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Sábado 18 de junio de 2005
   Cultura y Espectaculos

Momentos de la vida hechos canción

Barrientos busca la complicidad del público a través de las canciones.

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El dúo Orozco - Barrientos busca la complicidad del público a través de las canciones.

Desde el 2003, Fernando Barrientos y Raúl Tilín Orozco, vienen creciendo paso a paso en la consideración pública. La televisación de renombrados festivales folclóricos durante el pasado verano, difundió su imagen y su música por el país entero. Su presentación a principios del otoño en ND Ateneo, fue a sala llena. "Celador de sueños" se llama su primer CD, que a primera audición ya huele familiar, a ojos llenos de amor, a viña soleada, a pan casero caliente, a brisita fresca, a patio recién regado.

"Hay canciones que ahora leo y no me dicen nada, y antes, cuando las hice, me decían mucho; las revisé tanto mientras las compuse que las contemplo como momentos", precisa Fernando, voz del dúo. "Y soy obediente a esas cosas".

- ¿Es decir...?

- Que entiendo que todo en la vida son momentos. Lo que hoy me parece copado quizás mañana no lo sea tanto, y trato de vivir el presente, absolutamente. Me reflejo desde ahí.

- Ahora, la canción obliga a recrear la idea que la gestó.

- Cuando estoy sumido, metido en presentar un disco y pienso que esos temas debo cantarlos por dos años... Bueno, hay momentos en los que -no me ha sucedido ahora, sí en otras oportunidades- no he tenido ganas de cantar. Ahí hay que apelar al oficio y hacerlo. Así de corta... Pero, habitualmente no me sucede. Para mí, tocar es siempre un placer. Y en cuanto a recrear, hay cosas que hoy no cantaría. Canciones mías, viejas... No me reflejan, no las podría cantar bien ahora. Participar de algo donde siempre interactúa la memoria es bastante delicado porque, por lo general, la cosa llega desvirtuada por un montón de agregados...

- Como una memoria disfrazada.

- Sí, una idealización si se quiere. A menos que rememore experiencias que no han sido grosas, se tiende a agrandarlas con el tiempo o a achicarlas, pero nunca son como fueron, objetivamente. En esto tan dinámico, casi instantáneo como las canciones, me aferro al ahora. Hoy canto esto y lo disfruto, mañana no sé.

- ¿Por dónde buscar la poesía, mientras te disponés a cantar "Celador de sueños" durante dos años?

- Siempre estamos trabajando. La composición, para nosotros -y en mi caso, particular- es un festejo también. Afortunadamente, de esta profesión, de este laburo, disfruto todo, cuando voy a grabar, cuando toco, al componer. En ese aspecto, me siento un privilegiado, no tengo muchos conflictos. Y cuando no aparece esa intuición, esa lucecita para llevar adelante una canción, dejo, suspendo, hago otra cosa. No fuerzo nada. Veo mucho fútbol, (ríe) leo más... Lo que escribo tiene que ver conmigo en un punto, y no todo el tiempo soy o estoy como cuando compongo; transito por otro lugar.

- ¿Verdaderamente, las canciones te definen?

- No, no... Para nada. Pongo en palabras o bajo al papel situaciones que me parece piola contar a mi manera, o sensaciones del alma (bajo el tono de su voz) muchas veces intangibles hasta para mí. No sé clarito qué quise decir. Pero, en función de lo que estaba sonando, de cómo venía la canción, me resulta atractivo y queda.

- En casi todos los temas, la soledad roza o reina...

- Para mí ha sido grosa la relación con el desierto mendocino. Cuando lo conocí me pareció algo desolador que a la vez, puede llegar a ampararte. Tiene esa ambigüedad, esa cuestión profunda de la distancia, la ruta como única guía. Ahí aprendí que no hay sitio donde llegar; eso es circunstancial, hay que disfrutar la travesía. Esa inmensidad me hace reflexionar a partir de la soledad que a veces es una buena compañía. Depende cómo ande uno. Las rutas...

- Esos caminos sin gente.

- Caminos sin gente, así son.

Fernando vino al mundo en Guayaquil, Ecuador; su viejo tocaba en un trío de folclore chileno, latino, boleros, y su mamá lo acompañaba de gira por Latinoamérica en el '63. Pero al mes de nacer ya vivía en Valentín Alsina, sur del Gran Buenos Aires. Tres años después, los Barrientos se mudaron a Mendoza. "Soy de un lugar, de un pueblito dentro de Guaymallén, llamado Bermejo. Casi el campo. Y es me marcó en un punto también. El paisaje es determinante. Arma una manera de ver...

- ¿Y vivir en Buenos Aires, entre ruidos, cemento, smog, vértigo las 24 horas?

- Me copa. Debe ser porque mamá es de acá, yo viví mis primeros años acá. Me mantuve conectado a Buenos Aires aunque no tengo recuerdos de entonces; sí de los edificios. Me veo mirando para arriba, desde el tren, sorprendido por sus alturas. Llegar a Retiro y ver tanta gente... Y me fui quedando.

- Por tu acento, el tenor de tus poemas, los ritmos de las canciones, nadie diría que pasaste gran parte de tu vida aquí.

- Es verdad, sí. No se me ha pegado la tonada porteña en doce años. Nunca me puse a reparar por qué. Pero, es verdad que llevo una impronta, una herencia bien mendocina, de distancia, desierto y caminos.

 Eduardo Rouillet

 

 

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"Un lugar donde cada disco es un desafío"

 

 

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