Aprender diferente no sólo es cuestión del colegio

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¿Qué te inquieta o preocupa de la vuelta a clases?

 

 

La vuelta a clases genera cierto nerviosismo en padres y niños.

Se retoma con el ritmo habitual de hs., tareas, obligaciones. Es una re organización, volver a empezar y también cargamos con mochilas de años anteriores o de nuestra propia vida.

 

Porque en las clases de los niños y en sus mochilas van cargados con:

 

  • Expectativas de los padres en donde se evalúa inconscientemente qué tan buen padre soy, dependiendo de los resultados de los hijos.

 

  • Los padres ponen en sus hijos, generalmente todas las frustraciones propias y todas sus vivencias. Eso implica que puedan cargar con mensajes “ingenuos” las mismas. Ej: “Ojo con quién te juntás.”  “Cuidado con sacarte baja nota”.

 

Discurso de los padres

  • Amenazas sutiles suelen estar cargadas en los discursos de los padres que ipide de cierta forma acompañar y observar realmente el proceso de cada uno.
  • Las palabras de los padres tienen un poder de “Verdad absoluta” ante los hijos. Es un arma que hay que aprender a utilizar.”Sos distraído” es una verdad indiscutible. Una característica de la personalidad. ¿Pudiste concentrarte? Refiere a posibilidad de hacerlo y responsabilidad ante la situación.

 

 

 

Vivencias

 

  • Las vivencias de años pasados deben quedar ahí. Cada día es un aprendizaje nuevo y nuevas oportunidades. Lo pasado tienen en la actualidad calidad de fantasmas. Sólo obstaculizan.

 

  • Si existieron dificultades concretas en años pasados que se sostuvieron en el tiempo y no se encontró una salida es recomendable conversar con los docentes-profesores y en todo caso evaluar si es necesario una consulta con un profesional.

 

Marquemos serenamente la posibilidad que se puede lograr día a día. Mostrémosle cada conquista del fascinante mundo del aprendizaje y socialización.

 

¡Buen año lectivo!

 

Lic. Laura Collavini

Psicopedagoga

www.lauracollavini.com.ar

La Vida está afuera

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La Vida está afuera

 

Niños frente a los dispositivos, adolescentes y muchos adultos llenando sus vidas de rectángulos y cuadrados con pantallas.

Niños que no saben jugar, carecen de formas de expresión, de diálogo y escucha.

Se encierran en sus habitaciones por horas. La tez blanca, ojos perdidos. El cuerpo robotizado. Movimientos rígidos.

Les cuesta comprender los chistes, prefieren estar solos.

No registran el modo de vinculación y no comprenden los códigos del lenguaje. Me refiero a la interpretación de una mirada, de un gesto.

Como no lo comprenden no saben responder y presentan dos opciones: Se retiran otra vez a la soledad o se defienden tal vez sin ataque.

Brevemente describo un perfil. Seguramente quién lo lea reconocerá algún conocido así. Muchos de ellos investigan, saben mucho de diversos temas, crean programas. Otros se recrean en los juegos en línea con otros “amigos” y transcurren noches y madrugadas así.

Una vez más aclaro: La tecnología es simplemente  maravillosa. Es una herramienta para la humanidad, sin embargo nos transformamos en ocasiones en esclavos de ella.

¿Cuántas personas dejan de hablar con otros por estar con su celular? ¿Cuánto abandonamos el registro de nuestro entorno por estar “conectados a la desconexión”?

Madres y padres que olvidan de mirar a sus hijos, niños y adolescentes sin saber comunicarse con otros.

Los chicos muchas veces confunden realidad y ficción cuando pasan tanto tiempo en las pantallas.

Los adultos generan discusiones por malos entendidos por mensajes de texto.

 

“La vida está afuera”

Los problemas de aprendizaje, de conducta, de relación seguirán sucediendo si la relación más importante se establece con una pantalla.

Los niños muchas veces carecen de códigos y los adultos no hacen mucho para que lo instalen.

Si sos papá o mamá observá si tu hija/o tiene este perfil. Desconectá las pantallas de cualquier forma y estimulá el juego:

LLevalo a la plaza.

A un club

Al río/lago/pileta

Invitá a algún amigo/a y que juegen sin pantallas. Organizá juegos de mesa, a veces no hace fala que sean complejos. Mirá cuantas cosas ocurren sólo jugando a las cartas.

Poné música. Caminen.

Hablá con ellos.

Si sos docente:

Estimulá el diálogo.

Que los chicos estén en silencio en el aula para escuchar una voz a la vez.

Observá si cada uno juega, a qué, con quién y de qué forma. Fijate si prefiere quedarse solo o si no lo invitan a jugar.

Proponé juegos en equipo.

La base de la educación está en casa y la escuela acompaña. Acompañar significa también registrar y hacer algo para el cambio.

La Vida está fuera de las pantallas, no te desconectes a ella.

 

 

Lic. Laura Collavini

Psicopedagoga

www.lauracollavini.com.ar

Muéstrame como juegas y te diré muchas cosas…

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Una pequeña sonrisa se dibuja en mí cuando escucho que cada vez más se habla del juego, no sólo de la pérdida que fue dando la tecnología en esos espacios, sino cómo paulatinamente se va poniendo en valor la necesidad de la actividad lúdica cómo espacio de Vida.

En varias oportunidades algunos adultos me preguntan cómo se hace para saber qué le pasa a un niño si solo se juega. Claro, no los medico, ni reviso su cuerpo, no invado. Simplemente nos comunicamos a través del juego.

“¿Cómo hacés para trabajar desde ahí si tampoco les das tarea?”

 

En el transcurso de la historia se desmereció el Juego. Asociado con ludopatía, pérdida de tiempo. Espacio de transcurrir tiempo, sin más.

 

El juego es un espacio de encuentro con uno mismo, con el otro. Pueden ser juegos de intercambio, competitivos, cooperativos. Juegos simbólicos, reglados. Juegos lingüísticos, corporales.

Cada uno de ellos marca una posición en el transcurrir en el mundo en ese instante. Cuentan qué se siente, dependiendo de cómo se juega en muchas ocasiones revelan la edad de la persona. La forma de hacerlo cuenta acerca de su modo de relación y es a través de este lugar donde podemos modificar algo, si es necesario.

El momento del juego es un espacio mágico: el que lo experimenta sabe de qué hablo y el que no tuvo la experiencia aun espero que sean mis palabras una iniciativa para que se atrevan a hacerlo.

No es necesario ser niño. El juego es una actividad que nos convoca a todos.

Los lugares similares y que parte de esta magia poseen son sin duda cualquier expresión artística y deportiva.

Son espacios donde no importa nada más que eso que se vive. Si alguien viene desde afuera posiblemente se sienta invitado o rechazado, sin medias tintas. La personalidad completa está puesta en escena. Ganar, perder, mostrar, ocultar, callar, gritar…

Jugar es expresarse, soltarse, animarse, crecer, verse, cambiar, volver. Rescatar. Tener un espejo propio y de otros que devuelven miradas diferentes de una misma imagen.

La persona que juega sin duda es más tolerante, comprende con mayor facilidad al otro, se adecua a los cambios sin demasiada dificultad, cuenta con herramientas para deshacerse de los obstáculos que se presentan.

Son más dispuestos, alegres, expresivos.

Una de las preguntas más importantes que les hago a los papás cuando me presentan a su hijo es: ¿“A qué juega”?

La respuesta y el modo en contestar ya me está comentando qué le sucede al niño y cómo debo abordarlo.

Jugar es primordial.

Cada uno puede hacerlo desde su personalidad, no creo que exista un modo específico.

Se puede jugar sentado o bailando como si fuese la última vez.

Muchos adultos descubren luego de ser abuelos su capacidad para jugar.

No es cierto que sea una condición esencial tirarse al piso a jugar o correr todo el tiempo.

Jugar es expresión personal. Puede ser un buen inicio para descubrir cuál es el modo de cada uno.

Jugar=Bien estar= Defensas=Comunicación=Expresión=Posibilidad de resolución de conflictos, y más y más y más!!!

 

Lic. Laura Collavini

Psicopedagoga

www.lauracollavini.com.ar

 

niños dibujando

¡No podrás escaparte!

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                                 Nos mostraron. Nos hicieron. Nos formaron

 

 

 

Penetra en la piel, en la sangre. Atraviesa mares y desiertos. No se rige por tiempos ni madurez.

No sabe de pérdidas ni desengaños.

Inquebrantable. Jamás abandonará.

Si quisiéramos abandonarla tendríamos que transitar un camino muy extenso y así, al final del camino y agotados por el esfuerzo diríamos que pudimos cambiar sólo algunas cosas.

 

Posiblemente podemos revisar, intelectualizar, reflexionar, separar lo bueno a lo malo. Observarnos detenidamente. Registrar contextos, actuaciones, verbalizaciones.

Cada una de estas instancias nos dará la posibilidad de conocer pero no implica deshacernos de ella.

 

¿Será que la transmisión cultural tiene tanto poder? Aquello que se engloba dentro de un idioma “materno” (que nos es transmitido antes de nacer) la forma de relacionarnos, de pensar en la vida.

La religión, con sus creencias, leyes e imposiciones.

Ser hombre, ser mujer. Un ser en el mundo. Todo eso nos fue transmitido.

Y aunque nos atraviese a todos “la humanidad” y eso nos “reúna” la cultura con su poder puede continuarlo o realizar el acto contrario.

Vivir la vida de Oriente medio por ejemplo podría resultarnos a los nacidos en Occidente, en América Latina muy complejo. Y al decirlo no implica un juicio de valor de “bueno” o “malo”. ¡Tiene relación con la cultura que no sabe de juzgar!

 

Lo que nos dijeron que sucedería si hacíamos una cosa o la otra.

Paso a paso, gesto a gesto, palabra tras palabra nos fueron tallando hasta sin quererlo la cultura y gran parte el ser que hoy somos.

 

 

Y en todo eso elegimos día a día. Y miramos, opinamos. Tenemos hijos y seguimos girando la rueda. Y la rueda gira y se recrea, se modifica.

 

Y a veces la incomodidad nos llega. Eso que no queremos pero aceptamos calladamente. Porque somos así y aceptamos que todo seguirá igual. Podemos mudarnos, emigrar. Separarnos, casarnos. Pero posiblemente sólo logremos despojarnos de algunas cosas de nuestra cultura materna.

 

¿Es un mensaje desalentador?

Rpta: -“Nunca es triste la Verdad, lo que no tiene es Remedio”

-         No lo creo, sólo debemos ser concientes desde dónde nos comunicamos.

-         Cuando sabemos (que implica conocimiento profundo) tenemos más herramientas para elegir.

-         ¡Qué bueno que podemos ser parte de una cultura!

 

 

Atención: Somos también transmisores de la misma. Y si lo hacemos concientes tenemos la capacidad de ir variando las incomodidades, puliendo, mejorando.

 

¿No me digan que no es un buen desafío?

 

Lic. Laura Collavini

Coaching Lúdico

www.lauracollavini.com.ar

 

“Si me preguntás, te cuento”

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papa e hija

“Vos me lo preguntaste”

 

 

Me encantan las nuevas generaciones. Son claras, cristalinas, simples, profundas, sencillas.

Me refiero desde los pequeños hasta los 15 años y es sorprendente como en los más niños estas características se profundizan.

Voy a relatar un hecho que me sucedió. No es la primera vez que me ocurre pero sí me sorprendió la transparencia del hecho.

En el consultorio recibo a un niño de 9 años. Lo conozco ese día y como intento realizar cada vez que comenzamos un encuentro con los niños, me presento, le cuento cómo trabajo y me interesa construir un diálogo.

Mi presentación con ellos es para mi forma de trabajar, primordial. El eje.

Necesito que confíen en mí. Nadie puede confiar en quien no conoce. Entonces les cuento qué hago, qué profesión tengo. Cómo trabajo y qué objetivos tengo para trabajar con cada niño.

Les cuento que este es un lugar para ellos. Que no contaré lo que me cuentan. Al tener la entrevista con los padres haré referencia a cómo los veo y cómo acompañarlos pero nunca a aquello que dijeron.

Les digo también que si ellos están de acuerdo iremos buscando un camino para solucionar la dificultad que veamos.

Es un espacio donde cada uno de ellos es el protagonista y es necesario que tomen conciencia para qué están y que se sientan cómodos.

 

Preservar su identidad es lo que hago en este caso. Sólo los lectores conocerán su edad.

 

Durante el primer encuentro son varias preguntas mías las que suelo realizar en los primeros minutos antes de jugar. Estas pueden solicitar permiso para conocer un poco más acerca de la vida del niño, sus gustos e inquietudes.

No siempre pregunto lo mismo, por supuesto. Tiene relación con la edad, la historia que me presentan con anterioridad los padres y curiosidades o intuiciones que me surgen en el momento donde las miradas, la expresión corporal con su lenguaje tan amplio y rico dicen más allá de las palabras.

En este caso me detuve un momento en su escuela, sus preferencias en materias y luego pregunté: “¿Y tus compañeros?”

-Qué pasa con ellos, me respondió.

-¿Cómo son? ¿Te llevás bien?

-No.

Debo aclarar que la consulta de sus padres se refería específicamente al abordaje de la lengua escrita.

“Contame” Le pedí. Y sin decir más nada me dispuse a escuchar.

“Me molestan desde que estoy en primer grado. Me dicen inútil y varios insultos más. No me dejan jugar y me lo dicen cuando la maestra no los ve ni escucha.”

Sin ocultarle mi sorpresa ante el relato tan simple y claro le re pregunté y pudo ampliar las escenas vividas día tras día. Sin que él pudiera encontrar un camino de salida ante las agresiones psicológicas.

Intervine entonces…“¿Se lo pudiste contar a alguien?”

-No.

-¿Por qué?

Frunció los hombros.

-Me lo contaste apenas nos conocimos, me sorprende.

-Vos me lo preguntaste.

 

Por supuesto. Se lo pregunté. No hice referencia a ninguna agresión ni tampoco la sospechaba ya que acababa de conocerlo y sus padres no hicieron referencia a esto.

Si hacemos un análisis posterior podría inferir algún síntoma que refieran a posibles agresiones pero no es mi intención comunicar eso en este momento.

 

Deseo detenerme en la necesidad de ser escuchado. Simplemente el espacio que le brindé fue de “Encuentro”. Nada más ni nada menos.

Un espacio en el tiempo donde sólo importa lo que al otro le sucede. Sin adivinanzas. Sólo abrirse a conocerse.

No pude más que darle la razón a este sabio de 9 años.

Encontraremos seguramente herramientas para que lo que ahora padece se transforme en una anécdota y que le sirva de experiencia para su vida.

Yo rescato esa sinceridad tan sencilla que me demuestra una vez más la necesidad de:

Ser mirado, no observado,

Ser esperado, no ansiado.

Si podemos simplemente abrir la mente y dejar fluir, todo puede ser más sencillo.

 

Gracias a los niños tan sabios que me permiten entrar a sus vidas, acompañarlos y seguir creciendo y a los papás que confían en mí.

 

Lic. Laura Collavini

Psicopedagoga.

 

www.lauracollavini.com.ar

Facebook: Laura Collavini.

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