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Lunes 29 de noviembre de 2004
   Municipales

Un debate necesario

La realización de la última Fiesta de la Nieve le costó a los contribuyentes 170.000 pesos que podrían haber ido a cubrir otras necesidades más acuciantes si el dinero para producir el espectáculo con su escenario, luces, artistas y fuegos artificiales hubiera surgido enteramente de la publicidad y los aportes privados.

Esta última variante es hoy por hoy una utopía difícil de alcanzar, según juzgó el secretario de Turismo municipal, Guillermo Estévez, quien sin embargo admitió que debería ser el Norte a seguir. "A todos nos gustaría que la fiesta no cueste un peso y que de ser posible nos deje plata" aceptó, aunque el dispendio de este año contradiga esos objetivos.

A diferencia de lo que ocurre en otras localidades, la idea que prevalece en Bariloche desde hace años es que la Fiesta de la Nieve debe realizarse "sí o sí" porque es una herramienta de promoción decisiva para apuntalar la temporada turística de invierno.

Así fue como en tiempos de vacas flacas se organizaron festejos muy austeros y en otros la convocatoria ganó en espectacularidad, al punto de merecer transmisiones por tevé a todo el país.

Con buen criterio, este año la Fiesta se adelantó de agosto a junio para aprovechar mejor el rédito promocional y también se incluyó un concurso de carrozas con atractivos premios. Esto último ayudó a reforzar el anclaje popular, que debería ser una motivación tan esencial a la Fiesta como la búsqueda de impacto turístico.

El manejo presupuestario de la última edición se transformó en noticia desde que la comisión organizadora entregó hace pocos días el balance final al Tribunal de Cuentas. De allí se desprende que los aportes del municipio, el Emprotur, el gobierno provincial y el nacional estuvieron muy por encima de cualquier antecedente y sumaron en conjunto 170.000 pesos.

El detalle de los ingresos demuestra además que el grueso del dinero disponible provino de fondos públicos y no hubo contrapartida de patrocinantes ni empresas privadas. Pero Estévez aclaró luego que un amplio número de firmas aéreas, hoteleras y comerciales aportaron recursos no dinerarios valuados en una cifra al menos "similar" a la originada en las arcas estatales.

De ser así, sería razonable entonces que esas transacciones (canjeadas por publicidad en muchos casos) figuren también en la rendición de cuentas, ya que no hay otra forma de controlar cualquier manipulación arbitraria de esos apoyos "en especies".

La exposición clara y puntillosa de todo el movimiento económico que genera la Fiesta de la Nieve no debe ser una concesión voluntaria de los organizadores sino que es condición indispensable para abrir una discusión todavía pendiente sobre los objetivos de la fiesta y la mejor forma de realizarla sin afectar el gasto público.

Desde ya que en una ciudad donde el turismo florece, prospera y genera inversiones millonarias, es por lo menos discutible que la Fiesta de la Nieve necesite una atención presupuestaria como la que recibe.

Sin dudas que se trata de una cita anual que los barilochenses pretenden preservar a cualquier costo, pero al mismo tiempo es un producto que se puede comercializar sin que pierda identidad.

Y los funcionarios que toman decisiones en este campo deberían imponerse esa prioridad, al menos mientras existan en Bariloche una multitud de demandas insatisfechas que no tienen ni tendrán otro sponsor que el propio Estado.

Difícilmente una postura firme en este terreno aparezca espontáneamente en el sinuoso devenir de una gestión de gobierno. En cambio, las apelaciones de ese tipo son las que podrían esperarse en alguna experiencia innovadora de horizontalidad democrática como la que en estos días aplican otros municipios en la elaboración de presupuestos participativos.

Pero por ahora en Bariloche reina el presupuesto "vertical", que en su versión 2005 aumenta de 40.000 a 60.000 pesos la partida destinada a la Fiesta de la Nieve.

No hace falta un plebiscito para deducir que la gran mayoría de la gente quiere una fiesta linda, propia y recordable. Que traduzca de la mejor manera posible el latido íntimo de la ciudad y que además sea tan rutilante como para seducir a muchos turistas y ganar algún lugarcito en la vidriera nacional.

Pero es mucho más dudoso que la misma mayoría acuerde con asignarle -como hoy se ve- un presupuesto público que bien podría reforzar la promoción social o la obra pública. Tomar esto último como un hecho consumado es la peor opción.

 

 

Daniel Marzal

 

 

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