Contáctenos
Información
Quienes Somos
Mapa del sitio
Todos los títulos Tapa de papel Ediciones Anteriores
   SECCIONES
   Tapa
   Regionales
   Municipales
   Nacionales
   Políticas
   Economía
   Internacionales
   Deportes
   Cultura y Espectáculos
   Policiales y Judiciales
   Vida Cotidiana
   OPINIÓN
   Editorial
   Carta de Lectores
   Columnistas
   SUPLEMENTOS
   Rural
   Informática
   El Económico
   Energía
   INFO
   Turismo
   Sobre la Patagonia
   Mapa del sitio
   Escríbanos
   SERVICIOS
   Cines
   Guía del Ocio
   RECEPTORIAS
   CLASIFICADOS
   NECROLOGICAS
   Contactos
   Contanos tu historia

 

Domingo 14 de marzo de 2004
   Editorial
Dependencia al revés
La embajadora estadounidense en el Brasil, Donna Hrinak, ha desatado una minicrisis en la relación de Washington con el gobierno del presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva advirtiéndole pensar dos veces antes de seguir subrayando su hipotética amistad con el dictador cubano Fidel Castro y el líder venezolano Hugo Chávez, un dirigente filocastrista que ya ni siquiera procura disimular su propia hostilidad hacia el presidente George W. Bush. Sin embargo, lo más hiriente del comentario que formuló la diplomática sobre la política exterior de Lula no consistió en su supuesta incapacidad para “entender el silencio del Brasil frente a las recientes violaciones de los derechos humanos en Cuba”, sino en su respuesta al interrogante así insinuado. Según Hrinak, tendrá que ver con “la tendencia, que existe cada vez menos pero todavía existe, de preguntar primero cuál es la posición de Estados Unidos para definir luego su posición” que, claro está, le será contraria.  Dicho de otro modo, da por descontado que el gobierno brasileño está mucho más interesado en oponerse a Estados Unidos, que en el destino trágico de los cubanos que se animen a luchar por principios supuestamente compartidos por todos los dirigentes democráticos de la región.     
A su manera, la explicación ensayada por la embajadora Hrinak es caritativa por basarse en el presupuesto de que los brasileños se han motivado en nada más siniestro que el deseo de diferenciarse de los norteamericanos, pero la verdad es que pecaba de ingenuidad al pasar por alto la influencia todavía muy poderosa de corrientes políticas e intelectuales de mentalidad autoritaria conformadas por los muchos que en el fondo preferirían que hubiera una dictadura de izquierda, a una democracia dominada por conservadores o liberales. La transformación de los vinculados con tales corrientes en demócratas se ha debido menos a su entusiasmo por las “libertades burguesas”, que a la conciencia de que les sería casi imposible construir una versión de las utopías con las que soñaban antes de la caída de la Unión Soviética y que aun cuando lograran tomar el poder a través de las armas los “modelos” que se pondrían a ensamblar no serían viables. Para los es de presumir ex revolucionarios, la democracia es el mal menor.   
Por supuesto que Lula dista de ser el único mandatario latinoamericano que se ha mostrado dispuesto a pasar por alto la ferocidad represiva del régimen de “Fidel” atribuyendo su indiferencia hacia los sufrimientos de los disidentes a su resistencia a brindar la impresión de subordinarse a Estados Unidos. Aunque el presidente Néstor Kirchner jura sentirse firmemente comprometido con la causa de los derechos humanos, él también los considera mucho menos importantes que su postura frente a la superpotencia, actitud contradictoria que le ha merecido las críticas de quienes repudian la tesis de que hay que juzgar los crímenes cometidos por izquierdistas conforme a las mismas pautas severas que son apropiadas cuando los represores pueden ser calificados de derechistas.
La postura de gobernantes “progresistas” como Lula y Kirchner cara a la última dictadura que aún queda en América Latina sería más fácil de justificar si se tratara de su única discrepancia con Estados Unidos, pero sucede que si lo que quieren es enfrentarse a veces con el gobierno de Bush a fin de recordarles a sus compatriotas de que no son títeres de nadie, no les faltan temas que son decididamente más respetables como los planteados por el proteccionismo norteamericano, su intervencionismo en el Medio Oriente y la propensión de muchos funcionarios republicanos a prestar menos atención a la legitimidad democrática de los gobiernos latinoamericanos que a su perfil ideológico. Incluso podrían asumir actitudes netamente antinorteamericanas sin por eso negarse a hacer gala de su solidaridad para con los cubanos que estén dispuestos a correr riesgos muy graves en defensa de principios fundamentales que Lula y Kirchner no vacilarían en reivindicar. Sin embargo, parecería que ambos se creen obligados a brindar apoyo a un dictador y de este modo fortalecer el régimen que encabeza por una suerte de lealtad hacia fantasías políticas que, felizmente para sus compatriotas, la historia se ha encargado de borrar. 

 

 

Buscador

Es una publicación de Editorial Rio Negro SA.Todos los derechos reservados
Copyright 2003