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Lunes 3 de enero de 2005
   Vida Cotidiana

Los 90 años de la inundación del valle del Colorado

Una mirada histórica del desborde del río que es límite natural norte de la Patagonia y que arrasó pueblos y haciendas.

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Los pueblos de Río Colorado y Buena Parada, así como Catriel, Peñas Blancas y 25 de Mayo, fueron los que más sufrieron las consecuencias letales de la sorpresiva inundación.

Casi por sorpresa. No imaginado el motivo. Lo más rápido para alertar con la funesta noticia de la avenida de agua fue el telégrafo y algunos despavoridos jinetes, pero igualmente nada se pudo hacer para evitar el descomunal tropel de aguas marrones y en época inusual de crecientes. Difícil también comunicar a los ribereños el enojo del "Primer Desaguadero", como lo llamara el jesuita inglés Tomas Falkner en su libro y mapa de 1774. En cuanto a población, la afectada más importante fue sin duda Río Colorado y su vecina la inicial Buena Parada en la provincia del Río Negro. Veamos.

Hasta hace unos años sobresalieron en recuerdos escritos sobre aquel famoso desborde o inundación del río Colorado los libros de dos destacados directivos del Ferro Carril Sud: Arturo H. Coleman, galés y el dinamarqués William Rögind. Últimamente otros autores regionales mencionaron el acontecimiento y los diarios "La Nación" -con enviado especial- y "La Prensa" se ocuparon del asunto lo mismo que los periódicos de entonces "Río Negro" y "Neuquén", entre otros. La causa parece que fue un "fenómeno geológico" y según lo narró el galés Coleman: "Próximo al nacimiento del río Colorado, en la cordillera de los Andes, corre el río Barranco (Barrancas) tributario del Colorado. El lago Carri Lauquén, estaba situado en el propio curso del río Barranco (Barrancas). Esta cuenca, que desapareció bruscamente, tenía unos treinta y dos kilómetros de largo, con un ancho que variaba entre los tres y los doce kilómetros. Se había formado, cientos de años atrás, a causa de que la salida del encajonado valle, por el cual discurre el río Barranco, fue bloqueada por una erupción volcánica que obstruyó parcialmente el paso con enormes rocas, dejando un reducido boquete por donde desaguaba el lago" (sic). Por tanto el lago Carri Lauquén actuaba como regulador natural de dicho río y podía recibir toda el agua posible de lluvias o derretimiento de nieve ya que su compuerta rocosa o tapón permitía salir el agua del lago. El 27 ó 28 de diciembre de 1914 el lago se encontraba muy lleno y la enorme presión del agua o "algún movimiento sísmico derrumbó el tapón que obstruía el boquete, disgregándolo y arrastrando las rocas volcánicas que cerraban el paso, vaciándose rápidamente el lago".

Una posterior inspección del ingeniero Blencowe de la empresa ferroviaria inglesa comprobó que el barro en las paredes del lago, indicaba en el centro 110 metros y 85 e las orillas. La enorme masa de agua que se descargó del Barrancas al Colorado se calculó en no inferior a "dos mil ochocientos millones de metros cúbicos". Coleman, entonces superintendente de tráfico ferroviario con asiento en Bahía Blanca, había recibido pedido de auxilio de los gobernadores del Neuquén y del Río Negro. Principalmente sobre el peligro de inundación que amenazaba a Buena Parada-Río Colorado, disponiendo la formación de un tren de auxilio "compuesto de veinte vagones dobles cubiertos y dos abiertos, en los que se cargaron, como medida de precaución, cuatro botes a remo" saliendo el domingo 29 de diciembre de 1914 rumbo a Río Colorado. Al pasar el puente de hierro sobre el Colorado y ya en Buena Parada se invitó a los pobladores a subir al tren, pero hubo cierta resistencia y tuvo que actuar la policía.

Las aguas avanzaban arrolladoramente y el tren habitual a Neuquén había quedado detenido en la estación Río Colorado a donde llegó su similar de auxilio. No tenían información de las estaciones Juan de Garay, Pichi Mahuida y Fortín Uno, donde la vía corre casi paralela al Colorado. A las 22 de aquella noche "el jefe de la estación Pichi Mahuida avisó telegráficamente que se encontraba en la oficina con el agua a la cintura y abandonaba la estación". Arturo Coleman ordenó que el tren de pasajeros retrocediera a la estación Gaviotas y a la madrugada (30/12) prosiguieron la marcha con parte del tren de auxilio y dos botes. A unos veinticinco kilómetros llegaron a la orilla de la inundación. Quisieron retroceder, pero estaban completamente rodeados por las aguas que aflojaron el terraplén con las vías y el tren se inclinó. El agua llegaba a las ventanillas. Aislados totalmente, usaron los botes y navegaron "cruzando como a un metro por encima del alambrado de la vía" hasta llegar a una loma. Eran trece personas "incluídos maquinista, foguista, guarda tren y guarda freno". Con palos y frazadas improvisaron un refugio entre el monte nativo y las matas sirvieron para secar las ropas completamente mojadas por lluvia torrencial.

Mientras tanto, en Río Colorado los pobladores se habían refugiado en techos de la estación, galpones, en vagones del auxilio y algunas viviendas porque las de adobe se derrumbaron. Así estuvieron siete días. Vieron pasar con el torrente de agua "fuertemente barrosa y de un subido color chocolate" cantidad de caballos, vacas, cabras, ovejas, avestruces". Y la lucha por sobrevivir de "serpientes, tarántulas, arañas monstruosas, ratones, cuises e infinidad de insectos". En cuanto a alimentos, una majada de ovejas salvó la situación alimenticia. No tenían forma de comunicarse con Río Colorado y menos con Bahía Blanca.

Hubo pérdidas de vidas y de bienes. Un autor menciona como desaparecidos en Rincón de los Sauces a las familias Molla, Cerda y Palomo, salvándose milagrosamente Leuterio Palomo. Otro autor escribió que "en las colonias de Peñas Blancas (Río Negro) y 25 de Mayo (La Pampa) se hallaron 113 cadáveres". Pero hubo más fallecidos. El "Río Negro" en su edición 122 del 9/1/1915 informó ampliamente sobre el fenómeno, como "La creciente del río Colorado" (tres columnas) incluyendo notas del colega "Neuquén" que informara sobre el hallazgo en aquel territorio de los "cadáveres de José María Vilo, su esposa y tres hijos", de la "mujer de Juan Retamal", familias de Ruperto Moya y Juan Villar y el corresponsal en Cipolletti telegrafió que en Catriel "ha quedado solo una casa en pie".

Por su parte el corresponsal en Río Colorado anduvo "acercándose lo más posible a la costa del Colorado" y pudo constatar los grandes daños causados por el aluvión y conocimiento que había tenido de la "desaparición de más de cincuenta individuos", habiendo conseguido el nombre de algunos de ellos: Juan Videla, Feliciano Arrieta, Marcelina Latur, Juan, Eustaquio e Hilario Domínguez, Eduviges Aguirre "y un hijo de pecho", Santiago, Damián y Serapio Molina, Petrona Díaz, Juana, Antonia, Josefa y Dolores Domínguez", pero llamativa y seguidamente expresa: "estos últimos fueron hallados y socorridos por el oficial Roque Harris, después de cuatro días de obligado ayuno. Frente a Roca, José Cañipán, perdió á su mujer y siete hijos... El pueblo de Nueva Parada está completamente inundado".

"Según el señor Blencowe (ingeniero del Ferrocarril del Sud) el lago Carri-Lauquén debe haberse desbordado a las 16 horas el 29 de diciembre de 1914" (sic), (Rögind). Ocurrió hace 90 años.

 

Héctor Pérez Morando

 

Bibliografía principal. Coleman, A. Mi vida, 1949. Rögind, W. Historia, 1937. Dehais, F.J. 25 de Mayo de la Crezca, 2003. Pérez Morando, H. Río Colorado, 1991. Palomo, S. Historia, 1989. Periódicos Río Negro y Neuquén, 1915 y otros.

 

 

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