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Lunes 1 de Noviembre de 2004
   Regionales

"Manganaro se comportaba como dueño en el campo La Mota"

Enviados de "Río Negro" a La Pampa obtuvieron el testimonio del comisario retirado Luis Lucero, quien brinda seguridad al campo que figura a nombre de una misteriosa sociedad uruguaya, pero que la Justicia investiga si es del ministro de Seguridad y Trabajo del Neuquén, Luis Manganaro. Lucero confirmó que el funcionario visitaba frecuentemente el lugar y se comportaba como el patrón. También reveló los cuantiosos gastos hechos sin el menor control, lo que da cuenta, dijo, "de que había plata dulce". Tras la publicación de la primera nota de este diario, el administrador de las tierras, Juan Carlos Santángelo, amigo de Manganaro y ex asesor del Banco Pro vincia del Neuquén, mandó quitar el cartel que identificaba a la propiedad.

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Luego de la publicación de la primera parte de la investigación de "Río Negro" el cartel de hierro forjado que identificaba a "La Mota" fue retirado por los peones.

LA PAMPA (Enviados Especiales).- "Cuando Santángelo está solo en el campo el dueño es Santángelo, pero cuando viene Manganaro el dueño es Manganaro".

El comisario general retirado Luis Horacio Lucero, encargado de brindar seguridad privada a la propiedad, sintetiza lo que no pocos sospechan en "La Mota", el campo de 9.000 hectáreas enclavado en el corazón de La Pampa que administra el ex colaborador del ministro, pero que figura a nombre de una misteriosa sociedad anónima uruguaya.

Las revelaciones de Lucero a "Río Negro" confirman la estrecha relación del ministro con el campo y echan luz sobre detalles de su manejo, como los cuantiosos gastos realizados por el administrador y hombre de confianza de Manganaro, el veterinario neuquino Juan Carlos Santángelo.

Los testimonios y datos obtenidos añaden nuevos elementos a la investigación por presunto enriquecimiento ilícito abierta por la fiscalía anticorrupción de Neuquén contra Manganaro, sus allegados y varios de sus colaboradores cuando era presidente del Banco de la Provincia de Neuquén.

Los enviados especiales d "Río Negro" entrevistaron al comisario general retirado en su casa, ubicada en un barrio de clase media de las afueras de Santa Rosa.

Lo que dijo a este diario también se lo contó al juez Manuel Alvarez de General Acha, quien tomó declaración a las personas que trabajan en "La Mota" a requerimiento de la fiscalía anticorrupción de Neuquén.

Los datos acumulados fueron incorporados a la causa que investiga el titular del juzgado de instrucción seis de esta capital, José Luis Cartolano.

Una fuente judicial que tuvo acceso a los dichos del comisario pampeano caracterizó el caso como "un paradigma del lavado" de dinero sucio proveniente de la corrupción política.

Formalmente el presidente de Meridiana es el ignoto contador uruguayo Angel Vicente Campiotti, mencionado en el informe sobre lavado de dinero elaborado por la Cámara de Diputados de la Nación.

Pero Santángelo ha sido hasta ahora la única cara visible del campo, desde que la misteriosa Compañía Meridiana le compró en 1.200.000 dólares las tierras a su antiguo dueño, un empresario porteño de apellido Martínez Uría.

 

"Hasta le hace de comer"

 

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Comisario General Lucero: "Cuando me cruzaba con Manganaro siempre agachaba la cabeza o miraba para otro lado".

Lo que ahora se confirma por Lucero, además de otras fuentes que forman parte del riñón de la estancia y personas que declararon a la justicia, es que "Toti" o "El Gordo", como lo conocen a Manganaro los empleados del "La Mota", es un asiduo visitante del lugar y cuando está allí se comporta como si fuera el patrón.

Puntualizan: Cada vez que Toti viene, y lo hace con frecuencia, "Carlitos" como llaman los conocidos a Santángelo, se desvive por atenderlo. Lo sigue como a su sombra y lo pone al tanto de todas las novedades".

También le hace de guía en las cacerías e incluso le cocina comidas especiales, como cuando le preparó "ese lomo de ciervo que él mismo se encargó de cortar".

"El Gordo", en cambio, es bastante distante con la gente del campo. Dicen que a pesar de su empaque de patrón, jamás se acerca demasiado ni cruza palabra con nadie. Cuando no está de caza o andando a caballo entre caldenes y espinillos, se mantiene en "la casa del rico", como llaman los peones al edificio principal. Si a pesar de todo alguna vez se topa con Lucero, mira hacia el suelo o da vuelta la cara, como si quisiera esconderla.

Desde que "Río Negro" publicó la primera parte de su investigación sobre el campo, Santángelo desapareció de los sitios que frecuentaba y nadie responde los teléfonos del campo. Para evitar miradas indiscretas, el veterinario mandó a retirar el coqueto cartel de hierro forjado con la leyenda "La Mota", que estaba montado sobre el arco de la tranquera de acceso al campo.

Lucero, que llegó a ser el número tres de la Policía de La Pampa, al retirarse creó una pequeña empresa de seguridad privada que fue contratada por Santángelo para mantener a raya a los cazadores furtivos. "El general", como le dicen al ex policía Santángelo y los suyos, ya había hecho el mismo trabajo para el dueño anterior, pero desde que el neuquino se hizo cargo se ha convertido en una pieza clave por sus múltiples relaciones en Santa Rosa, al punto que algunos lo consideran una suerte de encargado.

Cuando se le preguntó por qué no había revelado antes los detalles sobre la presencia del ministro neuquino en el campo, explicó que "nadie me vino a ver". Y lamentó que algunos políticos pampeanos que lo conocen, como la ex diputada de la Alianza Rita Bustillo, con quien dijo haber trabajado en el plan de seguridad provincial que presentó el ARI, no lo haya llamado para consultarlo sobre el escándalo del campo.

Cuando corrían los años 2002 y 2003 y todavía en El Durazno -el paraje pampeano del departamento Utracán donde está enclavado el campo- nadie se imaginaba que el próspero amigo del doctor Santángelo era nada menos que el presidente del Banco de la Provincia de Neuquén, ese hombre alto y un poco panzón, calzado con lujosas botas de montar, llegaba a bordo de una Ford 4x4 color bordó, a veces acompañado de su esposa, "una rubiecita no muy alta, y los cuatro hijos de ambos". El vehículo, después se supo, está registrado a nombre de una conocida concesionaria de automotores de la capital neuquina.

En los primeros meses, desde que Santángelo tomó posesión del campo, "El Gordo" venía muy seguido. En una de esas oportunidades hizo una gran fiesta en "la casa del rico", a la que vinieron personas a las que se adivinaba importantes y el casco se llenó de 4x4 de todos los modelos imaginables.

Las tierras de El Durazno son aptas para la cría de vacunos. Los pastos no son los de la Pampa Húmeda, pero con buenos equipos de bombeo se puede tener agua abundante para criar una cantidad interesante de animales. No hay sembrados, salvo algunos cuadros de forraje, pero en los últimos años el precio de las tierras se disparó. Entre otras cosas por el fenómeno de la soja, que extendió la frontera agrícola hacia zonas consideradas antes marginales.

 

"En dólares y al contado"

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Rato: "¿Santángelo?, dice. Viene muy poco por acá... apenas si habrá comprado algunas chucherías...".

La plata no parece ser el principal problema de los nuevos dueños del campo. Basta ver lo que hicieron al principio, cuando sólo habían comprado El 15. Ese campo tiene 2.500 hectáreas en las que a duras penas pueden pastar 500 animales. Pero Santángelo debía saber poco de vacas, porque de entrada le metió más de 1.000. "Hubo una gran mortandad, pero nadie se mosqueaba. Ahí empecé a sospechar que podía haber plata dulce", recuerda, fiel a su oficio, "El General". Después, cuando se integraron los otros dos campos, Santángelo trajo más ganado. "Quería que fuera todo negro", apunta Lucero en referencia a los animales de raza Aberdeen Angus.

No fue el único gesto de opulencia. En General Acha, la ciudad más cercana a El Durazno, pocos están dispuestos a decirlo con nombre y apellido, pero más de uno recuerda por lo bajo que Santángelo andaba haciendo trámites "con un portafolio lleno de dólares".

Acha es un pueblo pequeño detenido en el tiempo. Las tierras de la zona están cambiando rápidamente de manos. Sus antiguos dueños, personas físicas con nombre y apellido, venden a sociedades anónimas, algunas de ellas administradas por gente de afuera como los españoles que ahora son vecinos de "La Mota". Así las cosas, todo el mundo ha oído hablar del "campo de los neuquinos", pero la mayoría se cuidó también de ser explícita con los enviados de este diario.

"Los pampeanos somos reservados y hacemos pocas preguntas", se ataja de entrada Cristina Maisonnave, una antigua dirigente "menemista" de Acha que llegó al sillón de la intendencia de la mano del ex gobernador Rubén Marín. Después, aclara que apenas si ha oído hablar de "Mastrángelo, ¿así se llama?" y menos aún de Manganaro, y que si en las compras de tierras hay lavado de dinero proveniente de la corrupción política como denuncia la líder del ARI, Elisa Carrió, a ella no le consta. Con todo, admite que conoce el tema por el diario pampeano "La Arena", que colaboró con la investigación publicada hace dos semanas por "Río Negro".

No menos esquivo resulta el dueño de la veterinaria "Cruz del Sur", de Jorge Rato, una suerte de almacén d campo ubicado a dos cuadras de la Municipalidad que vende desde vacunas para ganado a fusiles de caza importados, y que según algunas fuentes es uno de los lugares elegidos por Santángelo para aprovisionarse.

-"¿Santángelo dice? Viene muy poco por acá... apenas si habrá comprado algunas chucherías...".

-¿Como cuáles, por ejemplo? -"Algunas balas, tal vez... Cada vez viene menos. Casi ni ha venido. Ni viene por acá... No sé... seguro anda por Macachín... (un pueblo cercano) pregunten allá...".

El que conoce bien a Santángelo es Raúl Oscar "Falucho" Suárez, el director de Obras Públicas de la municipalidad. A pedido del administrador de "La Mota", este maestro mayor de obras hizo algunos trabajos en el campo y hasta llevó a dos de sus vecinos a trabajar en el lugar. Con el tiempo, "El Conejo" Alvarez y "El Torta", se quedaron en el campo (ver aparte). Algunos dicen en el pueblo que la relación del funcionario municipal con Santángelo incluye el intercambio de favores, pero Suárez sostiene que sólo le arregló "una tapera" emplazada en lo que era "El 15".

Falucho comparte con Manganaro, a quien dice no conocer, la pasión por los caballos. Pero, acaso sin pensarlo demasiado, refiere que en su pequeño stud de General Acha uno de los empleados tiene el mismo sobrenombre que el neuquino y que él lo "gasta" cada vez que puede diciéndole: "Toti, vos tenés un pariente que es ministro". Confundido, olvidó que en otra oportunidad confirmó telefónicamente que conocía al funcionario neuquino (ver "No quiero...").

Además de las visitas a Acha, Santángelo se ha preocupado por dotar al campo de un valioso equipamiento. Es el caso de un poderoso equipo de telefonía que le permite tener telediscado y que requirió de la instalación de una costosa antena. El trabajo demandó 15 mil dólares y Santángelo lo habría pagado al contado y sin pedir recibo. Lucero lo sabe porque hizo los contactos con la empresa en Santa Rosa.

Algo parecido ocurrió con los potreros abiertos en "El 15". Las seis picadas costaron alrededor de 60 mil pesos y como en todos casos habrían sido pagadas al contado y sin recibo.

Otro tanto ocurrió con los muebles: Martínez Uría se llevó los suyos y Santángelo habría pagado por un juego nuevo 3.500 dólares, como siempre con billetes y sin papeles.

Está también, en fin, aquella vez que el joven veterinario apareció con un sofisticado ecógrafo importado para las vacas colgado del cuello, algo que casi nadie tiene en La Pampa y que según reveló le había costado 14.000 dólares.

Revelaciones del jefe de seguridad del campo

El "General" Lucero, también hacía de nexo con el estudio de una contadora de Santa Rosa, que llevaba las cuentas del campo. Dice que Santángelo manejaba una chequera a nombre de Meridiana y que "cobraba 3.500 pesos mensuales por sus servicios que provenían de una fundación". El veterinario trabajaba en "La Mota" de martes a viernes y el resto de los días viajaba a Neuquén, donde según una fuente judicial conserva un puesto en la Fundación del BPN.

Hacia febrero-marzo de 2004, el enorme flujo de recursos que llegaban a "La Mota" se cortó. Santángelo comenzó a preocuparse por gastos que antes consideraba poco menos que superfluos, como los 8.000 pesos mensuales que se gastaban en gasoil. "La sensación fue de que se había cortado e chorro y, de ahora en más, el campo tenía que ser autosuficiente", cuenta Lucero.

En diciembre de 2003, cuando Jorge Sobisch asumió su tercera gestión, Manganaro fue relevado de la Presidencia del BPN y pasó a desempeñarse como ministro del Poder Ejecutivo.

Lucero dice que no sabe de quién es en realidad "La Mota". Pero, arrepentido o estafado en su buena fe, policía al fin, confiesa que se siente "usado". "Mucho general de acá, general de allá pero me estaban usando", reflexiona con acritud. Y asegura que por su tarea de vigilancia cobraba sólo unos pesos por mes y en negro.

 

Llegó el juez

 

A mediados de septiembre, la fiscalía anticorrupción de Neuquén, que investiga por presunto enriquecimiento ilícito de Manganaro, le pidió al juez penal de General Acha, Manuel Alvarez, que tomara declaración testimonial a los empleados de "La Mota". Según fuentes judiciales, el tema se convirtió en la parte más sustancial de la investigación contra el ministro y varias decenas de sus colaboradores durante su gestión en el BPN.

Los enviados de "Río Negro" no pudieron hablar con Alvarez, que la semana pasada se encontraba ausente de Acha, pero dialogaron con el secretario del juzgado, Raúl Ravera, en el Congreso de Derecho Procesal que se realizaba por esos días en Santa Rosa.

Ravera confirmó que acompañó al juez a "La Mota" y que se tomaron declaraciones a Lucero y al resto de los empleados. Sin embargo, se negó a brindar detalles de los testimonios, que fueron a engrosar la causa que actualmente está en manos del titular del juzgado de Instrucción seis de Neuquén, José Luis Cartolano. Otro tanto hizo el propio juez neuquino, a quien este diario entrevistó en su despacho de los tribunales ubicados en la calle Santiago del Estero.

Sin embargo, testimonios recogidos en El Durazno dan cuenta de que todos los empleados, con mayor o menor énfasis, confirmaron las reiteradas visitas de Manganaro, los más sin saber de quién se trataba en realidad.

Una de las anécdotas reveladas por Lucero tal vez pueda ayudar a echar luz sobre los próximos pasos de esta intrincada historia, que salpica a los más altos estamentos del poder neuquino. Unos pocos días antes de que el juez desembarcara en el campo Santángelo, habitualmente distante y de pocas palabras, lo invitó a subir a su camioneta, una Ford Ranger 4x4

de color gris plateado, y le hizo una revelación: -"Mi amigo Toti está encantado con "La Mota" y me pidió que le buscara un campito por la zona, así que le alquilé 200 hectáreas en Rolón. El no puede tener nada en Neuquén porque siendo funcionario se armaría un quilombo grande. El es una persona muy importante, ¿sabés quién es?, ¿no?".

-"No. No sé". -Le contestó Lucero.

- "El es ministro de Seguridad y Justicia de Neuquén".

-"¿Ministro es? Me hubieras dicho antes. Si uno es policía tiene incorporado que cuando hay una autoridad tiene que tomar un cuidado especial". -Le recriminó Lucero.

-"Ahora quiere que le consiga unos animales, ¿a vos que te parece? Le llevamos de acá... -Le cambió de tema Santángelo.

Las fuentes consultadas en La Pampa dijeron que 200 hectáreas es una superficie demasiado pequeña, incompatible con la cría de ganado.

Cuando el juez Alvarez llegó al campo, Santángelo estaba justamente en el campito de Rolón. Según cuenta Lucero, le informó por teléfono que había llegado el juez y le quería tomar declaración. "Pero me decía que no me escuchaba". La comunicación sufrió una serie de "desmayos" hasta que el veterinario se subió a un molino para tener mejor señal en su celular. "Desde allí me anticipó que no podía venir y pasaría luego por el juzgado. Yo pensé para mí: a vos no te van a tomar declaración porque no sos testigo. A vos te están investigando".

Investigación: Héctor Mauriño y Rodolfo Chávez

 

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