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Jueves 01 de septiembre de 2005
   Editorial
Metamorfosis oficial

Los piqueteros sindicados como duros no son los únicos que tienen buenos motivos para sentirse desconcertados por el cambio de actitud del gobierno del presidente Néstor Kirchner. También los tienen los muchos ciudadanos que se acostumbraron a que el gobierno asistiera pasivamente a los atropellos perpetrados a diario por los piqueteros y por sus aliados de la ultraizquierda, brindando así la impresión de que Kirchner creía que por ser el desempleo masivo culpa de otros no le correspondía intentar mitigar las secuelas. Sin embargo, luego de haberse negado durante más de dos años a enfrentar a los piqueteros, hace pocos días el gobierno optó no sólo por hacerlo enviando a más de mil policías a impedirles cortar el puente Pueyrredón entre la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, sino que también los voceros oficiales se pusieron a denunciarlos por “extorsionistas” con palabras muy similares a las empleadas antes por opositores como Ricardo López Murphy y, últimamente, por ‘Chiche’ Duhalde. Asimismo, según el ministro del Interior Aníbal Fernández, no habrá ningún “diálogo” con los movimientos piqueteros hasta que se comprometan formalmente a “no volver a utilizar esa metodología” que consiste en cortar rutas o calles y acampar en lugares como Plaza de Mayo. Lo que quiere el gobierno, pues, es que los piqueteros dejen en seguida de ser lo que son porque lo que los distingue de los “luchadores sociales” de otros tiempos y países es precisamente la “metodología” que hicieron suya al darse cuenta de que nuestros gobiernos son reacios a garantizar el orden público.
Si por fin el gobierno está dispuesto a hacer respetar la ley, enhorabuena, pero a esta altura será necesario mucho más que algunas declaraciones oficiales contundentes para que se disuelva un movimiento que hasta el viernes pasado pareció disfrutar de la aprobación del presidente Kirchner que, por cierto, siguió “dialogando” con diversos líderes piqueteros sin que se le ocurriera pedirles elegir formas menos molestas de protestar contra el estado del país. Aunque es por lo menos factible que los piqueteros oficialistas encabezados por Luis D’Elía obedezcan las órdenes de Kirchner, no lo es que lo hagan los grupos que le son contrarios, que con toda seguridad tomarán el cambio repentino de actitud por evidencia de que siempre tuvieron razón al cuestionar la sinceridad del gobierno. De todos modos, en el caso poco probable de que en adelante los piqueteros desistieran de cortar rutas y celebrar marchas ruidosas por las calles de la Capital, se intensificarían las sospechas de quienes creen que su relación con el gobierno es más íntima de lo que los portavoces oficialistas quisieran admitir.
Según parece, la decisión oficial de hacer frente a los piqueteros se debe no sólo a motivos electoralistas sino también porque después de incluirlos en el “pacto de desestabilización” supuestamente urdido por Eduardo Duhalde, Carlos Menem y Luis Patti, no hubiera sido lógico continuar tratándolos como si a su juicio fueran integrantes de un movimiento político acaso heterodoxo, pero así y todo perfectamente normal con pleno derecho a hacer la vida imposible a los demás. Tal postura, más la propensión de algunos oficialistas a tomar a los seguidores encapuchados de personajes como D’Elía por víctimas inocentes de la maldad de gobiernos anteriores, puede haberle parecido útil a Kirchner a comienzos de su gestión, cuando sus asesores imaginaban que les sería dado incorporar al grueso de los piqueteros a un nuevo movimiento “transversal” de perfil netamente izquierdista, pero ya se habrá dado cuenta de su error. Lejos de ayudarlo, la militancia piquetera ha socavado su autoridad y, de concretarse las amenazas de los duros de organizar cortes de ruta sorpresivos y de “impedir que el gobierno haga actos de campaña”, podrían producirse incidentes graves que perjudiquen a candidatos electorales oficialistas como el canciller Rafael Bielsa. Asimismo, si bien al gobierno le resultó fácil frustrar el intento de cortar el puente Pueyrredón porque sabía de antemano lo que iban a hacer los piqueteros, una vez rotos los canales de comunicación, aun cuando contara con efectivos suficientes no le sería posible “saturar” con policías y gendarmes los blancos de las acciones próximas.

 

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