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Jueves 27 de noviembre de 2003
   Opinion

Violencia de género

Por Marta Gorsky

Especial para "Río Negro"

Al convertirse la peste en el deber de unos cuantos, se la llegó a ver realmente como lo que era, esto es, cosa de todos. (La peste- Albert Camus -1947)

Los medios de comunicación son un elemento fundamental en la formación de la opinión pública, crean modelos, conforman actitudes y ofrecen patrones de conducta, influenciando en mayor o menor grado en la particular percepción del mundo que tienen las personas.

Cuando se trata de informar sobre hechos que constituyen muestras de violencia de género, los prejuicios sexistas y las valoraciones subjetivas descontextualizan la noticia, transmitiendo información falsa y tendenciosa.

Violencia de género es aquella en la que las víctimas no son por casualidad mujeres o niñas. Cuando decimos "género" nos estamos refiriendo a las normas culturales que determinan los comportamientos apropiados (aceptados) para mujeres y varones.

La violencia de género tiene su base en la propia estructura de una sociedad patriarcal, que persiste. Se manifiesta en desigualdades sociales y económicas: la feminización de la pobreza, la discriminación laboral, el maltrato en cualquiera de sus formas, el abuso sexual. Violencia de género es aquella en la que el factor de riesgo es ser mujer.

Los avances conceptuales logrados en los últimos veinte años, que tipifican y definen claramente qué se entiende por violencia, dejan poco espacio para valoraciones subjetivas.

Si entendemos esto, podremos definir la perspectiva y el enfoque desde el que hay que actuar para erradicarla.

Si revisamos las crónicas en la prensa veremos que la forma como suelen presentarse está permeada por conceptos estereotipados que afirman que cuando un hombre agrede o mata a una mujer es porque " perdió la cabeza" o " lo cegaron los celos", "mató por emoción violenta" o "cometió un crimen pasional".

Están hablando -entonces- de un homicidio cometido por alguien que se vio arrastrado involuntariamente por una ofuscación fatal. De ahí a inspirar indulgencia para con el criminal, "víctima de la fatalidad", hay sólo un paso. Es necesario entender que el proceso que lleva a que un hombre mate a su mujer es lento y constante, que antes de ese final la relación fue de maltrato continuo, de ejercicio de poder y control absoluto. Que por ese motivo, los asesinatos ocurren cuando la mujer decide terminar con la relación o hacer la denuncia y que el crimen no es por "perder el control", sino la expresión máxima del mismo.

Importante es evitar implantar la sospecha de que la conducta de la mujer fue el detonante del crimen, generando confusión sobre quién es la víctima y quién el agresor.

Las noticias de violencia hacia las mujeres son un hecho de tal complejidad, que necesita una explicación seria y alejada de frivolidades y prejuicios.

El Instituto Oficial de Radio y Televisión (RTVE) y el Instituto de la Mujer, de España, han realizado un estudio sobre el tratamiento informativo de la violencia hacia la mujer, que analiza la cobertura que hacen prensa, radio y televisión e incluye unos posibles principios de actuación para abordar esta cuestión cuando trasciende del ámbito privado al público. Este estudio, elaborado tras un trabajo de investigación y análisis en el que han participado personas de diferentes ámbitos, concluye en que "a pesar de los avances registrados en los últimos años, todavía se ofrece una imagen estereotipada de la mujer que puede derivar en un tratamiento informativo incorrecto sobre la violencia de género, en la que el morbo prima sobre la información y la víctima y el agresor no aparecen claramente diferenciados". Todas estas consideraciones se sintetizan en lo que el informe define como un Manual de Urgencia:

1. Evitar los modelos de mujer que lesionen su dignidad.

2. Los malos tratos contra las mujeres atentan contra los derechos humanos.

3. No confundir el morbo con el interés social.

4. La violencia contra las mujeres no es un suceso ni una noticia convencional.

5. No todas las fuentes informativas son fiables.

6. Dar información útil, asesorarse previamente.

7. Identificar la figura del agresor, respetar la dignidad de la víctima.

8. La imagen no lo es todo, no caer en el amarillismo.

9. Las cifras pueden referirse a distintas realidades: informarse y explicar. Los estereotipos y los tópicos frivolizan y banalizan.

Es necesario que los medios masivos de comunicación, por el gran impacto que tienen en la población, erradiquen de su discurso las actitudes y conductas sexistas y discriminatorias hacia las mujeres y, por otro, disminuyan el contenido violento que transmiten, generando opiniones y acciones tendientes a promover una cultura de paz en la sociedad.

 

 

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