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Lunes 8 de diciembre de 2003
   Vida Cotidiana

"Hallamos en RíoNegro un dinosaurio carnívoro que dará que hablar"

Trabaja en las conclusiones de los recientes hallazgos en Lamarque y cuenta cómo es el fascinante mundo de los descubrimientos.

 

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Fernando Novas en su salsa. "Queda mucho por recorrer, mucho por descubrir..."

Fernando Novas es uno de los paleontólogos más destacados del país y posee una sostenida fama internacional, luego de revelar al mundo en 1996, con apenas 38 años, que había hallado en Neuquén el Unenlagia comahuensis, el eslabón perdido entre los dinosaurios y los pájaros.

Desde entonces le han llovido ofertas para irse del país, pero decidió quedarse por convicción. Admite ser "muy familiero". No sólo sus afectos están allí tironeando de sus fibras más íntimas, aquí están sus tesoros, los dinosaurios. La Patagonia es una de las mecas de la paleontología mundial, y hay tanto por desenterrar que sería necesario trabajar intensamente durante varias décadas y, aun así, quedarían centurias por estudiar.

Novas cuenta la aventura de su vida, sus hallazgos y el resultado de su más reciente campaña en Río Negro, donde encontraron un "dinosaurio que va a dar que hablar".

Cuenta que cuando comenzó su carrera científica y llegó su primer hijo -hiperinflación mediante- se vio obligado a un buscar un trabajo extra y montó con su mujer una empresita de mantenimiento de parques y jardines, actividad que desarrollaba tres días a la semana. Luego de su descubrimiento en 1996, mejoraron sus ingresos como científico pero, poco después, éstos fueron carcomidos por la devaluación. En el 2002 "he vuelto a mis trabajos de jardinero", confiesa con una carcajada, durante un diálogo con "Río Negro" en su oficina, inundada de huesos y música clásica, en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.

- ¿Qué encontraron en la última campaña en la región?

- En diciembre del año pasado estuvimos trabajando en Río Negro con el fallecido Tito Cabazza. Gracias a él llegamos a un montón de lugares riquísimos en términos de restos paleontológicos. Trabajamos en La Buitrera (cerca de Cerro Policía), en distintas salinas de Lamarque y cerca de Villa Regina. En Lamarque Tito encontró un yacimiento que develará cosas insospechadas y jamás estudiadas en América del Sur. Nosotros nos ocupamos de los dinosaurios y la gente de La Plata se ocupa de los reptiles marinos. No puedo revelar nada hasta avanzar en el informe final, pero puedo adelantarles que se trata de un nuevo dinosaurio carnívoro de fines de la era Mesozoica, quizás unos días antes de que cayera el meteorito (risas). En este momento estamos preparando el informe de los hallazgos cuyos resultados van a dar que hablar, como casi todo lo que hemos encontrado en esta Patagonia maravillosa.

- La Patagonia es una meca para los paleontólogos, dicen que trabajando a este ritmo pueden estar una centuria descubriendo material nuevo...

- No sé si 50 ó 100 años, tal vez sean más, creo que esto no termina nunca. Extrapolemos las cosas y hablemos de Buenos Aires. Los primeros hallazgos que se hicieron aquí datan de 1786, pleno Virreinato del Río de la Plata. En aquel momento se encontró un enorme Megaterio a orillas del río Luján. Este fue el primer fósil descubierto en toda América. Le siguieron otros descubrimientos, estuvo Charles Darwin recorriendo el país, quien llevó en 1833 gran cantidad de fósiles para Inglaterra, donde fueron estudiados y bautizados los primeros mamíferos fósiles desde aquél entonces. Luego siguieron los trabajos de Francisco Javier Muñiz, Florentino Ameghino y así hasta la actualidad. Hoy se siguen descubriendo Megaterios y otros animales que convivían con ellos, según reveló la excavación paleontológica más grande realizada en América del Sur que fue la de Capital Federal, puesto que cada vez que se realizaban grandes obras como la construcción del puerto, el subte, siempre aparecía un esqueleto nuevo. Sin embargo, y esto es lo más importante desde el punto de vista científico, es que la cantidad de temas para ser investigados es inconmensurable, de modo que lo que queda por delante es muchísimo, y si nos referimos a la gigantesca región patagónica, es casi todo.

- Donde hay más preguntas que respuestas...

- ¡Sí, y esto es lo fascinante! ¡Ni siquiera sabemos cuáles eran los animales que dominaron la región durante 140 millones de años! Comparemos otra vez: en Buenos Aires tenemos el Megaterio y el Gliptodonte, animales que vivieron en los últimos dos millones de años y tenemos en torno de estos mamíferos un montón de preguntas por resolver. En el caso de la Patagonia tenemos rocas que están representando prácticamente toda la era de los dinosaurios (la era Mesozoica), tenemos en Santa Cruz rocas del período Triásico, del Jurásico en Chubut y del período Cretácico en toda la Patagonia. ¿Cuánto abarcan? Unos 140 millones de años. Así es que tenemos registrados en Buenos Aires esos dos millones de añitos contra 140 que están representados en la Patagonia. Y en esos 140 millones, cada vez que llegamos a algún nivel de roca, nos encontramos con un mundo que tiene su propia fauna y flora, distinta a la de una era anterior o posterior. Cada vez que te metés en un paquete de rocas diferente sos Colón descubriendo América.

- ¿ Y qué explicamos acercándonos a ese pasado tan remoto?

- Los paleontólogos no somos sólo desenterradores de huesos. La Peleontología es la interpretación de esos fósiles para saber a quién pertenecen, quiénes eran sus parientes, cómo era su forma de vida, si era carnívoro o herbívoro. Es decir, que tratamos de develar la historia de aquellos que nos precedieron. Pareciera que siempre desacoplamos la actualidad del pasado. Y el presente es consecuencia del pasado. Y podemos aprender muchas cosas de lo que ocurrió. Hay algo que es importante en nuestro oficio, los dinosaurios desaparecieron y miles de organismos quedaron en el camino a lo largo de millones de años de evolución. ¿ Y nosotros? ¿ Acaso creemos que vamos a seguir existiendo en el planeta Tierra por siempre? No, nosotros no somos dueños de este planeta, es al revés, nosotros somos del planeta. Es por eso que los científicos miramos al pasado con cierta modestia, con respeto.

- ¿Qué nos puede decir del mundo que desenterró en Patagonia?

- Es difícil poder imaginarlo, sobre todo por todo lo que falta descubrir, pero veamos. Supongamos que nos hacemos famosos descubriendo el Giganotosaurus o el Megaraptor o el Unenlagia, pero ¿cuántos otros animales convivieron con ellos? ¿Qué plantas había? ¿ Qué ríos corrían allí?, es difícil imaginar cuando faltan datos...

- Apelo a su conocida fama de contador de historias...

- (Risas). Bien. Muchas veces se ha dicho que los dinosaurios eran animales que vivían en pantanos, en ambientes húmedos, con gran cantidad de neblina, pero en realidad parece que no predominaron esos ambientes durante la era de los dinosaurios. Eran ambientes más parecidos a las pampas actuales, no con pastos, había vegetales propios de ambientes más áridos y hasta desérticos. Una planta típica de esta zona sería la araucaria y es de suponer que muchas plantas tuvieron un tipo de adaptación similar a esta para soportar las condiciones de stress ambiental. Las temperaturas de la Tierra eran mucho más elevadas que las actuales. La franja ecuatorial era mucho más ancha, por tanto toda la franja templada también, y no existían los casquetes de hielo en los polos. En esa franja ecuatorial había grandes desiertos y cuando América del Sur y Africa (el continente de Gondwana) estaban pegadas, teníamos un gigantesco desierto que abarcaba Buenos Aires, Uruguay, Paraguay y gran parte de Brasil. Sabemos hoy que muchos dinosaurios que vivieron durante el Cretácico tenían en las vértebras del lomo unas espinas muy altas (como el Amargasaurus o el Giganoto de Neuquén) y que estas protuberancias tuvieron que ver con el sostén de una joroba que era un reservorio.

Estos "dinosaurios-camello" echaban mano a estas reservas en momentos de stress ambiental o cuando hacían grandes migraciones, y creo que esto es lo que pudo ocurrir aquí.

- ¿Qué reveló su descubrimiento del Unenlagia comahuensis?

- En primer lugar, nos aclaró cómo los dinosaurios se habían transformado en aves. Esto nos decía que un grupo de organismos que se creía extinguido hace unos 65 millones de años atrás, probablemente como consecuencia del impacto de un meteorito, habían vivido más tiempo. El Unenlagia no fue el que nos probó esto, de hecho se estudiaba esta hipótesis con otros dinosaurios. La teoría de que las aves son dinosaurios se remonta a 1876, cuando el naturalista británico Thomas Huxley estudió los embriones de aves y sostuvo que si agrandábamos esos embriones y osificábamos los extremos de sus cartílagos, tendríamos como resultado un dinosaurio. Esta teoría quedó en el olvido durante casi todo el siglo XX, hasta el descubrimiento de los Velocirraptores, entre los cuales se incluye el Unenlagia. Entonces se comienza a ver que la anatomía de éstos es muy semejante a la del ave más antigua conocida, el Archaeropteryx. Pero demostramos que Unenlagia es un cercano pariente de Archaeropteryx, pero definitivamente no es un ave, era anatómicamente más primitivo que ellas. Interpretamos primero que ambos están relacionados, son parientes, pero poseen distinto grado evolutivo. Y, segundo, ilustraba que América del Sur había estado habitada no sólo por aves sino por sus antepasados.

- ¿ Fue resistido su descubrimiento?

- Cuento dos anécdotas. Cuando estaba preparando mi informe final, me carteo con un eminente paleontólogo norteamericano, John Ostrom, quien reflotó la vieja teoría de Huxley para estudiar en los '70 a los Velocirraptores. Ostrom encuentra evidencias formidables para demostrar que las aves descienden de los dinosaurios carnívoros. Sus evidencias fueron muy resistidas, estaba solo. Yo era un ferviente admirador de los trabajos de Ostrom y luego de mi hallazgo le escribo. Poco después -y para mi decepción- John me contesta diciéndome que creía que el Unenlagia era dinosaurio Pterópodo común y silvestre, que no tiene nada que ver con el origen de las aves y me sugiere que abandone mi investigación. Me sentí profundamente desilusionado, pero estaba tan seguro de mi descubrimiento, de haber encontrado un eslabón perdido, que decidí seguir adelante. Poco después publica mi trabajo Nature y con ello consigo el espaldarazo científico para mi descubrimiento.

- ¿Y la segunda anécdota ?

- Esta tiene que ver con la recepción de mi trabajo en Argentina. Cuando sale mi informe en Nature, National Geographic, que había financiado la campaña, me invita a presentar en Washington mi descubrimiento. Yo era un perfecto desconocido que se tuvo que enfrentar a unos 400 periodistas que se fueron casi sin aplaudir, con lo cual pensé en lo mío había sido un fracaso. Para mi sorpresa el aplauso llegó el día después cuando me vi en la tapa de los diarios americanos. Aun así, en Argentina había pasado muy poco y debo agradecer a un personaje el haber valorado mi descubrimiento: un salteño que trabajaba en la revista Viva, Luis Yong, quien ve las notas y dice "con este descubrimiento que hizo este chango hay que hacer algo". La revista le da el OK para dar la noticia en la tapa y hace un trabajo infográfico maravilloso. Luego de esta nota de Luis, llegó el reconocimiento aquí.

-¿ A partir de la difusión de su descubrimiento en Nature y National Geographic recibió ofertas para irse del país pero decidió quedarse?

- Sí, pero mi esposa y yo somos muy familieros. Mi esposa es técnica en floricultura y jardinería y durante la crisis de '89 mi sueldo en el Conicet se redujo a 150 dólares, así es que me vi obligado a trabajar con ella porque no nos cerraba el presupuesto. Así es que tres días a la semana me dedicaba a las plantas. Con la convertibilidad, mi sueldo mejoró y subió a 1.100 dólares, con lo cual me pude dedicar intensamente a la paleontología. El 2001 me devolvió a las plantas (risas) porque mi sueldo de científico se pulverizó con la devaluación.

 

Susana Yappert

syappert@ciudad.com.ar

 

 

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