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Jueves de febrero de 2006
   Cultura y Espectaculos

"La palabra es una amenaza"

La poeta y lingüista Ivonne Bordelois asegura que existen "varios idiomas argentinos" señalados por las diferencias sociales. Explica que esa variedad se relaciona con la identidad y la resistencia cultural pero que los sectores donde el lenguaje es más degradado son los más alejados del sistema educativo y del acceso a empleos calificados. Asistirá con una ponencia a las jornadas "Un mar de sueños", de lectura y literatura, que comienzan hoy en Neuquén.

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El "empobrecimiento léxico acentúa el exilio del mercado laboral", para Ivonne Bordelois.

por: GERARDO BURTON

gburton@rionegro.com.ar

NEUQUEN.- Ivonne Bordelois ha dicho que la palabra está amenazada porque la palabra es una amenaza para la sociedad de consumo, para un sistema caracterizado por el fundamentalismo capitalista. Eso porque "con el lenguaje vienen la reflexión, la crítica y un sentido estético".

Bordelois es poeta y lingüista e investigadora en los problemas del lenguaje. Opinó que el gran problema del siglo XXI será el de la comunicación y subrayó la importancia del diálogo cultural con los chinos, "de quienes no sabemos nada". De sus investigaciones es fruto una primera serie de ensayos que se publicaron con el título "La palabra amenazada". El año pasado, un segundo volumen, "El país que nos habla", también de ensayos, obtuvo el premio que otorgan el diario porteño "La Nación" y la Editorial Sudamericana. En el libro analiza la historia lingüística del país desde las generaciones de 1837 y 1880 y luego la pelea entre los escritores enrolados en los grupos de Boedo y Florida.

Esta semana, participará de las jornadas "Un mar de sueños", de lectura y literatura que se realizarán en la Universidad del Comahue, con la organización de la secretaría de Extensión y el Instituto Italiano de Cultura.

Lo fundamental, para Bordelois, es el rescate de la lengua en un mundo globalizado y donde la imagen visual gana en velocidad a la expresión verbal.

En diálogo con "Río Negro", explicó la necesidad de recuperar "el cariño y la atención" por la palabra, tal como existe en otros países latinoamericanos. En la Argentina, puntualizó, hay un descuido por la palabra "que no es demasiado favorable".

Indicó que existen "varios idiomas argentinos -interpretando idioma en un sentido muy laxo, claro está-, porque las diferencias regionales y sociales marcan muy amplias variaciones en el habla. Somos al mismo tiempo muy distintos del español que se habla en la Península, pero también tenemos un sesgo muy distintivo con respecto al español latinoamericano. Recientemente he estado en Venezuela y me impresionó el ver como allí existe el cariño y la atención por la palabra que tanto flaquea entre nosotros".

–La variedad de hablas y hablantes, ¿definen una suerte de tribus urbanas con un correlato sociocultural? ¿Es signo de resistencia o de pobreza cultural?

–Creo que son expresiones de resistencia e identidad al mismo tiempo, pero es cierto que el empobrecimiento léxico caracteriza a la capa de la población más lejana al proyecto educativo, y es una de las causas de su exilio del mercado laboral, entre otros muchos factores.

–¿Es el castellano un idioma imperial, es decir, tiene impronta dominadora, incluso en cuanto a diferenciación sexual?

–El español carece de la vocación imperial de los tiempos de la conquista, pero su avance demográfico lo convierte en una fuerza muy avasalladora en los Estados Unidos. Allí, sin embargo, no es una lengua de prestigio, y está desvalorizado dentro del mundo editorial que se pliega a los designios del mercado anglosajón. La tendencia sexista siempre ha sido muy fuerte en el español. Ahora, por ejemplo, se da en decir: la "ministro" de economía, lo cual es un perfecto disparate morfológico. A poco que nos descuidemos empezaremos a hablar de la "maestro normal". La idea de que las profesiones son dominios masculinos es perfectamente retrógrada y condice perfectamente con el antifeminismo notable de nuestro país.

–Existe la anécdota de que Carlos V decía que hablaba con su caballo en alemán, con las mujeres en italiano y con Dios en español. Es cierto que la cuestión mística está vinculada estrechamente con la poesía española, lo mismo que la amatoria aunque no tanto como con la italiana. ¿Cuál es su experiencia como poeta?

–En cuanto a la poesía erótica se olvida el muy importante repertorio popular medieval, de un erotismo muy avanzado y exquisito. Recuerdo que Alejandra Pizarnik reverenciaba esta poesía, y ella misma la imitó en algunos de sus mejores poemas. De hecho el poemario erótico-místico supremo de la poesía universal es el "Cántico Espiritual" de San Juan de la Cruz, que habla por sí solo y cuya vigencia diría que es casi pavorosa.

Poco después de reinstalarse en la Argentina, Ivonne Bordelois publicó "El alegre apocalipsis", un libro de poemas que ya planteaba su preocupación por el lenguaje y la palabra. Posteriormente exhumó la correspondencia de Alejandra Pizarnik y la editó. Luego publicó una biografía de Ricardo Güiraldes y en 1999 logró el segundo premio de ensayo otorgado por el gobierno de la Ciudad de Buenos

 

TEXTUALES: De "El país que nos habla"

• "Del mismo modo en que tratamos a la lengua nos tratamos a nosotros mismos. En momentos en que el lenguaje se presenta como una cuestión candente en su proyección política y vital, es importante reflexionar sobre los poderes y debilidades que lo caracterizan, los dones y las acechanzas que se ciernen a su alrededor.

 

• Mientras que la gran mayoría de los ciudadanos argentinos sentimos que no somos responsables de la catástrofe económica y moral que hemos sufrido, sí existe una responsabilidad colectiva en cuanto al cuidado por la validez de nuestro lenguaje, en términos no retóricos sino vitales. Queremos decir que la degradación que sufre la población en tantos aspectos de la vida ciudadana y cotidiana no debería extenderse a ese vínculo profundo que es el lenguaje como elemento imprescindible de comunicación y de identidad.

Aun cuando ha sido posible, lamentablemente, acorralar los ahorros de los ciudadanos argentinos y los planes de porvenir que con ellos se relacionaban, el acorralamiento de la lengua y de la cultura sólo puede realizarse con la complicidad y el consentimiento de la ciudadanía, que en este sentido es perfectamente responsable de lo que pueda ocurrir. Y lo que puede ocurrir, desde el punto de vista lingüístico, puede ser tremendamente negativo o altamente positivo, según las elecciones que se realicen.

 

• Humillados y atropellados como nos hemos sentido, desfondados en nuestra propia dignidad y autoestima, descorazonados en nuestras legítimas esperanzas, los argentinos no hemos perdido, con todo, la esperanza de reconstruir una identidad no vergonzante, un pasaporte que no dé lugar a sospechas, una manera de caminar que nos asegure un espacio respirable en el mundo.

Y para empezar, reconozcamos que es muy difícil –prácticamente imposible– vivir cotidianamente con la sensación de una corrupción que todo lo permea, todo lo permite, todo lo contagia, todo lo avasalla. La impunidad se viste con los nombres más poderosos y los amagos de juicio y de castigo ejemplares asoman periódicamente en los medios como pequeños relámpagos destinados a iluminar nuestras expectativas, simplemente para burlarlas con una suerte de cómica e indignante regularidad.

 

• Somos muchos los que asumimos como territorio propio el de nuestro lenguaje, y me consta que formamos parte de él todos aquellos que hayamos sentido que, detrás de la degradación tenebrosa que sufre la palabra entre nosotros estos días, hay una amenaza tremenda de pérdida de los últimos baluartes de identidad que nos quedan. Pero lo que nos da una luz fuerte de esperanza es que a esta amenaza sí estamos en condiciones de confrontarla, y sí podemos reconstruir el terreno perdido, siempre que no desertemos de la fe en los poderes de insurrección y resurrección del lenguaje, y siempre que no traicionemos nuestra propia responsabilidad, capacidad, fortaleza y entusiasmo para restituir a la faz de la vida comunitaria estos poderes. [...]

 

• Nada mejor que destituirnos de la palabra -asiento de la conciencia crítica- si se nos quiere convertir en ciudadanos pasivos, totalmente sometidos a las leyes del mercado. Un sistema de prestigios y poderes establecidos verticalmente, con la potencia arrasadora que los medios y los controles políticos han adquirido en nuestros días, se contrapone por su propia naturaleza a esa solidaridad horizontal, espontánea, gozosa y gratuita que es propia del lenguaje. [...]

 

• Como punto de partida fundamental, es preciso recordar que el lenguaje no es un mero instrumento de comunicación: es un cimiento solidario, una visión del mundo que nos conduce a lo más íntimo y precioso de nosotros. Aun amenazado y acorralado por los mercaderes de opio que se multiplican por el planeta, es un don y un bien inalienable que está siempre disponible y abierto a nuestra voluntad de rescate y de restitución".

 

 

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