La trama de la última historieta del guionista Diego Agrimbau, Cieloalto, con un excelente trabajo del dibujante Leonardo Pietro, transita, según su autor, por la ciencia ficción, la fantasía y el realismo, sin anclar en ninguna de estas particularidades.

Editada por Agua Negra, esta original historia alude a una ciudad-calle larga con diseño de acueducto poblado por dos clases de seres: “viajantes” y “permanentes”, signados estos últimos por un tiempo dependiente del lugar que ocupen en la urbe, de modo que su tránsito permite el paso de la vejez a la infancia, con solo dar unos pasos.

Cieloalto surgió, según Agrimbau, “de la suposición básica que propone el libro: una ciudad donde la edad no avanza a través del tiempo, sino a través del espacio. De allí en más la escritura tuvo mucho de diseño urbanístico: toda la acción se llevaría a cabo en una ciudad lineal a lo largo de no más de diez cuadras, el margen vital del protagonista”.

De modo que el eje no es tanto el tiempo, sino “el desperdicio del tiempo”; en ese sentido agrega: “Es algo que me provoca mucha angustia y creo que fue una forma de exteriorizar el miedo primal a pasar por la vida desperdiciándola, arrepintiéndose de cada paso”.

Tras aceptar como perspectiva posible que el tiempo progresivo vivido por una persona, se da aquí como crecimiento fragmentado, Agrimbau acota que su interés fue indagar, sobre el protagonista, Javier: “La imposibilidad de avanzar. Volver atrás para empezar de nuevo una y otra vez, deviene en una maldición. Tener siempre otra oportunidad para fracasar puede ser un martirio peor que el fracaso mismo”.

La relación entre Javier (“un permanente”) y Matile (una “viajera”) remite al desencuentro: “Es una fórmula clásica, el amor imposibilitado por dos mundos contrarios. Claro que en este caso lo que se demuestra es que la posibilidad estaba presente, pero no siempre uno está dispuesto a asumir el sacrificio”.

Agrimbau niega que un pasaje clave de su trama (la madre del Javier-niño le entrega un cuaderno y le dice “aquí está tu vida”) tenga que ver con un destino prefijado. “No, el destino estaba libre para ser escrito, pero tenía unos límites claros, físicos, inevitables. Equivalentes a los límites temporales nuestros, que seríamos como los viajantes”.

Y agrega: “A todos nos dan una libreta parecida a la de Javier donde se establece el año en que nacimos. Lo que pasó antes, se nos niega, no lo podemos vivir. Y de algún modo en esa fecha inicial está prevista la otra f1echa, la final”.

La diferencia entre Cieloalto y sus guiones anteriores estaría, según su autor, en un género que “no termina de ser de ciencia ficción, pero tampoco es fantasía. Y tiene mucho de realismo. Esta inexactitud no es tan frecuente en mi obra anterior, que se inscribe alternativamente en una ciencia ficción más canónica o bien en el realismo urbano”.

La figura del escritor Héctor Oesterheld esá muy presente en el autor de Cieloalto: “Él no es solamente la piedra fundamental de la historieta argentina, también lo es de la ciencia ficción en general. Hoy todos transitamos por los senderos que trazó. Si bien el primer guionista de historieta, en rigor histórico, es Leonardo Wadel; Oesterheld es el que sienta las bases para todo lo que vino después”.

Otros autores que figuran dentro de sus vecindades son los internacionales Ray Bradbury, Horace Gold y los nacionales Carlos Trillo y Carlos Gardini.

“A todos los he leído, especialmente a Trillo. Me influenció a través de su obra y por la amistad que nos unía; compartimos más de diez años de consejos y charlas”, dijo.

“Otras influencias importantes provienen del teatro, por mi formación de dramaturgo con Mauricio Kartún, especialmente a través del grotesco criollo de Armando Discépolo y el realismo de los autores de los años 60 hacia el presente”, agregó.

La urbe parece ser el escenario natural de la historieta -la Ciudad Gótica de Batman, el Buenos Aires de El Eternauta, la Sin City de Millar, la Ciudad de Ricardo Barreiro- y por ende, el espacio de Cieloalto.

“Las ciudades dan la posibilidad de limitar el escenario, tener un telón de fondo, una organización espacial. La mayoría de mis libros transcurren en ciudades ficcionales. Cieloalto es una de las más especiales dado que su diseño es muy antinatural. Escribir sin límites me resulta imposible, la creatividad se alimenta de límites. Hay que saber elegirlos”.

Destacan entre otros muchos trabajos de Agrimbau, quien formó parte en sus inicios del colectivo artístico “La Productora”, los guiones de las historietas El Asco, Afasia y La Burbuja de Berthold, ésta última premiada en el Festival Utopiales de Nantes y escogida en 2005 en Francia por la asociación de críticos de la historieta, como uno de los mejores quince libros del año. (Télam)