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Martes 30 de mayo de 2006
   Opinion

El nuevo muro de Berlín

por CARLOS SOLIVEREZ

Especial para "Río Negro"

 

En 1961 el entonces presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, visitó la ciudad de Berlín, recientemente dividida en dos por un muro levantado por las autoridades de la Alemania comunista (la autodenominada República Democrática). En su alocución a los ciudadanos de Berlín Occidental, entonces protegida por una administración compartida con Francia e Inglaterra, sus antiguos aliados de la Segunda Guerra Mundial, reafirmó la voluntad de su país de preservar la libertad de los berlineses con una frase que apelaba a los mejores sentimientos humanitarios: "Ich bin ein Berliner" ("Yo soy berlinés"). Esta frase perduró y recorrió el mundo, transformada en las diferentes ocasiones en que la empatía, esa invalorable capacidad humana de tomar el lugar del otro, debía ponerse en juego. En la Argentina, por ejemplo, fue usada en manifestaciones de apoyo a las reivindicaciones de los maltratados docentes: "Todos somos docentes".

Estados Unidos, buena parte de cuya riqueza fue extraída del resto del planeta de manera buena (por su habilidad e inteligencia) o mala (por sus complots económicos, políticos y militares), no puede ser un islote de prosperidad en un océano de pobreza aceleradamente creciente. Sin embargo, Jorge Bush parece creer que la única manera perdurable de hacerlo es transformar sus fronteras en una fortaleza inexpugnable, creando un nuevo muro de Berlín en la frontera con México. El primer problema con esta idea es que el uso de la fuerza nunca resulta una solución estable, ya lo señaló Napoleón Bonaparte al decir "las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas". El segundo problema es que fuera de esa fortaleza quedará la mayor parte de las fuentes de ingresos de EE. UU., incluidos los billones de dólares que el resto del planeta (entre los que se cuentan los 850.000 que almacena China) acumula como reservas monetarias, argumento económico que podría tener más impacto para alguien con una clara visión "práctica" del futuro.

Habría que recordarles a los congresistas republicanos estadounidenses, responsables formales de la convalidación de las políticas presidenciales, la moralizadora frase de uno de los dos grandes adalides del neoliberalismo, el ex presidente estadounidense Ronaldo Reagan, quien superando a Kennedy adoctrinó al entonces primer ministro soviético respecto del muro de Berlín: "Mr. Gorbachov, tear that wall down" ("Sr. Gorbachov, derribe ese muro"). En realidad –espero no incurrir en el pecado de simplismo– el dilema no es tan difícil como parece, ya que solamente hay que aplicar una de las principales recetas del Consenso de Washington, que Bush tan enérgicamente trata de imponer a todo el planeta: la libertad de circulación de las mercaderías. Tal vez pensarás, querido lector, que hay un error en mi razonamiento. No lo creo, ¿o acaso las mercaderías son más importantes que las personas.

 

 

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