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Domingo 2 de enero de 2005
   Vida Cotidiana

Tribulaciones de Bresler cerca del paso Hua-Hum

Por Francisco N. Juárez
fnjuarez@sion.com

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El lago Lácar, junto al que Daniel Martín Bresler y su numerosa prole se instalaron en 1904.

En la tercera semana de noviembre de 1904 el coronel bóer Daniel Martín Bresler viajó desde la estación Neuquén a Constitución para completar la nómina de inmigrantes sudafricanos que esperaban poblar la región del Lácar, próxima a la neuquina San Martín de los Andes. Su esposa Caterina y la nutrida prole familiar, quedaron precariamente instalados en Quechuquina, el lugar elegido y cercano al paso fronterizo de Hua-Hum. Bresler era cabeza de la proyectada colonización bóer en el Neuquén cuando acompañó hasta aquella región al inspector Otto Asp de la Oficina de Tierras y Colonias del ministerio de Agricultura.

Los inspectores eran casi todos "gringos" pero experimentados para semejante aventura. Con raíces alemanas Carlos Burmeister; peninsulares, como el "tano" Humberto Giovanelli, y nórdicas múltiples como las del propio Asp.

Aquella primera visita de fines de mayo de 1904 de Asp y Bresler a San Martín de los Andes, fue compensadora para el funcionario. Venía de dejar al ministro su informe "Expedición al Pilcomayo" que se editó en octubre de 1905, y de los padecimientos de la exploración que lo involucró desde el 27 de marzo al 6 de octubre del año anterior (1903), entre lluvias, vinales, fiebres, peligros y robos de los belicosos indios chorotes. Estos ya habían matado al científico francés Crevaux y a sus expedicionarios en 1875. Desde el siglo XVI fue un martirio de exploradores y allí fracasó hasta el experimentado Félix de Azara.

 

Un peso con 60 y vista al lago

 

En cambio Asp salió airoso y se sintió gratificado inmediatamente acompañó de Bresler hasta el lago Lácar. Encontró un paraíso al cumplir la decisión del gobierno central de reservar "una superficie de 132.280 hectáreas en el Territorio del Neuquén para adjudicarla a colonos procedentes del Sur de África (sic) promoviendo a la inmigración de aquel país". Esto implicaba vender "directamente a cada colono" en fracciones de 2500 Has. "a 1,60 la hectárea".

Bresler volvió pronto y con su familia -un total de 10 integrantes- y quedó instalado precariamente en un rancho junto al arroyo Quechuquina, a un paso de la frontera con Chile. Sucedió en octubre y pronto había que operar el desmonte, levantar viviendas, iniciar sembradíos y criar ganado para cumplir con las condiciones de la adjudicación. Pero había que volver a la punta de rieles para seguir e busca de otros colonos que aguardaban en Buenos Aires.

En el regreso solitario en tren del Ferrocarril Sud de la tercera semana de noviembre de 1904, Bresler llevaba su marca de ganado recién registrada (una obesa "D" de su nombre sobrepuesta a la "B" de su apellido), asentada con el número 3335, folio 182 del libro 6° de la gobernación neuquina. Pero no se demoró en la gran ciudad. Volvió a Neuquén a comienzos de la segunda semana de diciembre y se detuvo en esa capital territorial para cerrar su compra de ganado y tramitar la guía a fin de seguir con el arreo hacia Quechuquina.

Habían pasado ya dos meses de la inauguración de la nueva capital de Neuquén y el juez de paz Pascual Claro todavía usaba los formularios oficiales con la antigua denominación del lugar. Las "guías de campaña" para trasladar "frutos del país" y ganado, tenían al pié impreso el viejo nombre de "Confluencia,...". Se completaba a pluma con la fecha del día.

Ya el 22 de noviembre el juez había asentado la marca de Bresler bajo el número 235 del folio 57. Esta vez, la guía N° 49 la suscribió el 11 de diciembre 11, a nombre de "D. M. Bresler" que conducía "al 4° Departamento del Territorio..." según consignación "del mismo para cría...mil animales vacunos comprados a don Cayetano Domínguez, según certificado expedido con fecha 10 del corriente y que depositó en este Juzgado con la marca..." (y seguía el dibujo elegido por el vendedor). Se aclaraba que el ganado tenía esa única marca.

No quedaron datos del arreo y no se sabe cuándo llegaron los animales. Pero está el registro 770 folio 210 del juez suplente Justo Jones de Junín de los Andes del 4 de marzo de 1905 con la marca presentada por Bresler. Vuelto a las tierras adjudicadas debió seguir con trabajos titánicos. Comandar la colonia y mantener la fraternidad vecinal. Pero no fue así. Hubo quejas de colonos y, además, Bresler tuvo dificultades con sus vecinos bóers y hasta con las inspecciones de Agricultura.

Ya entonces, el 20 marzo de 1905 el jefe del "campamento" de caballería de línea N° 3 de San Martín de los Andes, teniente coronel Eduardo Raybaud -que 8 años más tarde sería el ayudante militar asignado al paso de Theodore Roosevelt por la Argentina-, escribió al comisario Carlos Alvarez Gómez de Junín de los Andes para consultarlo si ya estaba ordenado el desalojo de los "intrusos" en campos adjudicados a los colonos. Lo hacía ante la denuncia de hostigamiento al colono J. C. Forteza a quien "el Señor Bresler puso en posesión al norte del lago Loló" (sic). El comisario elevó el asunto el 26/03/1905 a la jefatura policial para conocimiento del gobernador, aclarando que el vecino Forteza nunca pidió desalojo de intrusos, que tampoco esa comisaría se inmiscuía en adjudicaciones que no le estaban notificadas, y que "solamente se ha recibido comunicación del campo del Sr. Bresler en Quilanlahue, el mismo que ocupaba Manuel Sobarzo". Pero había notificado "a los pobladores de Ruca-Choroi hasta Maipú" de que el gobierno dispuso de esos campos (Servicio Provincial de Archivos del Neuquén, nota 4LL 1/6).

El 29 de marzo, el teniente coronel Raybaud escribió otra nota al ministro de Agricultura sobre el tema pero ampliado y a modo de colaboración. Le dio cuenta de "...algunos colonos que han ocupado fracciones de la colonia Bresler..." los que le "manifiestan el deseo de retirarse porque los campos están todos ocupados por intrusos...". El militar dijo que les requirió paciencia y prometió interceder ante el ministro a quien aseguró "que estos colonos no podrán poblar esta región eficazmente, si la Gobernación no ordena que cada lote de los concedidos al Sr. Bresler sea desocupado de intrusos".

 

Granada de Palermo al Lácar

 

Lo que cayó como una bomba en la península Quechuquina del lago Lácar, más precisamente en el casco de los Bresler, sucedió dos años después ya construida la casa principal a la vista del arroyo, el lago, las montañas y el denso bosque. Fue la petición del vecino del Palermo porteño Leopoldo A. Granada al ministro del Agricultura. Por nota del 8 de noviembre de 1907 Granada, con domicilio en la calle Godoy Cruz 2669, dijo que deseaba "poseer una propiedad de 625 hectáreas de campo al Norte del Lago Lácar y que se denomina 'Pampa de Quechuquina' en el Territorio del Neuquén, por el precio que se sirva fijar es Ministerio..." y que prometió pagar al contado (Duplicado de mensura 177 del Archivo y Copistería de Catastro de Neuquén).

El ministerio encontró que el pedido caía en un área reservada como fiscal ya desde el 21 de julio de 1897 y que esas tierras "las destinó para la colonia Maipú, pero quedan fuera de la 'Vega' del mismo nombre destinada al mantenimiento de las caballadas del ejército". También convino que desde el decreto del 1° de setiembre de 1904 se había reservado "para la colonización bóer" y que era la zona "explorada por el señor Otto Asp quedando comprendida dentro de una de las referidas fracciones".

¿Qué extraña conexión se produjo para alguien peticionara una tierra lejana -reservada para colonia- y hasta se armara un expediente para intentar la adjudicación? Es que algunos pícaros ya estaban disimulados entre las mamparas de los ministerios. Se sabía que el comisionado para entregar las tierras de la colonia bóer del Neuquén, Carlos Burmeister, no había cumplido con el decreto presidencial del 2 de marzo de 1907 (Boletín Oficial del 5/03/1907) firmado por Benito Villanueva, presidente provisional del H. Senado en ejercicio del Poder Ejecutivo y refrendado por Ezequiel Ramos Mexía, ministro de Agricultura. Porque Burmeister viajó a la región pero encontró argumento para no dar posesión a Bresler, cuando el decreto presidencial referido a la reserva para colonia "a pedido de don D. M. Bresler", así lo ordenaba.

La petición del palermitano Granada seguramente obró en conocimiento de que Burmeister no entregó las tierras, ya que el pedido lo concretó poco después del viaje del comisionado. Pero de inmediato, Caterina, la esposa de Bresler, se instaló en Buenos Aires para asesorarse y gestionar en los laberintos de la burocracia. Se presentó el 19 de octubre de ese año 7 quejándose del informe Burmeister. ¿Qué pasaba? Roca había plantado las guarniciones militares frente a Chile y había decretado la instalación de la colonia bóer en esas fronteras 11 días antes de entregarle el gobierno a Manuel Quintana. ¿Luego había cambiado la decisión geopolítica? ¿Qué había informado el comisionado como para desairar nada menos que un decreto presidencial? Parece que no quiso recorrer la extensión de Bresler, le tasó bajísimo las mejoras, y produjo un informe negativo. En el expediente 5831-B-907, la División Geodesia del ministerio volvió a requerir su opinión -el 25/11/1907- y Burmeister dijo: "Sobre el lago Lácar, en el paraje denominado Quechuquina, que es un abra de unas cuatrocientas (400) hectáreas en medio del bosque, estaba poblado el titular colonizador bóer Daniel M. Bresler en una casa vieja de un intruso chileno que desalojó, no tiene animales y sólo unas pocas hectáreas aradas. Por esta razón no le di posesión de una legua de tierra que gestionaba". Los Bresler darían batalla. El coronel bóer la siguió en la cordillera y su esposa Caterina se instaló en Buenos Aires. Fijó su domicilio en la calle Rivadavia 746 y preparó una carpeta con documentos sobre la instalación en Quechuquina que incluía varias fotos del lugar, con la población levantada y hasta de la parva de la cosecha lograda ya en el primer verano (1904-1905). Estaba decidida a desmentir al comisionado.

(Continuará)

 

 

 

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