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Domingo 23 de abril de 2006
   Sociedad

Cordero acorralado o la agonía de un gobierno

FRANCISCO N. JUAREZ

fnjuarez@sion.com

l 11 de mayo de 1906 concluyó en Viedma la prolongada gira del gobernador Félix O. Cordero por la región cordillerana de Río Negro. El trajinado viaje incluyó varias comarcas escasamente pobladas del territorio, con sucesión de agasajos modestos, reclamos y denuncias. Cronológicamente fue la primera visita gubernamental a Bariloche y Pilcaniyeu, coronada con un cruce a Chile. Finalizó con el descenso del río Limay desde el Nahuel Huapi hasta Roca, siguió a Choele Choel y otras poblaciones del valle medio.

Tanto esfuerzo, sin embargo, no le deparó gran prestigio. Encaró las recorridas con dos sobrinos a sus flancos: el nuevo jefe de policía del territorio (Juan Anchezar) y el otro, un ex comisario de General Roca (el exonerado Lorenzo Ramasco) que no figuraba en el presupuesto pero actuaba como secretario.

Además del magro saldo arrojado por la "tournée", tampoco parecen haberse apaciguado los conflictos que el funcionario encontró a su paso. Y si tomó decisiones, no se notó que fortificaran, por ejemplo, la institución policial, la más necesitada de abrigos, presupuesto, disciplina, control, caballadas y armamento. La seguridad era la única manera de no desalentar a los pioneros, especialmente en esas regiones fronterizas infectadas de bandidos.

Tampoco entonces se hizo inmediata y pública divulgación de los detalles del arreglo hecho en Chile (Puerto Montt) aunque en esa población trasandina, Cordero y sobrinos negociaron sentados en la sede central de la empresa Chile Argentina por enorme deuda al Estado argentino por el juicio por contrabando y otras clandestinidades que había investigado un año antes el juez letrado de Río Negro José Luis Ruiz Guiñazú. La empresa chilena era sucesora –por compra- de la comercial y ganadera compañía Hube y Achelís. Ramasco obtuvo un poder de esta última para cerrar el trato en otras instancias.

Cordero tampoco pudo conjurar los conflictos suscitados en Bariloche entre los bandos de vecinos que disputaban las adjudicaciones de tierra, o que atrincheraban posiciones opuestas para aprobar o desaprobar al comisario del pueblo.

 

Inglés por bandido yanqui

 

El mismo 11 de mayo de ese año '6 en que el gobernador Cordero concluyó su gira en Viedma, en Bariloche fue tomado preso un descono

cido de habla inglesa a quien, sin sospecha fundada, se lo llevó preso. El papelón de la policía local consistió en creerlo uno de los bandidos yanquis que meses atrás asaltaron en Villa Mercedes, San Luis, la sucursal del Banco de la Nación.

Lo esposaron y lo hicieron marchar hasta la comisaría, en ese momento a cargo del comisario Fragueiro, sustituto de José Alanís, suspendido tras la reyerta pueblerina.

Recién en la comisaría se interrogó al desconocido y supuesto asaltante de bancos –seguramente con el auxilio de un vecino bilingüe– y se verificó su identidad. Era un inglés en tránsito. Se llamaba Jorge Saint Hill y además del mal rato consiguió la fugaz celebridad de aparecer en los diarios de Buenos Aires.

El gobernador Cordero se sentía presionado por los adversos resultados del viaje, a lo que se sumaron severas críticas de la prensa porteña, donde en general, y especialmente la opositora, se regodeaba con la impericia de los funcionarios. El gobernador decidió su partida a Buenos Aires para gestionar ante los ministerios y consolidarse en el cargo ya que, según su precaria designación, gobernaba "en comisión".

Cinco días antes de embarcarse, el comisario inspector Palasciano telegrafió desde Viedma al comisario Fragueiro de Bariloche ordenándole entregara la comisaría al suspendido comisario José Alanís. Comenzaban las vacilaciones.

En este caso, la medida resucitaba un conflicto e irritó a los enemigos de Alanís. Su principal denunciante reaccionó como un rayo. Despachó su propio telegrama al gobernador en estos términos: "Como ciudadano consciente, protesto indignado contra la resolución del inspector Palasciano ordenando que se haga entrega al señor Alanís de la comisaría y me dirijo en queja al Ministerio" (por el de Interior).

Tampoco el gobernador consiguió que el Consejo Nacional de Educación construyera el edificio escolar barilochense. Parece una mera coincidencia, pero el mismo día que Cordero terminó su gira en Viedma, el encargado escolar junto al lago, capitán Víctor Brunetta, despachó a Buenos Aires un correo con su renuncia a Educación y retornó a su regimiento de caballería en San Martín de los Andes (LP del 12/5/1906).

Un día antes de salir hacia Buenos Aires, Cordero dirigió un telegrama al comisario Fragueiro contradiciendo la orden telegráfica de Palasciano y ordenándole no entregara la comisaría de Bariloche a Alanís. El caos en el organigrama policial rionegrino y comenzó el primer día de la gestión de Cordero. Seguramente ya era aconsejado por Ramasco, experimentado en el territorio, pero ex policía aficionado a la juerga, apropiador y finalmente exonerado. Tendría amistades nada recomendables y enemistades justicieras, ya que Cordero estrenó su gobierno echando al comisario Clodomiro Rodríguez Lima.

 

Las decisiones peligrosas

 

¿Qué hizo el Ministerio del Interior mientras el gobernador estaba en viaje hacia Buenos Aires y la lucha por la comisaría de Bariloche ganaba escándalo? No otra cosa que molestar a Cordero designando, precisamente, a Rodríguez Lima como comisario del departamento de Bariloche.

Cuando el gobernador se enteró de ese nombramiento –el 22 de mayo, ya arribado a Buenos Aires– telegrafió a Viedma pidiéndole a su sobrino y Jefe de Policía para que cambiara el destino de Rodríguez Lima y le diera el puesto de sargento en la comisaría de Viedma.

Si se saltea el invierno patagónico de 1906 y se rastrean las disposiciones del gobierno central y los comentarios de los corresponsales australes, queda demostrado que ya todo había cambiado, que el gobierno de Cordero era un fracaso incurable; que el tiempo perdido en funcionarios poco o nada probos, es irrecuperable e instala la idea de que su inoperancia –cuando no su arbitrariedad– desencanta, posterga y burla a los gobernados. En la primavera del mismo año '6, Cordero presentó la renuncia. Lorenzo Ramasco telegrafiaba desde Buenos a vecinos de Viedma que "el ministro no le aceptaba la renuncia". Pero ya le había bochado el candidato para comisario inspector. Nombró a Zenón Aguirre, pedido por los rionegrinos. Gobernaba interinamente Pablo Rial, y estaba al frente de la jefatura de la policía territorial Héctor Moffat, que denunció la falta de caballada.

Se descubrió que Cordero tenía autorizado desde el PE, 4.000 pesos para gastar en caballadas, pero todavía había 2.400 depositados en la sucursal del Banco de la Nación de Patagones. ¿Olvido o desidia?

¿Qué había pasado con el otro sobrino y jefe policial de Cordero? Juan Anchezar "estaba bajo juicio federal en Bahía blanca por los conflictos que tuvo con el juez letrado de Río Negro" (LP lunes 8/10/1906).

Noticias más firmes decían que Cordero ya había renunciado en Buenos Aires y a la vez en Bariloche se le ofrecía un banquete a José Alanís, que volvía a hacerse cargo de la comisaría local.

CURIOSIDADES:

 

• Anchorena y las papeleras. El hasta ahora frustrado encuentro de presidentes rioplatenses a propósito del conflicto planteado por la construcción de las papeleras sobre el río Uruguay, está planeado concretarse en la residencia de campo y veraneo de los presidentes uruguayos y Parque Anchorena, junto a la Barra de San Juan. La estancia fue donada al Uruguay por el hacendado Aarón Anchorena, allí sepultado. Personaje de la "Argentina opulenta", fue protagonista de una expedición patagónica (1902), tuvo en concesión la isla Victoria del lago Nahuel Huapi y sobre la margen norte de ese lago, y en sociedad con sus sobrinos Ortiz Basualdo, la estancia de la península Huemul.

• Newbery y las papeleras. El lugar elegido para el hasta ahora frustrado encuentro presidencial uruguayo argentino, resultó punto de descenso del globo Pampero el 25 de diciembre de 1907, estancia de Tomas Bell. Fue el primer cruce aéreo del Río de la Plata, proeza del piloto y dueño del globo, Aarón Anchorena y del ingeniero (único en familia de dentistas) Jorge Newbery que hacía su primer vuelo. ¿Vínculo de Newbery con la Patagonia? Un tío hacendado pionero en Nahuel Huapi y su padre buscador de oro desde el Neuquén a la Tierra del fuego. Otra curiosidad: la madre de Anchorena, que no vivía para sustos, le prometió a Aarón regalarle la estancia donde aterrizó si dejaba de volar. Ambos cumplieron.

• Onelli y las papeleras. ¿Onelli en la Barra de San Juan? La explicación es esta. A la estancia presidencial donada por Aarón Anchorena en la desembocadura del río San Juan en el de la Plata –al norte de Colonia y apenas más "abajo" de Conchillas– se la señalaba como probable lugar donde el veneciano Sebastián Gaboto habría levantado (en 1527) la primera población del Río de la Plata (justamente frente a la futura Buenos Aires). Anchorena encargó a Clemente Onelli –el italiano "archipatagónico"– la búsqueda de la perdida población de Gaboto. Es decir, la saga de un romano casi cuatro siglos después del paso de un veneciano por la costa uruguaya. (La búsqueda fracasó).

• Darwin y las papeleras. Si dejamos a Anchorena en paz (aunque la tuvo con Zelmira Paz, la viuda de Gainza y heredera del diario La Prensa), y marchamos al norte desde la Barra de San Juan rumbo a la zona donde se construyen las plantas papeleras, hay que detenerse poco antes de Nueva Palmira. Allí termina el río Uruguay y motiva la memoria de otro "patagónico de la historia": nada menos que Charles Darwin. Este naturalista acampó junto al río cerca de Punta Gorda, paraje luego conocido como Rincón de Darwin.

 

 

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