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Lunes 5 de setiembre de 2005
   Nacionales

Malvinas: Argentina sabía que Chile espiaría

Antes de iniciarse la batalla, ya operaba. Muchos ingleses con pinta de turistas.

Militares argentinos con mandos de importancia en el diferendo del Beagle y en la Guerra de Malvinas admiten que ni bien se recuperaron las islas, Argentina sabía que Chile colaboraba con Inglaterra.

La conclusión se extrae de una ronda de consultas realizadas por este diario a oficiales de alta graduación del Ejército. Estos mandos -cuatro en total- están hoy en situación de retiro con grado de general de brigada, uno, y de coronel, los restantes. Dos de estos últimos pertenecen al arma de Inteligencia. Como capitán y mayor respectivamente, en noviembre/ diciembre del '78, al momento de intensificarse el despliegue de fuerzas argentinas para una eventual guerra con Chile por las islas del Beagle, ambos integraron grupos comandos que se filtraron en el vecino país para recoger información durante semanas.

- Lo hicieron ellos y lo hicimos nosotros... Quedan las anécdotas. Un día, en Tierra del Fuego, los chilenos nos detuvieron a un oficial que vestido de paisano, a caballo y arriando una chivas, todas las mañanas aparecía cansinamente cerca de las posiciones que ocupaban fuerzas chilenas. Lo pararon, se dieron cuenta de que de hombre de campo solo tenía el sexo, lo cagaron a patadas, se quedaron con las chivas y nos lo devolvieron sin ganas de seguir espiando -comentó con humor una de las fuentes al recordar el final con aroma de guerra que tuvo el bélico '78 para argentinos y chilenos.

Como se sabe, la semana anterior reverdeció el tema de la colaboración que Chile prestó a Inglaterra durante la Guerra de Malvinas. Por segunda vez en cuatro años, el entonces jefe de la Fuerza Aérea Chile Fernando Matthei reiteró detalles de esa colaboración.

- Lo único nuevo de su declaración es su afirmación que, en iguales circunstancias, volvería a hacer lo mismo comentó una de las fuentes militares.

De la consulta realizada a las fuentes, se extraen las siguientes conclusiones:

* Ya en diciembre del '81, cuand el tándem Lepoldo Galtieri / Jorge Anaya comenzaron a dibujar la recuperación de Malvinas, el poder militar sabía que Chile jugaría de alguna manera junto a Gran Bretaña.

* Para el 14 de abril del '82, ya recuperadas las islas y con la flota británica rumbo al Atlántico Sur, Argentina supo que los servicios de inteligencia chilenos-ingleses tenían tareas en común.

Tales eran la características que iban asumiendo esas labores, que Argentina estuvo a punto de plantear el caso en la reunión que el 19 tuvo el TIAR. Sin embargo, no lo hizo. Esa renuencia se fundó -según las fuentes- en que las pruebas no tenían la contundencia que requería la denuncia. Sin embargo, el 22, a tres días de que Gran Bretaña atacara en Georgias, Argentina supo que el grado de colusión Santiago-Londres era firme y se plasmaba con decisiones que no pasaban inadvertidas para la inteligencia argentina.

* Ya para esos días, el contralmirante Horacio Zaratiegui, que desde Ushuaia comandaba el Area Naval Austral, cosechaba información sobre el tema a "partir de gente propia" instalada en Punta Arenas y otros enclaves militares de la Patagona chilena. Se notaban-por caso- una inusitada llegada de turistas ingleses a la región y actividad en áreas militares que, aunque muy disimulada, reflejaba algo inhabitual en esos espacios.

* Hacia fines de abril, el contralmirante Zaratiegui advirtió sobre la posibilidad de que comandos ingleses atacaran depósitos de combustibles de Armada y Fuerza Aérea Argentinas. "Hoy sabemos que los planes británicos para tirarnos en el continente eran más amplios, pero Zaratiegui se pasó noches enteras suiguiendo electrónicamente movimientos en el extremo más sur de la frontera que siempre dedujo que fueron helicópteros británicos con comandos, que por alguna razón no pudieron actuar, y volvían a Chile", dijo otras de las fuentes consultadas. Estas sospechas se vieron fortalecidas con la caída de un Sea King británico cerca de Punta Arenas.

* Las fuentes descreen que Augusto Pinochet, por entonces dictador de Chile, no supiera de esta colaboración. En sus declaraciones, Matthei dijo que no lo informó para no involucrarlo como presidente. "Es imposible que no supiera, era el mando total, nada se movía ni se hacía sin que él no lo supiera", se dijo a este diario.

En su lógica

POR CARLOS TORRENGO

De cara a la Guerra de Malvinas, Argentina era un desafío inquietante para Chile.

Chile no ignora que la historia suele pegar brincos insólitos. Argentina -por caso- podía salir airosa del conflicto. Ya por una negociación exitosa para sus intereses, ya por derrotar a los británicos. Si esto sucedía, ¿qué le impediría a Leopoldo Galtieri y compañía apoderarse de las islas del Beagle? ¿O qué los condicionaría a tomar iniciativas de esa naturaleza sobre espacios que, en aquel entonces, eran materia de disputa entre Argentina y Chile?

Cuatro años antes de Malvinas, Argentina había rechazado el resultado del laudo británico sobre el Beagle: las islas eran chilenas. Ahí, Argentina rompió reglas y apuró la guerra con el país vecino. En lo más digno que hizo el Vaticano en décadas, la impidió.

Pero Argentina, desoyendo lo acordado, tardó en retirar las tropas que había desplegado en la frontera. Y en los años '79 y '80, bravuconeó reiteradamente sobre esas áreas.

Sólo la serenidad que Chile mostró ante esas situaciones evitó problemas graves.

Ya en camino de Malvinas, Argentina sabía que el resultado de la mediación papal sería desfavorable para sus intereses en el Beagle.

¿Qué lectura debía hacer Chile de aquellas conductas? ¿Qué relación debía establecer entre ese pasado, la decisión Argentina sobre Malvinas y -a modo de suma- el fallo de la Santa Sede?

Y otro elemento que siempre inquietó a Santiago: en Argentina, el poder militar estaba distribuido entre muchos caciques. Mucha autonomía dando vueltas. ¿Acaso el general Luciando Benjamín Menéndez no había aceptado la intervención del Vaticano con mandíbulas apretadas? "Mande a sus generales, póngalos en regla", le había dicho al borde del grito Augusto Pinochet a Jorge Rafael Videla cuando en el '78 éste le confesó sus limitaciones para que los militares argentinos enterraran el hacha de la guerra.

Una única lectura hizo Chile de esta historia a la hora de Malvinas: Argentina se nos viene encima. Entonces, apoyó a Gran Bretaña.

Hizo lo que tenía que hacer.

Mal que pese de este lado de Los Andes.

 

 

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