Los piqueteros sindicados como duros no son
los únicos que tienen buenos motivos para sentirse desconcertados
por el cambio de actitud del gobierno del presidente Néstor
Kirchner. También los tienen los muchos ciudadanos que se
acostumbraron a que el gobierno asistiera pasivamente a los atropellos
perpetrados a diario por los piqueteros y por sus aliados de la
ultraizquierda, brindando así la impresión de que
Kirchner creía que por ser el desempleo masivo culpa de otros
no le correspondía intentar mitigar las secuelas. Sin embargo,
luego de haberse negado durante más de dos años a
enfrentar a los piqueteros, hace pocos días el gobierno optó
no sólo por hacerlo enviando a más de mil policías
a impedirles cortar el puente Pueyrredón entre la Capital
Federal y la provincia de Buenos Aires, sino que también
los voceros oficiales se pusieron a denunciarlos por “extorsionistas”
con palabras muy similares a las empleadas antes por opositores
como Ricardo López Murphy y, últimamente, por ‘Chiche’
Duhalde. Asimismo, según el ministro del Interior Aníbal
Fernández, no habrá ningún “diálogo”
con los movimientos piqueteros hasta que se comprometan formalmente
a “no volver a utilizar esa metodología” que
consiste en cortar rutas o calles y acampar en lugares como Plaza
de Mayo. Lo que quiere el gobierno, pues, es que los piqueteros
dejen en seguida de ser lo que son porque lo que los distingue de
los “luchadores sociales” de otros tiempos y países
es precisamente la “metodología” que hicieron
suya al darse cuenta de que nuestros gobiernos son reacios a garantizar
el orden público.
Si por fin el gobierno está dispuesto a hacer respetar la
ley, enhorabuena, pero a esta altura será necesario mucho
más que algunas declaraciones oficiales contundentes para
que se disuelva un movimiento que hasta el viernes pasado pareció
disfrutar de la aprobación del presidente Kirchner que, por
cierto, siguió “dialogando” con diversos líderes
piqueteros sin que se le ocurriera pedirles elegir formas menos
molestas de protestar contra el estado del país. Aunque es
por lo menos factible que los piqueteros oficialistas encabezados
por Luis D’Elía obedezcan las órdenes de Kirchner,
no lo es que lo hagan los grupos que le son contrarios, que con
toda seguridad tomarán el cambio repentino de actitud por
evidencia de que siempre tuvieron razón al cuestionar la
sinceridad del gobierno. De todos modos, en el caso poco probable
de que en adelante los piqueteros desistieran de cortar rutas y
celebrar marchas ruidosas por las calles de la Capital, se intensificarían
las sospechas de quienes creen que su relación con el gobierno
es más íntima de lo que los portavoces oficialistas
quisieran admitir.
Según parece, la decisión oficial de hacer frente
a los piqueteros se debe no sólo a motivos electoralistas
sino también porque después de incluirlos en el “pacto
de desestabilización” supuestamente urdido por Eduardo
Duhalde, Carlos Menem y Luis Patti, no hubiera sido lógico
continuar tratándolos como si a su juicio fueran integrantes
de un movimiento político acaso heterodoxo, pero así
y todo perfectamente normal con pleno derecho a hacer la vida imposible
a los demás. Tal postura, más la propensión
de algunos oficialistas a tomar a los seguidores encapuchados de
personajes como D’Elía por víctimas inocentes
de la maldad de gobiernos anteriores, puede haberle parecido útil
a Kirchner a comienzos de su gestión, cuando sus asesores
imaginaban que les sería dado incorporar al grueso de los
piqueteros a un nuevo movimiento “transversal” de perfil
netamente izquierdista, pero ya se habrá dado cuenta de su
error. Lejos de ayudarlo, la militancia piquetera ha socavado su
autoridad y, de concretarse las amenazas de los duros de organizar
cortes de ruta sorpresivos y de “impedir que el gobierno haga
actos de campaña”, podrían producirse incidentes
graves que perjudiquen a candidatos electorales oficialistas como
el canciller Rafael Bielsa. Asimismo, si bien al gobierno le resultó
fácil frustrar el intento de cortar el puente Pueyrredón
porque sabía de antemano lo que iban a hacer los piqueteros,
una vez rotos los canales de comunicación, aun cuando contara
con efectivos suficientes no le sería posible “saturar”
con policías y gendarmes los blancos de las acciones próximas.
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