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Actor y director motivado por el riesgo
Regresó al Valle para abrir
el 14 Circuito Nacional.
 | | José María Muscari provoca con "Shangay...". |
por EDUARDO ROUILLET
Como José María Muscari dedica todo su día al teatro, no hace otra cosa, vive de la profesión, el único espacio para la entrevista con "Río Negro" lo hallamos en un taxi que lo llevó desde un ensayo de "Electra-Shock" –obra con Carolina Fal que re-estrena a mediados de mayo en Ciudad Cultural Konex– hasta San Telmo, Brasil y Defensa, donde tiene su casa. El actor y director llegará hoy al Valle para abrir con su obra "Shangay - té verde y sushi en 8 escenas" el 14 Circuito Nacional de Teatro. La funciones en la región de la pieza que el año pasado tuvo gran aceptación cuando se presentó en la Fiesta Nacional del Teatro comenzaron ayer en La Curtiembre de Neuquén y continúan hoy a las 21 en el Hall de Casa de la Cultura de Roca; mañana a las 22, en el Centro Cultural Municipal de Cipolletti, el sábado a las 22 en la sala de la Cooperativa de Trabajo Artístico La Hormiga Circular de Regina, y el domingo a las 21.30 en la sala del Teatro de La Barda de Río Colorado. "El teatro, para mí es algo muy neurálgico, define con rapidez Muscari. Lo hago desde muy chico, mi primer espectáculo lo dirigí a los 19 años. Es un lugar en el que me siento muy pleno, pasando por los diferentes ámbitos de dramaturgo, autor y director. 'Shangay - té verde y sushi en 8 escenas' es el primer trabajo en el que cubro los tres roles. Me resulta inevitable poner la mirada personal en lo que hago... Lo que me motiva a hacer tal o cual espectáculo no es hablar sobre determinada cosa, sino que las cosas hablan a mi pesar. Yo dejo fluir mis fantasías y mis deseos de jugar con determinados temas, determinados actores en determinados espacios. Prima el deseo de divertirme, digamos...". – ¿Cómo te resulta verte y marcarte como actor, desde tu dirección? – En ese sentido, "Shangay..." tuvo un proceso bastante complicado. Yo grababa los ensayos y después obraba sobre los videos; porque actuaba, la obra tiene una couch que trabajó directamente sobre la actuación, particularmente en las escenas que hago. Pero también, esa tarea múltiple mucho tuvo que ver con el elenco, personas a las que conozco desde hace mucho tiempo, con las que ya hice otras obras antes. Siento que puedo compartir eso sin la ansiedad que en general requiere dirigir; la contención está bifurcada o debilitada porque estoy en escena. El de "Shangay..." es un elenco muy adulto, muy poco demandante, además de talentoso. Asumí el rol de actuar porque sabía que quienes me acompañaban iban a bancarme esa parte ausente del director que mira la función, porque actúa a la par de ellos. – ¿Caminás por la cuerda floja con riesgo de caer, cuando alguna de tus fantasías se concreta en una nueva obra teatral? –El riesgo me motiva, más que me apabulla. Cada espectáculo o cada grupo con el que encaro un intento, o meterme en un nuevo espacio o con cuestiones que no había abordado anteriormente, me genera un abismo motivador que me seduce para hacer teatro. Si no me aburro, digamos... Dedico todo mi día a esto, no hago otra cosa, vivo de la profesión, entonces la única forma de que me guste, es hallar un motivo un poco más movido que el simple hecho de trabajar. Y se relaciona con ese riesgo del que hablás, con ese abismo poco predecible de lo que voy a realizar... Trato de no evitarlos, de asumirlos y jugar con ellos, aguantando la consecuencias buenas y malas. Por aceptarlos, hice espectáculos que no están tan buenos o cuya factura final no es lo que hubiera esperado. No soy un director, un creador al que le interesa ir a lo seguro. – ¿Quién define el resultado, tu visión, la de la crítica, la del público? – Mi relación con los críticos es bastante buena, al menos en Buenos Aires; dicen lo que les parece sinceramente y también si algo falta; tienen un mirada respetuosa por lo que hago. No tengo la sensación de que el afuera me lee de un modo equivocado. El parámetro, siempre, para definir que algo resultó bueno o no, no se relaciona con ellos o con la cantidad de público que viene a verlo, sino con lo que yo me había propuesto y lo que logré. Es un termómetro más personal. – Si pudiste o no expresar lo que tu imaginación te llevó a crear... – Exactamente. – Cuando no lo lográs, ¿qué hacés? – Soy un tanto obsesivo, así que cuando no sucede me rompo las pestañas hasta que lo logro. Incluso en funciones. Soy un director que después de estrenar, sigue haciendo variaciones; cambio escenas, actores, textos, posiciones, recorto, sumo, modifico conceptos. Si al estrenar hay cosas que no me agradan, las sigo trabajando hasta que terminan gustándome. Muy pocas veces me pasó que un espectáculo se termine de hacer y no haya conseguido que me agrade. Después, que funcione para el público es otra cosa. Del afuera no me puedo encargar, depende de un montón de factores que no necesariamente se relacionan con mi gusto. – ¿"Shangay..." está terminada?
– Sí, hace dos años
que la hacemos y ya sufrió un montón de transformaciones,
cambios de escenario, de actores, de dramaturgia. Es un espectáculo
muy asentado que me da mucho placer realizar. Si no estuviera
bueno, no me subiría cada fin de semana a contar esa
historia y a ponerme a jugar. Como actor tengo esa necesidad,
de lo contrario prefiero no actuar.
Una vida de teatro
José María Muscari estudió
teatro, formación actoral, juegos teatrales, danza jazz,
acrobacia, danza contemporánea y contact-improvisación.
Egresado de la Carrera Formación
Actoral de la Escuela de Arte Dramático de la Ciudad
de Buenos Aires, cursó seminarios de Comicidad, Murga,
de Dramaturgia con Mauricio Kartún, de Dirección
Teatral con Rubén Schumacher, de Couch coordinado por
Dora Baret, más "Teatro y Sociedad" con Juan Carlos Gené,
actuación para avanzados con Luciano Suardi, y danza,
expresión y creación con Mabel Dee Chang, todos
en el Teatro General San Martín; además de clases
especiales de dramaturgia para actores, iluminación,
y dirección teatral con Lorenzo Quinteros.
Actúa desde 1989 cuando debutó
en "Un amor muy helado". Luego vinieron "De paseo por Buenos
Aires", "Colón, la gran aventura", "Jugando a actuar",
"Yerma" de Federico García Lorca, "Romeo y Julieta" de
William Shakespeare, "Hansel y Gretel" (95) de los hermanos
Grimm, "Salsipuedes" de su autoría junto a Edgardo Assad,
"El Deseo" en el verano 2001 de Mar del Plata. Y desde el
2004, "Shangay..." obra de la que también es autor, con
co-dirección de Ana Katz.
Dirigió "Criaturas de las
sombras" en el Centro Cultural San Martín, "Marchita
como el día", en Liberarte y el Callejón de los
Deseos; "Mujeres de Carne Podrida" (98), "Pornografía
Emocional", "Sinónimo de Hombres", "Noches Voyeurs",
"A-sado masoquista", "Desangradas en Glamour" con Ana Acosta,
Sandra Ballesteros, Marta Bianchi, Julieta Ortega, Florencia
Peña y Carola Reyna; "El Fitito" (2000), "Cumbia Anarquía
Villera", "Disco, genética en movimiento", "Alicia Maravilla"
con la Peña, Acosta, María Rosa Fugazot, Alejandra
Rubio, Divina Gloria y Pablo Lenna; "Pareja Abierta"), también
con la Acosta y Daniel Fanego; "Derechas", "Grasa", "Catch"
en los teatros Lorange, Empire y Providencia de Santiago de
Chile; "Fracaso Fashion", "Electra-Shock", "Sensibilidad"
y "Shangay -te verde y sushi en 8 escenas-". (E.R.).
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