Contáctenos
Información
Quienes Somos
Mapa del sitio
Todos los títulos Tapa de papel Ediciones Anteriores
   SECCIONES
   Tapa
   Regionales
   Municipales
   Nacionales
   Políticas
   Economía
   Internacionales
   Deportes
   Cultura y Espectáculos
   Policiales y Judiciales
   Vida Cotidiana
   OPINIÓN
   Editorial
   Carta de Lectores
   Columnistas
   Panorama Politico
   SUPLEMENTOS
   Rural
   Informática
   El Económico
   Energía
   INFO
   Turismo
   Sobre la Patagonia
   Escríbanos
   SERVICIOS
   Guía del Ocio
   Cines
   RECEPTORIAS
   CLASIFICADOS
   NECROLOGICAS
   Contactos
   Contanos tu historia
  
 
 
 

 

Jueves 18 de marzo de 2004
   Deportes

"Estoy triste, me siento abandonado"

Sufrió una descarga eléctrica que casi lo mata. Ayer fue su cumpleaños, pero no festejó.

75___F1_P57_REEMPLAZOO
Cabello sufrió una descarga que hubiera matado a cualquier otra persona. Se salvó porque es un atleta.

Ayer fue su cumpleaños -24- y lo que debió ser un día de celebración, con amigos y con Atenas en el horizonte se transformó, en cambio, en un día -otro más- sin ganas, gris, con el estado de ánimo hundido en un aljibe. Mauricio Cabello es el mejor luchador argentino. Iba a ir a los Juegos Olímpicos, pero una descarga eléctrica sufrida en el Cenard, su lugar de entrenamiento, lo dejó al borde de la muerte, sin Grecia, sin sueños y con los puños llenos de bronca.

No hay torta, tampoco clima festivo en la casa de sus padres de Santos Lugares, donde Cabello recibe a "Río Negro". "No, no quiero festejar nada, no tengo ganas. Pasaron dos meses del accidente, ningún dirigente me llamó ni se hizo cargo de lo que me pasó. Además me deben tres meses de beca. Me siento abandonado y con mi sueño olímpico frustrado", expresa el luchador con los ojos achicados, y una enorme tristeza que cuelga de su cara.

El 5 de febrero pasado, Cabello estaba terminando una rutina en uno de los gimnasios del Cenard cuando de repente sucedió lo inesperado y casi pierde la vida: "Me acerqué a una pared y me chupó la corriente de unos cables pelados", recuerda con angustia. Sus médicos le aseguraron que esa descarga que lo despidió unos tres metros, hubiera matado a cualquier otra persona, pero que el especialista en Lucha Libre y Grecorromana se salvó por su condición física.

A casi dos meses del accidente, Cabell no tiene consuelo. "A principios de febrero no pude competir en la clasificación (para lo Juegos Olímpicos de Atenas 2004) porque no había presupuesto. Y ahora no voy a poder hacerlo en mayo por el estado en que estoy", se apena el luchador, medalla de bronce en los Juegos Odesur 2002.

A los pocos minutos de pararse para una foto, pide sentarse. Renguea y tiene le brazo izquierdo caído, casi sin fuerza para levantarlo. "Me canso rápido. Los médicos me recomendaron mucho reposo. Estoy haciendo rehabilitación todos los días. Es muy feo lo que me pasa", cuenta, al borde la desesperación.

En la casa de sus padres Juan Carlos y Rosario están sus sobrinos, su hermana y sus amigos. Es el día de su cumpleaño pero él no quiere festejar. "No me dan ganas. Estoy triste, mal física y psicológicamente. No tengo un mango", confiesa con bronca.

Está indignado: hace tres meses que la Secretaría de Deportes no le paga la beca de 300 pesos. "Nadie puede vivir con eso, pero me ayudaba para tirar. Tendría que hacer parte de la recuperación en una pileta pero no tengo los 50 pesos necesarios. Además, por el accidente perdí mi laburo".

Cabello trabajaba un par de horas como cadete en una empresa de fumigaciones y vivía en el Cenard. "Después de lo que pasó, me desbordó la situación. Toda la gente preguntando que había pasado. Sentía rechazo a estar ahí, no subía al gimnasio", suelta, sin querer recordar lo duro que fue. "No me gusta reconstruir los hechos", confiesa.

En su momento, las autoridades se alertaron por el desafortunado hecho. "Fue tremendo lo que pasó, esa desatención casi provoca una tragedia. Hay que verificar el estado de las instalaciones", sostuvo el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Sin embargo, Cabello siente que fue todo una farsa: "Nadie me llamó para ver cómo estaba. Los responsables del Cenard y de la Secretaría de Deportes de la Nación tuvieron muchísima prensa. Aparentaron preocuparse por la situación, pero actuaron sólo para evitar que se pusieran en peligro sus cargos".

Por estos días, Cabello trabaja en su rehabilitación. Su recuperación no tiene plazos precisos. Ni siquiera sabe si podrá volver a luchar. "Ya ni pienso en los Juegos porque me hace muy mal. Por ahora el deporte pasó a segundo plano. Primero tengo que recuperar la salud y la cabeza".

 

       Juan Ignacio Pereyra (ABA)

 

 

Buscador

Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.Todos los derechos reservados
Copyright 2003