomó una camisa preciosa de lunares…bueno, no sé si era preciosa pero él estaba contento con ella…

¡La mamá una peluca pelirroja y un pañuelo azul, la nena un sombrero con plumas y unos tacos violetas y el nene una camiseta de chacarita que le quedaba re bien!

Y salieron tan felices y orgullosos a la ciudad que la gente no se sabía bien por qué los miraba, si por su alegría o por sus vestimentas originales.

Y esas cosas que suceden…al día siguiente se empezaron a ver por las calles de la ciudad camisas con lunares, sombreros con plumas y Chacarita subió a la “A”…

Nunca supieron por qué si a ellos les había costado tanto dejar de usar rayas ahora todos usaban lo mismo que ellos, pero bue…dicen que el mundo está loco….¿será así?

Enajenados

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Enajenados

 

No es una novedad si digo que el ritmo de la escritura y la lectura la estamos perdiendo…Es un placer al que dedicamos cada día menos, es sabido.

Es conocida también la necesidad de aplicar estrategias de enseñanza acordes para facilitar la lectura, comprensión de consignas, respetar las reglas ortográficas. Hacerles comprender a personitas a las que sólo les importa el presente la importancia de no transformar el idioma, es complicado, aunque tal vez algo de este no les agrade y su revelación sea desde ahí…Habría que pensarlo…Porque me sorprende aun la forma que han adquirido en expresar diferente: tkiero…Cuántas letras nos ahorramos en diferenciar con “Te quiero”, exactamente

No es un mal de los alumnos de edad escolar quienes toman a la ortografía como un casi insulto, preguntando una y otra vez cuál es la diferencia entre vos y voz si en el contexto se entiende igual.

Hacemos ejercicios para mostrarles que no es igual, sonríen y sólo intentan corregirlo.

Pero parecería que casi es una lucha perdida. El amor por grandes autores de la poesía como pensadores quedan relegados a unos pocos.

Así también como la música se modifica, también la moda, los gustos, las relaciones, la duración de las mismas.

Me siento fuera de contexto cuando digo que cuando era adolescente y mi mundo le pertenecía a mis amigos y las palabras hoy utilizadas no formaba parte de mi vocabulario: la previa, alcohol, mucho menos droga y sólo había algunos pocos que fumaban cigarrillos, esos, que se venden en kioscos y se pueden consumir a la vista de todos sin que nos deje mareados.

Pero para serles totalmente sincera, aquello que realmente me preocupa es la “Enajenación”. Y para ampliar la sinceridad es observable tanto en niños, adolescentes como adultos. Sí, sí. Esos señores y señoras que son padres y madres de familia, que trabajan y ganan su pan diario con el sudor de su frente.

Esos adultos que tienen hijos y que disfrutan sentarse frente a t.v a mirar su programa favorito.

¡Enajenados! Y lo reitero. No por ser pesada, sino para que vuelvan a pensar en el sentido de la palabra. En el diccionario podemos leer que acerca del término dice:

 “Estar fuera de sí una persona, tener turbado el uso de la razón o de los sentidos”.

¿A qué me refiero? Al uso indiscriminado de pantallas. Cualquier tipo, clase y color.

Las relaciones que se establecen a través de las redes sociales son interesantes, por supuesto. El uso que cada uno le de a las herramientas es el eje a debatir.

La tecnología la considero excelente, por supuesto. El uso de nuestro ser-humano es otra vez el eje de todo.

Es una herramienta para la vida, no a la inversa.

Comenzamos a ser esclavos de ella. Tanto llega esta esclavitud que los padres pueden trabajar más sólo para comprarles a sus hijos la última tecnología. Cuando la tienen los niños transcurren mucho tiempo frente a las mismas. Esas hs. No son utilizadas en compartir tiempo con los padres, jugar con amigos, conocer gente nueva, hacer deportes, arte o incluso aburrirse…tan interesante para abrir la puerta de la creatividad.

¿Observaron cuántas personas beben de más para desinhibirse?

No dije sólo adolescentes. Grandes y no tantos ingiriendo algo extras para disfrutar una salida, un boliche. ¿Para lograr, qué? Evidentemente algo que en sus sentidos controlados no pueden. ¿Por qué?

En muchas ocasiones por falta de entrenamiento. Sólo eso.

Es que no nacemos sabiendo conversar con otros. Compartir, debatir, pelearse, amigarse, sonreir, amargarse, alegrarse. Son entrenamientos sociales. Comienzan cuando nos ponen un nombre, nos sostienen siendo bebés y esperan algo de nosotros. La sonrisa, el balbuceo. La interpretación de cada llanto.

Y continúa. Siempre debe continuar el entrenamiento social. Y si algo nos preocupa o no logramos superar busquemos herramientas para superarlo. Pidamos ayuda.

No nacimos con caparazón como las tortugas. No podemos escondernos. La tecnología funciona como escondite. Precario claro. Pero funciona en muchos momentos.

 

Sé que muchos padres aman la tecnología. Soy una de esas. Y debo confesar que muchas veces deben sacarme de alguna pantalla. En general comunicándome con alguien.

No me considero adicta. Pero tengo tendencias a estar “conectada”.

¿Que palabra curiosa, no? “Estar conectada”. Será algo así como estar en relación con. Bien, quiere decir entonces que si estoy conectada al mundo virtual, estoy desconectada del otro. ¿Hay dos? ¡Qué lío! Parece que sí, que ese es el “matete”.

Porque soy persona y que mis relaciones transcurran a través de las pantallas deja afuera parte de mi ser.

El placer de descubrir diversas emociones al encontrarme frente a alguien. Observar gestos al hablar, pasar de un tema a otro. Compartir un mate o la sensación del clima.

 

¿Cuándo considero que alguien está enajenado?

Cuando la música suena fuerte y no me llevan mis pies a moverme.

Cuando no hay registro de los movimientos externos a las pantallas.

Cuando el cuerpo necesita algo extra para despertar.

Cuando resulta más interesante un juego de las pantallas que el mundo externo.

 

Tenemos piel que pide que nos encontremos con el sol y las estrellas. Que nos llenemos de aire. Permitir a nuestra mente el vacío para que navegue por cielos desconocidos puede ser una buena experiencia. Si no lo es, pidamos ayuda. No nos encerremos ni dejemos que lo hagan.

 

Lic. Laura Collavini

Psicopedagoga

www.lauracollavini.com.ar

 

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