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Domingo 14 de diciembre de 2003
   Vida Cotidiana

Richter, espías, Perón y la lealtad atómica

Entre manías persecutorias, atisbos científicos, fantasías y secretos, el seductor de un presidente para que generara un plan de poder nuclear devolvió medallas y títulos y se refugió en la modestia sur del conurbano bonaerense.

 

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Visita a isla Huemul de la comitiva que lapidará el proyecto de Richter, quien mira a la cámara. Setiembre de 1952, el principio del fin.

Mi intuición de encontrar vivo a Ronald Richter cuando a principios de setiembre de 1984 un programa de tv lo dio por muerto, sirvió no sólo para dar con quien comandó el controvertido Proyecto Huemul en pleno Nahuel Huapi, sino que el reportaje constituyó la nota especial del número inicial de "El Periodista de Buenos Aires" del 15 de aquel mes y año. Detectado en Monte Grande desde descripciones aportadas por un veterano empleado postal, Richter resultó el habitante iracundo de una casa modesta de la periferia urbana a fines del invierno de 1984.

El mayor lujo del "chalet" Richter -un frente de lajas- estaba inconcluso, las persianas deterioradas y bajas, el líving austero y la cocina -casi en penumbras- un tanto franciscana.

Gran fiasco atómico

La esposa -Ilse Aberdt- trajo el café. Ronald Richter acarició a Samy, reemplazante de Ypsilon -su gato en la Huemul-, cabeceó para acomodar su rebelde cabello encanecido y se entregó a las evocaciones. A los 75 años lucía algo bohemio y menos soberbio del obeso personaje nuclear que lució aquel sábado 24 de marzo de 1951cuando al presidente Juan D. Perón anunció a numerosos periodistas -y al mundo-, que "el 16 de febrero de 1951, en la planta piloto de energía atómica en la isla Huemul de San Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica" a cargo de Richter. Cuatro días después, en el Salón Blanco de la Casa Rosada -frente a una Evita ya demacrada por la enfermedad-, "el sabio" recibió la medalla de la lealtad peronista y el título Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. ("Ambas cosas las devolví a Perón, acompañándolas con una carta en la que le explicaba que era idiota dar una medalla de la lealtad a un científico. También me pareció idiota que el Presidente quisiera hacerme un monumento en lo más alto de la isla Huemul. 'Primer hagamos los reactores', le dije" (había conseguido instantánea ciudadanía argentina, no contaba con la simpatía de Evita y aseguran que -sigilosamente- frecuentaba la Embajada de los Estados Unidos).

En Bariloche, hasta el anuncio presidencial de marzo del año 51, todo fue rumor, secreto oficial y silencio del semanario La Voz Andina, pasado al justicialismo bajo la dirección de Carlos H. Alfano.

Fronteras afuera, los homenajes presidenciales a Richter parecieron un papelón internacional, sin embargo, este austríaco que había nacido en Falkenau (transferida luego a Checoslovaquia) el 21 de febrero de 1909, tenía decidido tomar la vida con el desenfado de un científico sin arriendo. Así como les dijo alguna vez a los periodistas que "muchos hubieran preferido fotografiarlo preso", esta vez se rió sin límites por creerlo muerto (como pocos días antes de nuestro encuentro en Monte Grande lo divulgó el programa "Allá vamos" de Canal 11).

"Me espían desde el Otto"

El rasgo que más trascendió junto al Nahuel Huapi, fue su paranoia contra supuestos espías. En la primera visita de medios de prensa a la isla (el 24 de junio de 1951) se mostró nada científico y muy familiar para las fotos (incluso con su hija Mónica nacida en Bariloche a mediados del año '50), pero confesó que lo vigilaban: "Hay alguien espiándome con largavistas desde la ladera del cerro Otto", acusó. En la entrevista en Monte Grande, más viejo, nada obeso, dio muestras de altibajos emocionales con asomo del perfil maniático que le consiguió fama entre los científicos autóctonos. Se contrajo de ira, dejó su impreciso castellano por el inglés o saltó al alemán distraídamente, para colmo con la percusión de una dentadura que se desencajaba.

Comencé por decirle que la primera vez que viajé a Bariloche, hacía apenas meses que él había abandonado la isla y el Proyecto Huemul había cesado. Pero aún permanecía un sector militarizado de la ruta a Llao-Llao con la prohibición de apuntar cámaras o largavistas hacia la isla. Tanto como cuando el mayor Monti, jefe de la guarnición local, aseguraba su protección. "Aún así -se lamentó Richter- el espionaje y el sabotaje siguieron como si nada. Dos ingenieros navales que trabajaron en la construcción de los edificios de la isla, Constantini y Vacca, tenía orden de espiarme e informar a González sobre mis movimientos. Por otra parte su propio hijo, que entonces era capitán, me había sido impuesto como ayudante administrativo. Yo estaba rodeado de espías y saboteadores". Y no sólo eso: "Yo daba instrucciones para que se edificara y alguien daba la contraorden y destruían lo que había hecho. Así fue todo el tiempo. Ese es el sabotaje del que era víctima y que propiciaba el coronel González en su conspiración contra Perón. ¿Por qué la conspiración? Ah, política. Cosa de políticos". La nota con estas denuncias tardías de Richter, apareció en "El Periodista..." insertada de las oportunas refutaciones que entonces brindó el Dr. Mario Mariscotti a Jorge Camarasa, quien me acompañó en los reportajes. En este caso, rescato el retrato de aquel Richter provocador y desconcertante. Contó que la nacionalidad de su madre (inglesa) le valió de joven tener vigilancia permanente de la Gestapo ("No fui nazi ni peronista" sintetizó).

De Praga al Tank hitleriano

Doctorado en física en la Universidad de Praga, pasó la guerra en un laboratorio que su padre le montó en Berlín. "Una vez terminada la guerra deambulé por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Dinamarca, pero volví a Londres invitado a dar una charla por la Sociedad Científica". Estaba en París en 1948 cuando alguien lo llamó desde Suiza: "un tal Hellfrick, del que luego supe que era un agente secreto pero ignoro para quien trabajaba". No era tan difícil deducirlo si se llega a saber que le cursó una invitación de Willy Kurt Tank, ex diseñador de aviones de combate para Hitler, a quien había conocido en la casona que alquilaba en las afueras de Londres y "ahora" comandaba un proyecto aeronáutico en Córdoba, Argentina. Viajó. A pocos días de arribar a Buenos Aires Richter charló con Perón sobre "como provocar un chisporroteo de un arco voltaico que originaba una temperatura de varios millones de grados". Era su secreto del que "todos querían apoderarse".

Desde entonces hasta nuestro encuentro en Monte Grande habían pasado 36 años. En 1954 se retiró degradado a vivir en esa casa a 30 kilómetros de la Casa Rosada. Todavía se levantaba temprano, leía el Buenos Aires Herald y "estudiaba". Dado por muerto o bien vivo, pero oculto en San Vicente, cerca de la quinta de Perón; decían verlo por Washington o en Tel Aviv. Un enigma. "No tengo pasaporte. Me lo qui

taron con la ciudadanía en el '55. Pero salgo y entro del país cuando quiero. Después de Huemul conseguí otro trabajo, lo cumplo, pero siempre me espían", se quejó para cerrar la afirmación burlona.

Le conté a Ronald (Perón le escribía llamándolo Roland) la prehistoria de la Huemul, isla que acababa de visitarla en agosto sin encontrar la tumba del aborigen Pedro Nolasco Güenul, muerto allí a los 105 años, el 21 de diciembre de 1904 (acta barilochense N° 31), es decir, 4 años y 2 meses antes que naciera Richter , pero encontré sus edificios isleños destruidos, como bombardeados y tomé fotografías. Parpadeó evocativo: "Cuando llegamos a la isla me hablaron del hallazgo de una tumba aborigen. Dijeron que era circular y que se encontraron algunos collares y otros adornos. En cuanto a los edificios destruidos le ruego me traiga las fotos". También prometió, para el año siguiente, publicar su libro "Proyecto Huemul". Cerró el portón, liberó a los perros, lo saludamos desde el automóvil, pero nunca volví a verlo. Ni él escribió su libro.

Curiosidades

• Vaporcitos del F.C. Sud. Desde Neuquén (no dice Confluencia) el 15 de diciembre de 1903 un telegrama a La Prensa fue anunció la botadura del Limay, uno de los "dos vaporcitos" del Ferrocarril Sud para atraer las cargas de "sus líneas de gran parte del río Limay a la estación Neuquén y de la zona comprendida debajo de Choele Choel" y abastecer a la estación homónima.

• Un capitán inglés en Chelforó. La misma noticia de La Prensa sobre la botadura del pequeño vapor Limay señaló que fue armado en la estación Chelforó "bajo la dirección del capitán Soady (Francisco) de la marina inglesa". Era de poco calado, doble hélice, 50 toneladas, 12 millas de marcha y "del tipo de los que navegan el Nilo". El capitán Soady permanecía en Chelforó en el armado del vapor mellizo del Limay.

• Más elogios para Ruiz Guiñazú. El nuevo juez de Río Negro Dr. Ruiz Guiñazú -La Prensa, desde Choele Choel, 18 de diciembre del año 3- absolvió a Mariano Espina infractor a la ley de enrolamiento "por falta de publicidad en los territorios de la ley 4031, por la calidad de aborigen del susodicho y por haber sido designado por su jefe de tribu al servicio del Ejército en enrolamiento anterior".

• Conflicto en Chos Malal. Ausente el gobernador Boquet Roldán (en Buenos Aires) hubo airadas diferencias entre el comisario inspector De la Serna y el jefe de la cárcel Altamirano, divulgadas en esta semana de 1903 en versiones diversas. La Prensa desmintió que Altamirano pretendía sublevar al destacamento de guardia y liberar presos.

• Fracaso perforador en Comodoro. Noticias del 20 de diciembre de 1903 de Comodoro Rivadavia lamentaron el fracaso de la poderosísima perforadora enviada aquí ... después de haber alcanzado unos 170 metros" en busca de agua. Culpaba "a la comisión de vecinos que aceptó recolectar fondos y suministrar lo necesario para que la máquina funcionara...".

fnjuarez@interlink.com.ar

 

 

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