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Domingo 22 de mayo de 2005
   Editorial
La tercera vía lavagnista
En el léxico político local, “noventista” quiere decir “neoliberal”, mientras que “setentista” suele emplearse para aludir a la propensión del presidente Néstor Kirchner a reivindicar esbozadamente a los “idealistas”, por lo común jóvenes, que militaron en organizaciones armadas como los Montoneros y el ERP, de suerte que resultó un tanto sorprendente oír al ministro de Economía, Roberto Lavagna, fustigar no sólo a los “conservadores financieros noventistas” que son los blancos habituales de las diatribas oficiales, sino también a los “populistas setentistas” que según él creen que ya ha llegado la hora para dar más subsidios, más crédito fácil, mayores salarios y así por el estilo. Se trata de una andanada dirigida contra el ala política oficial y, se supone, un intento de marcar distancias con el resto del gobierno antes de abandonarlo con la esperanza de aprovechar en beneficio propio la buena imagen que en su opinión le ha supuesto el manejo “exitoso” del canje de la deuda pública en default. Como Lavagna comprenderá, sus palabras no pueden sino hacer más convincentes las versiones sobre las batallas internas que está librando contra el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Al atacar frontalmente a “setentistas” y “noventistas”, Lavagna da a entender que se encuentra en un lugar intermedio entre dos tipos de extremismo. A diferencia de los primeros, cree en un severo control fiscal y es bien consciente del peligro planteado por la inflación, pero también es contrario a quienes a su juicio sólo quieren “volver a los negocios financieros fáciles, a pedir plata en los mercados internacionales”. Con todo, aunque conforme a las pautas nacionales sería posible tomar a Lavagna por una especie de centrista, según las que imperan en el resto del mundo su gestión no se caracteriza por su moderación. Puede que en ocasiones se haya resistido a repartir directamente subsidios y créditos fáciles, pero al mantener subvaluado el peso lo ha hecho de manera indirecta, privilegiando a los llamados productivos del conurbano bonaerense, en desmedro de buena parte de la población. En cambio, será difícil acusarlo de haber impulsado aumentos de sueldos excesivos: antes bien, su estrategia se basa en el presupuesto de que es forzoso que los salarios sean lo bastante reducidos como para posibilitar que nuestros productivos compitan contra sus rivales brasileños y chinos. Aunque tal política suele reivindicarse con planteos nacionalistas, cuando no populistas, en el fondo es desarrollista.
Si algo caracteriza a los populistas, esto es su voluntad de repartir beneficios hoy sin preocuparse en absoluto por lo que podría suceder mañana. Ahora bien: aunque es innegable que Lavagna, que es el máximo responsable de la “estrategia” oficial desde que asumió en abril del 2002 cuando Eduardo Duhalde ocupaba la Casa Rosada, se ha mostrado más decidido que otros ministros a mantener bajo control el gasto público, esto no quiere decir que haya estado dispuesto a subordinar el corto plazo al largo. Al dar prioridad a los intereses inmediatos al empresariado mayormente bonaerense, le ha permitido acostumbrarse a una situación que le es insólitamente favorable, sin hacer nada para prepararse para el día en que le sea necesario competir con sus equivalentes de otros países sin contar con la protección brindada por un “dólar recontraalto”. Para conservar el esquema que él mismo prohijó, Lavagna, acompañado por Kirchner, está procurando convencer a los brasileños y también a los chinos de abstenerse de tratar de vendernos sus bienes que, por ser más baratos y de calidad superior a los producidos aquí, contribuirían a mejorar el nivel de vida de la mayoría. Asimismo, en un esfuerzo por impedir que el peso se fortalezca, el Banco Central sigue comprando cantidades cada vez mayores de dólares, táctica que en opinión de muchos no podrá continuar aplicándose mucho tiempo más. Dicho de otro modo, parece probable que Lavagna sospeche que su “modelo” desarrollista, hecho a la medida de los lobbies bonaerenses, tenga los días contados, de suerte que le convendría dar un paso al costado antes de que las circunstancias lo obliguen ya a modificarlo, ya a abandonarlo por completo.

 

 

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