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Miércoles 16 de febrero de 2005
   Cultura y Espectaculos

"La sierva", una historia de perversión y poder

Respetando el alma del texto de Andrés Rivera, Andrés Bazzalo pone en escena en el Teatro Payró su versión de "La sierva", una historia de 1880 que habla de la Ar gentina de hoy.

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Andrés Rivera, fiel a la narrativa, ve convertirse sus textos en piezas teatrales.

BUENOS AIRES, (Télam).- Una de las novelas más crudas de Andrés Rivera, "La sierva", dio sustento al espectáculo que se presenta en el porteño Teatro Payró, con adaptación y dirección de Andrés Bazzalo.

Ambientada en los años de la organización nacional, el argumento gira en torno de la perversa relación entre el juez Saúl Bedoya y la hermosa Lucrecia, una sirvienta que aspira a ser patrona.

"Yo no soy un escritor histórico -reclamó enérgicamente Rivera al ser interrogado por Télam-, es lo mismo que pensar que Shakespeare lo es". Sin embargo, en una alta proporción, por sus novelas circulan personajes relevantes de nuestra historia o la acción se desarrolla en un contexto claramente argentino.

"He tomado dos o tres protagonistas de la historia: Juan José Castelli ('La revolución es un sueño eterno'), Juan Manuel de Rosas ('El Farmer') o José María Paz ('Ese manco Paz') porque ellos operaron en mí eso que se llama 'impulso intelectual'-aseguró- y que llevó a Faulkner a decir que 'se hace necesario escribir, así haya que matar a la madre'".

"La sierva" tiene el sello reconocible de una época aunque los personajes y la historia sean de ficción y, al mismo tiempo, el despotismo del poderoso y el clima de corrupción la acercan al presente.

"En el espectáculo se ve la actualidad que tiene la puesta de Bazzalo y la adaptación que él elaboró -reconoció-. No están hablando de la Argentina que se construyó en 1880, están hablando de la Argentina de hoy".

En varias oportunidades los textos de Rivera fueron volcados a la escena. Así ocurrió con "La revolución es un sueño eterno" en versión de Raúl Serrano o "El farmer" y "El amigo Baudelaire" en el Sportivo Teatral de Ricardo Bartís.

"Siempre voy a ver las versiones teatrales de mis obras con mucha expectativa y con mucha curiosidad. Y en este caso en particular, sentí que me estaban hablando de algo que me es familiar, de algo que yo leí en algún momento", reveló el escritor.

"Pero el teatro y la novela cumplen dos funciones distintas -agregó-. En la novela todo está en el papel y en el teatro los personajes están corporizados, son de carne y hueso. Creo que en escena la obra se enriquece, porque implica el traslado del papel al cuerpo".

Por su parte, el director Bazzalo señaló a a esta agencia que "se puede hablar de 'versiones de versiones', porque yo escribí una versión, al dirigir construí otra y los actores hicieron la suya. En realidad es un difícil conjunto de trueques".

No fue fácil la relación de Bazzalo con el texto original. En el '94 le apasionó la novela desde la primer lectura, pero no encontraba la manera de contar la historia.

"Diez años después me obsesioné -confesó-, la leí infinidad de veces porque tenía que meterme y convivir con los personajes para poder darle estructura dramática a un texto muy complejo que refleja el fluir del pensamiento".

"Le di una progresión dramática -acotó- y, además, intenté que no se perdiera el carácter del material, que hubiera reflexiones de los actores con el público para que algo del relato estuviera presente".

La escritura descarnada que caracteriza la obra de Rivera está también cargada de imágenes, lo que le da fuerte valor dramático y la hace especialmente atractiva para la gente de teatro.

Sin embargo, el escritor no duda en sostener: "Yo creo que no podría escribir otra cosa que no fuera narrativa".

Y aclaró con relación a su manera de abordar sus obras que "para empezar a escribi una novela necesito tres elementos: el título, las primeras diez líneas y el final. Después, lo que viene es lo que hay en el sandwich. No es que surja espontáneamente, pero se empieza a trabajar sobre esos tres elementos en un proceso muy complejo y elaborado".

A manera de ejemplo mencionó que en "El amigo Baudelaire", en las primeras diez líneas, Saúl Bedoya define su propio perfil y el final es un final abierto que dio lugar a "La sierva". De la misma manera, en el comienzo de "La sierva" Lucrecia se define. En los dos textos se trata de la misma historia pero cambia el eje del protagonismo.

Refiriéndose a "La sierva" Bazzalo señaló que "se trata de un texto que tiene muchas lecturas posibles. A partir de lo privado nosotros podemos reflexionar sobre el ser humano, la Argentina fundacional y la de hoy, el poder y la perversión, la relación sometedor-sometido o los cambios de roles".

Finalmente concluyó: "Hemos intentado que el material, desde la sencillez de la relación privada, disparara todas esa posibilidad polisémica que tiene el material de Rivera".

Una versión cruda

Toda la crudeza con que Andrés Rivera pintó las perversas relaciones de los protagonistas de "La sierva" fue fielmente rescatada en la versión de la novela que se estrenó en el Payró, con la adaptación y dirección de Andrés Bazzalo.

Lucrecia, la protagonista de la obra, es una sirvienta que ambiciona ser patrona y para lograrlo no tiene inconveniente en llegar al crimen de su patrón, un italiano que recibió su campo como obsequio de Juan Manuel de Rosas.

Pero es sometida y somete al juez Saúl Bedoya, oligarca del siglo XIX, que la rescata de la segura prisión para convertirla en su sierva sexual.

Entre ambos se crea una relación de perversión y dominio que los sumerge en la degradación. Un clima de corrupción rodea el mundo de Bedoya al que pronto se adapta Lucrecia para lograr sus ambiciones. Se desarrolla entre ambos un vínculo de víctima-victimario en el que los roles de dominación se van alternando, hasta desembocar en un final abierto signado por la humillación y la violencia.

Si bien la acción dramática se ubica en los años de la Organización Nacional, con mención expresa de la época en muchos de los parlamentos, la realidad que refleja la obra adquiere una alarmante vigencia.

La versión escrita por Andrés Bazzalo no sólo respeta el espíritu de la novela, sino que logra mantener el tratamiento del lenguaje propio de Rivera pero sin caer en lo literario.

La dirección compartida de Bazzalo y Mónica Scandizzo pone énfasis en el trabajo actoral, con un austero tratamiento del espacio escénico.

Luis Campos en el rol de Saúl Bedoya y Heidi Fauth como Lucrecia asumen plenamente los riesgos de una puesta que no escatimó crudeza en el planteo de las escenas que, en muchos casos llegan al sado-masoquismo.

Completan el elenco Mario De Cabo, Fernando Martín y Leonardo Odierna cubriendo los restantes personajes.

"La sierva" se presenta en el Teatro Payró (San Martín 766), los sábados a las 22.30. (Télam).

 

 

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