Contáctenos
Información
Quienes Somos
Mapa del sitio
Todos los títulos Tapa de papel Ediciones Anteriores
   SECCIONES
   Tapa
  Todos los Títulos
   Regionales
   Municipales
   Nacionales
   Políticas
   Economía
   Internacionales
   Deportes
   Cultura y Espectáculos
   Policiales y Judiciales
   Sociedad
   Tapa de papel
   OPINIÓN
   Editorial
   Carta de Lectores
   Columnistas
   SUPLEMENTOS
   Informática
   El Económico
   Cultural
   Energía
   Rural
   Debates
   INFO
   Mapa del sitio
   Escríbanos
   SERVICIOS
   Cines
   Guía del Ocio
   RECEPTORIAS
   CLASIFICADOS
   EDICTOS
   NECROLOGICAS
   Contactos
   Contanos tu historia

 

Jueves 29 de setiembre de 2005
   Editorial
Negro y blanco
Con la precisión que le es habitual, el INDEC acaba de informarnos que el 47,2 por ciento de los asalariados del país trabaja en negro y por lo tanto no cuenta con la protección brindada por las leyes laborales, no tiene ninguna cobertura médica ni seguro contra los accidentes y no hace aportes jubilatorios. Se trata de un fenómeno que afecta a todas las regiones del país, si bien es un poco menos grave en la Capital Federal, en la que según el INDEC el 38,9 por ciento de los trabajadores está en negro, y mucho menos en la Patagonia, donde el porcentaje es 27,7. De todos modos, aunque en los doce meses últimos se registró un leve mejoría porque según las estadísticas difundidas en el año anterior los empleados en negro conformaron un 47,5 por ciento de los económicamente activos, parecería que en este ámbito, como en el supuesto por los niveles de pobreza que se duplicaron en el 2002, el país se ha estancado. A pesar del crecimiento robusto del producto bruto, no se ven muchas señales de progresos ni en la “lucha contra la pobreza” ni en el esfuerzo que se supone está en marcha por incorporar a todos los empleados y empresarios a la parte legal de la economía.
Aunque es frecuente imputar las dimensiones exageradas de la economía negra a la falta de escrúpulos de empresarios mezquinos que sólo quieren aprovechar la mano obra barata y sumisa, también se deben a la ineficacia siempre sorprendente del Estado. Al fin y al cabo, tanto aquí como en el resto del mundo las leyes no sirven para mucho si virtualmente nadie se preocupa por aplicarlas. Según parece, hay una especie de pacto de no agresión entre el Estado y quienes se niegan a registrar a todos sus empleados. Por cierto, llama la atención que si bien el INDEC es capaz de medir con exactitud milimétrica la cantidad de trabajadores que están en negro en los distintos centros urbanos en un momento determinado, a las autoridades les resulte imposible detectar a los muchos infractores para entonces obligarlos a cumplir con sus obligaciones. Para remediar esta situación anómala, sería necesario una reforma profunda del Estado, pero por motivos políticos o porque plantearía demasiadas dificultades, el interés del gobierno por el tema es escaso. También podría ser menester una modificación de la legislación laboral para adecuarla a las circunstancias reales: después de todo, no mientan todos los empresarios que dicen que si fueran constreñidos a respetar las leyes tendrían que cerrar su negocio, de esta manera dejando a más personas sin un trabajo remunerado. Sin embargo, tanto los movimientos políticos más importantes como los sindicatos se sienten comprometidos con leyes que acaso serían aptas para otro país. Es de prever, pues, que aun cuando las estadísticas difundidas por el INDEC sigan variando, aproximadamente la mitad de la población activa quedará en el limbo de la informalidad.
Entre otras cosas, la persistencia del empleo en negro en una escala que es desconocida en países mejor organizados muestra que los ataques de los partidarios de un Estado benefactor contra el “capitalismo salvaje” o el “neoliberalismo” no tienen nada que ver con la Argentina que efectivamente existe. Si el “47,2 por ciento” de los asalariados depende por completo de los caprichos de sus empleadores sin disfrutar de ninguno de los beneficios que en teoría deberían tener asegurados, esto quiere decir que en realidad la Argentina es hoy en día un país mucho más “neoliberal” que Estados Unidos o cualquier integrante de la Unión Europea. Sin embargo, mientras el presidente, sus simpatizantes y la mayoría de los demás políticos critican con ferocidad lo que toman por las características del capitalismo liberal, apenas intentan regular sus muchas manifestaciones en el país que dirigen. Puede que al gobierno le gustara hacerlo, pero antes tendría que dotarse de los instrumentos apropiados, lo que, claro está, le supondría un sinfín de conflictos no sólo con los empresarios que operan en negro sino también con los estatales, razón por la que en este ámbito como en tantos otros el discurso de los políticos continuará siendo tan utópico, por no corresponder con la realidad, como ha resultado ser buena parte de la Constitución Nacional.

 

Buscador

Diario Río Negro. Provincias de Río Negro y Neuquén, Patagonia, Argentina.
Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.Todos los derechos reservados
Copyright 2005